Nadie en el mundo hubiera podido imaginar y
mucho menos entender que mientras Pastor Maldonado era cargado en hombros por
Fernando Alonso y Raikkonen, en Venezuela se desataba una polémica sobre una
hazaña de tal magnitud. Lo primero que debemos aclarar antes de analizar el
tema es que la división entre los venezolanos no es casualidad, sino producto
de una política sostenida de este gobierno que separa por colores a su pueblo e
intenta secuestrar para fines partidistas los bienes públicos, los símbolos e
instituciones del Estado, y hasta los logros deportivos.
Pero quienes de algunas manera formamos parte
del equipo que impulsa un cambio político, estamos obligados a poner las cosas
en perspectiva y ver más allá del debate polarizante que es motivado desde el
gobierno con fines electorales. Por eso, amén de cualquier discusión previa
sobre la pertinencia del financiamiento de PDVSA o de la politización de la
carrera de Pastor Maldonado, en este momento no podemos sino estar felices y
orgullos por haber visto el nombre y la bandera de nuestro país en espacios
nuca antes alcanzados. Se trata del primer venezolano que gana una carrera de
Fórmula 1, en un bólido que además tenía el nombre de Venezuela y de nuestra principal
industria PDVSA, expuestos ante los ojos del mundo. ¿Quién puede dudar que ese
día fue de gloria para el país? Solamente a Chávez le conviene que no seamos
capaces de ver eso.
Ahora bien, debo decir que no creo condenable
que PDVSA patrocine la Fórmula
1, tratándose un una empresa petrolera que está llamada a ser una de las más
grandes del mundo. La Fórmula
1 es el espacio natural de las marcas asociadas a la industria petrolera, como
el caso de Shell, Petrobrás, por ejemplo. ¿Por qué PDVSA no puede estar en ese
nivel? De tantos gastos ajenos a su objeto y con el despilfarro y corrupción
con la que se manejan los fondos públicos de esa industria, no creo que debamos
criticar precisamente un patrocinio acorde con sus fines y propósitos que de
alguna manera se traduce en beneficio para el país como vimos el domingo. Por
otro lado, tampoco estoy de acuerdo con la visión comunista de que no podemos
financiar atletas de alto rendimiento para lograr hazañas de alto impacto, por
el hecho de que existen muchas carencias en otras disciplinas o necesidades en
el país. Esa visión retrógrada es la misma del sistema deportivo cubano que no
permiten grandesligas ni atletas profesionales de ninguna disciplina. Una cosa
es exigirle al gobierno que cumpla con su deber, y otra muy distinta es
prohibirle a una empresa del Estado que financie atletas como Pastor Maldonado
para que logre cosas como la que logró el domingo.
Pero en lo que sí estamos en total desacuerdo,
es en la politización del patrocinio de Pastor y en el secuestro partidista que
pretende hacer PDVSA de atletas como él y ahora de la misma Vinotinto.
Convertir a nuestros deportistas que nos representan a todos en banderas
electorales, comprando sus lealtades políticas con el dinero de todo un pueblo,
es simplemente criminal e inaceptable. Y si el deportista en cuestión no
entiende que representa al país entero y que el dinero del que se beneficia no
es de Chávez, ni del PSUV, sino de todo un pueblo; entonces también comete una
falta grave que por supuesto traerá como consecuencia el repudio legítimo de un
sector. Igualmente criticamos el hecho de que el criterio de asignación de
ayudas y patrocinio por parte de PDVSA y de otras empresas del Estado, esté
atado a la filiación partidista y a la discriminación política.
Finalmente no podemos dejar de decir que la
hazaña histórica lograda por Pastor, de la que me siento muy orgulloso, es
producto de un esfuerzo capitalista que nada tiene que ver con el socialismo
cacareado por Chávez. Cuando se le inyecta capital al talento pasan cosas como
las que vimos el domingo, lo que esperamos es que todos cuenten con la misma
oportunidad de Pastor de desarrollarse individualmente en el área de su
preferencia para alcanzar sus metas personales. En la F-1 y en la escudería William
Renault el comunismo no existe, se trata de una competencia elitesca, capitalista
y globalizadora. Es ahí donde triunfamos, que no se nos olvide. Estoy seguro
que en la Venezuela
del Progreso que comenzará este 7 de octubre habrán muchos otros Pastor
Maldonado, pero sin el secuestro partidista, la discriminación política ni el
discurso divisionista. ¡Felicitaciones Pastor! ¡Que viva Venezuela!
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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