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EL CASO PERÚ
Con el perdón de muchos, hoy no puedo hacerle comparsa al lamento colectivo por la victoria de Ollanta Humala sobre Keiko Fujimori en Perú. En mi opinión ya la tragedia se había consumado en la primera vuelta electoral, a partir de la cual los peruanos quedaron condenados a escoger entre retroceder con Keiko o saltar al vacío con Ollanta, justamente en el clímax de una etapa de estabilidad política y crecimiento económico sin precedentes cercanos en Perú. En mi opinión ambos candidatos eran impresentables desde el punto de vista democrático, razón por la cual me fue imposible tomar partido por alguno de ellos. Por eso nunca entendí la lógica de Mario Vargas Llosa quien luego de haber advertido que escoger entre esos dos candidatos era lo mismo a escoger entre “el cáncer o el sida”, al final promocionó activamente a una de las calamidades. Partiendo del símil del Nóbel peruano, creo que la gente tenía el derecho de escoger como prefería morir.
En todo caso, ahora a posteriori, me permito hacer algunos análisis sobre este particular y trágico episodio. En primer lugar pienso que a muchos peruanos se les hizo muy difícil reivindicar con su voto la todavía latente tiranía de Alberto Fujimori, quien tiene en su haber cierres de medios de comunicación, el cierre del parlamento, el cambio de la legalidad para reelegirse indefinidamente, fraudes electorales y los más atroces actos de corrupción administrativa. De hecho, el verdadero antecedente directo del chavismo, no es el castro-comunismo como se quiere hacer ver para aferrarse al discurso de la “izquierda”, sino justamente el fujimorismo, donde sí podemos encontrar las mayores similitudes con la tragedia ocurrida en Venezuela desde hace ya más de una década. Alberto Fujimori es el verdadero padre del reeleccionismo latinoamericano y de las dictaduras constitucionales, que utiliza a la democracia para destruirla y que en nombre de una supuesta “mayoría electoral” secuestra las instituciones y consolida una hegemonía tiránica. En ambos casos por cierto, y para más comparación, se ha hecho con el aval y la complicidad de la comunidad internacional.
Claro que Ollanta Humala por su parte no es ningún “caramelito”, al contrario, representa el militarismo golpista, envuelto en el discurso obsoleto de un neocomunismo estéril. En Venezuela ya sabemos que esta mezcla es letal para la democracia y sobretodo para la economía de un país. La única esperanza radica en la influencia de Lula, quien se ha dedicado a “domesticar” la izquierda radical en el continente y con una evidente agenda paralela a la de Chávez, está asumiendo un liderazgo en la región con un pensamiento centrista que enfatiza la inversión privada y la economía libre de mercado como ya es hoy Brasil. Las recientes visitas relámpago de Lula a Cuba y a Venezuela, y el primer encuentro sostenido en Brasil entre Chávez y Dilma; dan cuenta de las diferencias ideológicas y de visión, más allá de los acuerdo estrictamente económicos. De hecho la reunión fue más de empresarios que de gobiernos y la agenda no pudo ser más capitalista. Ahora bien, si algo quedó claro en la campaña electoral peruana fue el deslinde estratégico de Humala en relación con su antiguo patrocinante Hugo Chávez, y el acercamiento y la asesoría de Lula. Aunque el gobierno de Humala es hoy una gran incógnita, no podemos decir que su victoria electoral fue gracias a Chávez, al contrario, sí esta vez ganó fue en todo caso por el divorcio público con la revolución bolivariana. Humala esta vez fue el candidato de Lula y no Chávez, y eso hay que dejarlo bien claro porque no es lo mismo.
Pero lo más relevante (y triste) de lo sucedido en Perú, fue la incapacidad del liderazgo democrático para preservar el sistema, en medio de una bonanza económica. Sigue siendo una mortificación que en Latinoamérica las democracias no generen los anticuerpos suficientes para combatir el virus del autoritarismo que la sigue asechando. Las lecciones que nos quedan de este caso, van más allá del requisito de la unidad, cuestión aprendida ya (por las malas) en Venezuela. La enseñanza más de fondo que podemos sacar, tiene que ver con la imprescindible labor de fortalecer a los partidos políticos que son en definitiva los únicos garantes de la continuidad democrática de un país. Perú hoy nos recuerda que sin partidos políticos fuertes, la democracia siempre estará en riesgo, aún contando con gobiernos buenos. Y es que la democracia es un juego de instituciones y no de personalidades, y la institucionalidad democrática comienza y se fundamenta en los partidos políticos, gústele a quien le guste. ¿De qué sirvió la gestión de Alan García si no fue capaz de presentar una opción de continuismo democrático en el marco de la institucionalidad partidista, como sucedió recientemente en Colombia y en Brasil? Actualmente Perú cuenta con un archipiélago de más de treinta partidos nacionales y los aspirantes para gobernar siguen siendo ex presidentes, ex primera damas y ex golpistas. Es un torneo de personalidades y proyectos individuales que ha impedido el fortalecimiento de los partidos y por ende de la democracia misma que hoy vuelve a estar en peligro.
Si comparamos la realidad de Perú con la de España por ejemplo, pudiéramos concluir que la democracia puede sobrevivir a los malos gobiernos, siempre y cuando cuente con partidos políticos fuertes. En cambio, queda en riesgo de sucumbir a pesar de contar con buenas gestiones administrativas, en el caso de prescindir de partidos políticos institucionales y representativos. Que nos sirva de advertencia.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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Señor Guedez, soy uno de los millones de peruanos que pensamos exactamente como ud. es increible lo que nos ha sucedido y que lamentablemente Humala haya quedado como el "mal menor", fue una estrategia efectiva el dividir a los democrastas dejando como unica opcion a las dos peores opciones: "Divide y venceras" y eso fue el plan de Humala, como lo dice su nota solo queda esperar que Humala sea un Lula y no un Chavez, y que no haya ningun cambio en la constitucion ya que la garantia de la no-reeeleccion es lo que se ha transformado en el crecimiento peruano de los ultimos 10 años, Primero la patria y no el partidarismo.
ResponderEliminarSaludos Jorge y Suerte! Vendrán tiempos mejores para la democracia en el continente. Evitar los cambios arbitrarios y ventajistas a la constitución, es la clave para contener a estos caudillos personalistas como el que tenemos hoy en Vzla.
ResponderEliminarA mi muchas amistades me han querido crucificar por no apoyar a Keiko, al mismo tiempo la incertidumbre de las propuestas de Humala, no eran nada agradables, pero es cierto lo unico rescatable es la influencia Brasilera, espero que algun dia nuestros paises dejen de depender de tanta ideologia foranea y nos demos cuenta de lo bendecidos que somos de tener tanta riqueza en tanto loco revolucionario ese dia seremos realmente el "Nuevo Mundo"
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