DICTAMEN
CARTA AL NIÑO JESÚS
Querido niño Jesús, te escribo nuevamente luego de muchos años y, créeme, esta vez no te pediré una bicicleta. Ahora la encomienda es mayor, pero también es mayor la fe con la que me atrevo a solicitar tu divina ayuda. No te voy a pedir que nos traigas la democracia y la libertad que tanto anhelamos por estas tierras. Eso nos tocará a nosotros conseguirlo. Pero sí te pido para esta navidad dos regalos que solo tu bondad infinita puede darnos. Esta vez te pido niño Jesús, tolerancia y convivencia para mi país.
Tolerancia que sustituya la soberbia de quienes hoy abusan de su poder para oprimir a sus prójimos que piensan distinto. Tolerancia para que la opinión y la libertad de conciencia dejen de ser un delito y se conviertan en derechos inviolables. Tolerancia para que el libre albedrío que tu Padre nos otorga, no nos los arrebate un mortal que juega a ser dios en la tierra. Tolerancia que impida que los caprichos de un hombre se conviertan en ley divina y que evite la guerra entre hermanos a la que estamos siendo convocados.
Convivencia para reconocernos y reencontrarnos como hermanos. Convivencia pacífica para vivir en armonía y progresar juntos. Convivencia basada en la igualdad de los hombres para evitar la tiranía. Convivencia sin odios ni rencores, donde todos tengamos los mismos derechos.
Verás niño Jesús, en nuestras cárceles hoy no están quienes, incumpliendo las leyes de tu Padre y contradiciendo tu ejemplo, mataron, secuestraron y robaron al prójimo. Según la ley revolucionaria que nos oprime, el pecado mortal no es delito, al contrario, a veces es un deber patriótico como lo pueden sostener los “pistoleros de Llaguno”, o cualquier golpista que se manchó las manos de sangre aquel 4 de febrero. Aquí lo condenable es contradecir a esa especie de Herodes moderno que nos gobierna. Aquí las cárceles se llenan, no de delincuentes, sino de periodistas, políticos, estudiantes y obreros que han cometido el sacrilegio de no decirle “amén” al emperador de turno. Y lo peor de todo niño Jesús, es que ellos también secuestraron tu imagen para colocarla en ese altar revolucionario junto a asesinos de la talla del “Che Guevara”.
Por eso recurro a ti para pedirte la tolerancia y la convivencia que hemos perdido y que necesitamos recuperar para salvar la patria. Nada más propicio que la navidad para invocar este tema. Tú cuando fuiste hombre y viviste entre nosotros para salvarnos, solo usaste tu palabra y a pesar de tener el poder de Dios, nunca impusiste tu verdad sobre aquellos que no convenciste. Por el contrario, tú fuiste victima de la intolerancia humana y fuiste crucificado por los poderosos de turno simplemente por expresar tu verdad. Esa es justamente la fuerza de tu ejemplo. Tú representas todas las virtudes, pero sobretodo la virtud de la tolerancia. Igualmente tú fuiste víctima de todos los pecados del hombre, pero sobretodo del pecado de la intolerancia.
No permitas que nos sigan “crucificando” por expresar nuestra verdad. Ahora que vuelves a nacer como lo haces cada año, báñanos de la tolerancia que predicaste y encarnaste hace dos milenios, y sálvanos del poder que insiste en imponer su ley arbitraria con la única legitimidad de la violencia.
Querido niño Jesús disculpa que te pida tanto en esta carta, pero solo así tendremos una feliz navidad. Que se haga tu voluntad. joseguedez@yahoo.com
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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