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CARTA AL EX PSUVISTA CARLOS ESCARRÁ


Señor “abogado de la revolución” como le gusta que lo llamen, quizá porque en el fondo sabe que no calza los zapatos para representar a una república plural y democrática; me dirijo a usted luego de haber visto el espectáculo relacionado con su nueva designación dentro de esa cúpula rojita, no sé si “podrida” como le gustaba a ustedes calificar a sus antecesores en esos cargos burocráticos que hoy ostentan con tanto goce burgués.

Si su designación como Procurador General es o no es un fraude a la ley y a la constitución, lamentablemente ya es irrelevante dentro de la tragedia institucional que padecemos por la ausencia absoluta de estado de derecho. En todo caso usted dejo claro que la Constitución que un día aprobó no vale nada a la hora de acatar una orden de su “comandante”, como buen soldado y pésimo abogado. Sin embargo, no deja de ser elocuente y revelador el hecho de que en su discurso de aceptación del cargo de abogado de la república, usted lo haya rebajado al ámbito inconstitucional de la “revolución”, para luego ofrecerle “coñazos” a sus todavía colegas diputados, alegando la “ley del barrio”.

¿Qué puede ser más antijurídico que la “ley del barrio”?¿Qué puede ser más antagónico al derecho que la violencia?¿Cómo un diputado que está siendo nombrado como el abogado de “mayor jerarquía” del país, basa su defensa en la camorra y en la cobarde actitud del “agárrenme que lo mato”? Tan baja actuación me hizo recordar mi época de representante estudiantil en el Consejo de la Facultad de Derecho de la UCAB, en la que tuve el honor de defender a un estudiante que había sido agredido físicamente por usted. Hay cosas que no cambian. También me vino a la mente su discurso como padrino de promoción hace doce años, en el que nos advirtió a los graduandos que la justicia era “una dama a la que había que hacerle el amor”. Ahora, viéndolo como Procurador, me doy cuenta que lo que quiso decir es que el derecho es prostituible.

Pero lo más triste fue haber visto a Cilia Flores salir a su rescate informando que usted había entregado su carta de renuncia al PSUV para poder ser postulado como Procurador. Más allá de la burla a la norma y al país que significa esa infantil jugada de la “renuncia”, voy a darla como cierta para preguntarle entonces lo siguiente: ¿Le parece revolucionario renunciar a su militancia socialista por un cargo burocrático?¿Tan poco vale su ideología que la vendió por un carguito de oficina?¿Será por eso que se la tiró de guapetón, para ocultar el hecho de que tuvo que renunciar al partido de la revolución? Si esa renuncia no vale nada, estaríamos en presencia de una estafa constitucional, y si por el contrario es sincera, estaríamos en presencia de la más grotesca venta de conciencia política. Usted escoge.

Podrá gritar lo que quiera y ofrecerle golpe a quien sea, pero lo cierto es que la Constitución no contiene la palabra “revolución” y que el pueblo soberanamente rechazó el socialismo propuesto en la reforma que no pudieron aprobar. Así que su discurso es además de inconstitucional, ilegitimo. Es a la república que debe representar con independencia partidista, y esa república es, quiéralo o no, democrática, plural y de gobiernos alternativos. En todo caso disfrute este premio de consolación por no haber sido nombrado nunca presidente de la asamblea a pesar del merito de gritar más fuerte. Quizá ahora como Procurador podrá justificar mejor sus viajes al imperio. Además, al menos le ahorraron el penoso momento de haber tenido que renunciar para cumplir con su promesa de dejar de ser diputado si el gobierno no cumplía la meta de construcción de vivienda, tal y como está sucediendo. Capaz fue por eso mismo que renunció también al partido de gobierno.

JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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