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LA “PATADA DEL BURRO”


La famosa fábula del Burro y la Zanahoria reza que: “Para que un burro tire del carro hay que ponerle una zanahoria adelante. El burro cree que algún día alcanzará esa zanahoria. El amo le repite que mañana seguramente tendrá más fuerza y hoy medio que casi la atrapa con sus dientes; la zanahoria tocó su hocico y esa noche sueña con la zanahoria. -Que eres un tonto, hijo mío- le sigue diciendo al pobre burro, y durante cuatro meses más vuelve a ponerle la zanahoria adelante.”. Este cuento describe a la perfección la técnica “socialista” utilizada para justificar revoluciones eternas que nunca llegan a traducirse en el bienestar y la prosperidad prometida.

En el caso de Venezuela, el “amo” Chávez utiliza la técnica de la “zanahoria” con poca discreción y hasta con descaro. Recientemente dijo que estaba considerando mandar, ya no hasta 2021, sino mejor hasta 2031, aclarando que ni siquiera para ese tiempo lejano se habría terminado la revolución y la patria que él sueña todavía no se habría alcanzado. Más allá de lo enfermizo que suena una declaración como esta en boca de un paciente de cáncer, nos sirve para explicar la aplicación de la fábula citada en el contexto actual venezolano. Lo cierto es que Chávez desde que llegó al poder le ha colocado al pueblo una “zanahoria” al frente, llamándola de muchas formas, entra las cuales recordamos, estado social de justicia, democracia participativa, la patria bonita, socialismo, etc. Esa promesa casi bíblica de un “paraíso” terrenal, es en definitiva la “zanahoria” de la fábula que pretende hacer que el pueblo siga el camino que el “amo” designa (el camino de la dictadura), con la esperanza de alcanzar algún día ese destino prometido que nunca llega. Chávez siempre se ha ocupado de seguir “alejando la zanahoria” hablando de plazos de gestión que se van prolongando con el tiempo. En cualquier caso, ya confesó que el pueblo no alcanzará la “zanahoria” ni siquiera en 2031. Ya los cubanos tienen más de medio siglo tratando de alcanzarla y cada vez están peor.

Ahora bien, ¿Por qué el pueblo no se ha comido la zanahoria prometida? ¿Qué ha impedido que en trece años este gobierno no haya contribuido a mejorar la calidad de vida de la población? No hay nada que justifique la crisis económica, política y social que se vive en Venezuela luego de la década de mayores ingresos petroleros de la historia. La llamada crisis mundial del capitalismo afecta es a los países desarrollados y nada tiene que ver con Venezuela, al contrario, la otra cara de la moneda de esa crisis es la bonanza económica de los países emergentes productores de materias primas entre los cuales se encuentra Venezuela. Nosotros debemos compararnos, no con Europa y Estados Unidos, sino con Brasil, Rusia, Emiratos Árabes y hasta Nigeria, entre otros productores de petróleo que han experimentado en la última década un vertiginoso crecimiento económico y una reducción sistemática y sostenible de la pobreza. Vale destacar que en ninguno de esos países hay “socialismo” y la empresa e inversión privada es el principal aliado del desarrollo de esas naciones. Entonces, ¿Por qué Venezuela no hay seguridad ciudadana, la vialidad está destruida, la infraestructura está deteriorada, colapsaron los servicios públicos y solo crece la inflación y el desempleo? No será por culpa del “imperio”, que lo único que ha hecho en estos trece años es comprarle a Venezuela el petróleo al día y a precio de mercado, hasta el punto que no sería falso afirmar que las misiones y programas del gobierno de Chávez se financian con los dólares gringos obtenido con la venta de nuestro crudo.

El caso es que en la fábula, la “zanahoria” es un señuelo utilizado para engañar al “burro” para que mueva la carreta hacia donde el “amo” le conviene. El “burro” cree que está trabajando para alcanzar una meta propia, cuando en realidad le está sirviendo al “amo” para que logre sus propios objetivos que nada tienen que ver con esa “zanahoria”. Esta fábula es un clásico, justamente porque no pierde vigencia y explica muchas estafas y artimañas actuales, como la de la revolución cubana o la del “socialismo del siglo veintiuno” de Hugo Chávez. En ambos casos, el pueblo nunca alcanza la “zanahoria” mientras que el “amo” gobierna indefinida e ilimitadamente, concentrando todo el poder y riqueza.

Lo que no alcanza a decir la fábula es qué pasa cuando el “burro” se da cuenta del engaño. Eso es lo que estamos a punto de presenciar en Venezuela y todos sabemos lo doloroso que puede ser una “patada de burro” en la ingle. ¡Ya basta!

JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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