Archivo del blog

TESIS SOBRE LA IGUALDAD

DICTAMEN
TESIS SOBRE LA IGUALDAD (PRIMERA PARTE)

En virtud de la imposición política de un modelo socialista que contraria el estilo de vida de los venezolanos y que pretende justificar todos sus abusos en nombre de una supuesta justicia social que busca la igualdad del hombre, a continuación desarrollaremos el tema de la igualdad, comenzando con la igualdad como idea para terminar en la igualdad como objetivo político.

PRIMERA PARTE: LA IDEA DE LA IGUALDAD. La desigualdad es inevitable. Nacemos con una carga genética particular que difiere de la de los demás. Nacemos en entornos familiares específicos, con condiciones de salud particulares. Existen enfermedades congénitas y somos vulnerables a circunstancias externas desde antes de nacer. La verdad es que cuando creemos tener nuestro destino en nuestras manos, ya nuestra suerte está echada en virtud de un sinnúmero de decisiones tomadas por terceros, por lo que al final terminamos siendo lo que podemos ser y no lo que queremos. Esto no es propio de nuestros tiempos sino más bien una realidad que ha atravesado la historia de la humanidad. Entonces, ¿De donde nos vienen ideas y conceptos de igualdad, equidad y justicia, cuando el principio natural de nuestras vidas contraría dichos conceptos radicalmente? Incluso desde el punto de vista bíblico, los primeros seres humanos no tardaron en dejar evidencia de la injusticia cuando Adán fue desterrado del Paraíso por una decisión de su compañera. La verdad es que nuestras decisiones solo rigen una parte de nuestro destino, el cual está ya de alguna manera predeterminado por decisiones previas en las que no hemos participado. La propia concepción de una vida se debe a la acción de dos personas distintas. Luego, durante el proceso de gestación esa vida es cien por ciento vulnerable a decisiones y acciones de la madre embarazada. Hoy en día es bien sabido que la salud, así como las condiciones físicas y mentales del niño, depende en gran medida de las condiciones y características del embarazo. Además, esta nueva vida puede nacer en cualquiera de los entornos mas disímiles entre si. Puede nacer en el país más desarrollado del mundo o en el más atrasado, en el seno de una familia adinerada y estable o en el de una familia en pobreza crítica y disfuncional. Una vez nacida la persona, sigue siendo por mucho tiempo vulnerable a decisiones ajenas, las cuales definen, entre otras cosas, su educación y alimentación, cuestiones estas que serán determinante para su futuro.

No cabe duda entonces que el principio natural que rige nuestras vidas es el de la desigualdad, tanto fundamental (genética) como circunstancial (entorno). Entonces que explicación puede tener que sintamos como natural algo que no lo es y que aspiremos y deseemos algo que no conocemos. De hecho, la idea humana del Paraíso bíblico responde de alguna manera a la necesidad que tenemos de creer que es posible vivir en un espacio y tiempo distinto que no sea regido por los principios que rigen nuestra vida mundana, los cuales rechazamos en el fondo. Igualmente la idea reiterada de un Superhéroe o Superhombre capaz de “poner las cosas en su lugar” y evitar con su intervención las injusticias, responde también a nuestro empeño de no aceptar lo inevitable de nuestra realidad. Pero para desear algo no hay duda que hay que conocerlo previamente o al menos se debe tener conciencia de lo que se desea. Entonces, ¿Cómo puede el hombre desear la igualdad y la justicia si nunca la ha conocido y desde antes de nacer hasta su muerte su destino es signado por la desigualdad y la injusticia? En nuestra opinión esta es la prueba racional de la existencia del Alma. O sea, el Alma no es otra cosa que nuestra inconformidad con nuestra propia naturaleza, o dicho en positivo, es nuestro absurdo deseo de cambiar lo inevitable y de experimentar lo que no conocemos. No tenemos duda que los valores como el de la igualdad y la justicia son productos del Alma porque no son realidades sino utopías creadas por nosotros mismos. Es imposible que dichos conceptos sean producto de la razón, toda vez que no se fundamentan ni en la experiencia ni en la lógica. Por eso es que si decimos que el ser humano se compone solo de cuerpo y mente no pudiéramos explicar nunca la procedencia de estos valores o de la conciencia en general, que no es otra cosa que el compendio de todos los valores creados por el Alma. En resumidas cuentas, el Alma, a través de la conciencia, produce los valores. Es por esto que la filosofía nunca ha podido sustituir completamente el pensamiento religioso, y es que los valores no responden a la razón, toda vez que son un deseo irracional producto de nuestra inconformidad con los principios naturales que rigen nuestras vidas.

En conclusión, la igualdad, por más que la deseemos, no existe y es ilógica. En la próxima entrega continuaremos con este tema para analizar desde el punto de vista político cual es la igualdad posible.

Caso cerrado, el dictamen final lo tiene usted. joseguedez@yahoo.com

JOSE IGNACIO GUEDEZ


TESIS SOBRE LA IGUALDAD (Segunda Parte)

En la primera parte concluimos que la igualdad no existe en la práctica y que es una idea utópica que contradice los principios naturales de nuestra existencia y de la lógica misma. Pero su inexistencia no impide que sea un valor para el Hombre quien la desea irracionalmente. Esto es lo que hace que la idea de la igualdad sea poderosísima en inmortal, ya que no responde a reglas lógicas que la obliguen a contrastarse con la realidad y la razón, sino que más bien es producto de un deseo irracional e inconciente. O sea, nos viene del Alma y eso no tiene remedio por decirlo de alguna manera.

Esta simple conclusión explica inmediatamente como es que el liderazgo de Chávez sigue siendo tan fuerte a pesar de que los hechos ponen en evidencia el fracaso de su gestión administrativa. Y es que su liderazgo no se basa en la racionalidad de unos índices de gestión, sino en los valores utópicos de la igualdad y la justicia. Chávez promete lo que no existe y quizás lo imposible, pero el solo hecho de hacer creer que lo busca es suficiente para identificarse con los valores de la gente. Es un liderazgo que más que político es religioso porque apela a los valores y no a las realidades. Pero, ¿Cuánta igualdad es posible y a que precio?

Ya Simón Bolívar advertía en su famoso discurso de Angostura lo siguiente: “Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”. Esta claro que para Bolívar la igualdad posible es la igualdad política, la cual no es más que una ficción creada por el hombre para tratar de corregir la desigualdad física y moral que nos viene por naturaleza. Esto no es otra cosa que la igualdad ante la ley y la no discriminación entre las personas, o lo que es lo mismo, la llamada igualdad de oportunidades. Pero a estas alturas de la historia este principio no tiene nada de revolucionario, toda vez que está reconocido en todas las democracias occidentales y en Venezuela desde hace muchísimos años. Entonces, ¿Cuál es la igualdad revolucionaria que nos están proponiendo?

Para los pensamientos políticos revolucionarios como el comunismo o el socialismo de Chávez, esa igualdad política no es suficiente porque no logra la igualdad material entre los hombres y no logra evitar en la práctica la desigualdad en la sociedad producto de las diferencias naturales de las que hablaba Bolívar y a las que nos referimos en la primera parte de esta tesis. La igualdad que nos están proponiendo es aquella que es antinatural, o sea, la que se materializa a la fuerza sin importar las diferencias de carácter, genio y temperamento que existen y existirán siempre entre los hombres. Esta igualdad de resultado solo es posible nivelando a la sociedad hacia abajo, o sea, prohibiendo que los que quieran y puedan se destaquen del resto. Solo así se puede crear una sociedad homogénea (como la de Cuba) donde no exista la libertad individual de desarrollo y progreso.

En conclusión la igualdad democrática es aquella que refería Bolívar relativa a las oportunidades y a la no discriminación ante la ley, en la cual los hombres son libres de destacarse en virtud de sus deseos o ideales, o sea, es una especie de compensación. Mientras que la igualdad revolucionaria es aquella relativa a los resultados que desconoce las diferencias naturales entre los hombres y se impone a la fuera nivelando la sociedad hacia su mínima expresión, o sea, es una mera aberración.

En la próxima entrega analizaremos cual es el precio que hay que pagar para obtener esa libertad que propone la revolución y el grado de justicia que realmente tiene. joseguedez@yahoo.com

JOSE IGNACIO GUEDEZ

TESIS SOBRE LA IGUALDAD (Última Parte)
En la entrega anterior establecimos la diferencia entre la igualdad “revolucionaria” que propone Chávez y la igualdad verdaderamente bolivariana y democrática. La primera responde a la nivelación forzada de la sociedad a través de la prohibición del libre desarrollo individual del hombre, mientras que la segunda responde a la igualdad de oportunidades y a la nivelación del hombre solo ante la ley. La pregunta que nos toca ahora responder en esta entrega es la siguiente: ¿Cuanto cuesta la igualdad revolucionaria que nos tratan de imponer y que tan justa es? Para esto vamos a comenzar primero recordando la tesis del maestro español Ortega y Gasset quien estableció hace dos siglos lo siguiente: “La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. La división de la sociedad en masas y minorías no es una división en clases sociales, sino en clases de hombres, y no puede coincidir con la jerarquización en clases superiores e inferiores. Dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica. En los grupos que se caracterizan por no ser muchedumbre y masa, la coincidencia efectiva de sus miembros consiste en algún deseo, idea o ideal, que por sí solo excluye el gran número. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo — en bien o en mal — por razones especiales, sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico a los demás. Imagínese un hombre humilde que al intentar valorarse por razones especiales — al preguntarse si tiene talento para esto o lo otro, si sobresale en algún orden — advierte que no posee ninguna cualidad excelente. Este hombre se sentirá mediocre y vulgar, mal dotado; pero no se sentirá "masa". Cuando se habla de "minorías selectas", la habitual bellaquería suele tergiversar el sentido de esta expresión, fingiendo ignorar que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Y es indudable que la división más radical que cabe hacer de la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva”.
Esta magistral teoría es quizás la única que explica las diferencias entre las personas no en virtud de las consecuencias de esas diferencias sino más bien en virtud de sus verdaderas causas. Por ejemplo la banal diferenciación entre ricos y pobres solo se refiere a un estado circunstancial y material que no comprende el fondo del asunto. En cambio, establecer una diferenciación en la humanidad entre los que se exigen y los que no se exigen a si mismo, más allá de su estado circunstancial, sí toma en cuenta la única diferencia insalvable entre los hombres: la psicológica o mental. Ahora bien, nadie puede dudar que desde el punto de vista natural, los hombres tienen el mismo derecho de sentirse “minoría” o “masa”, o sea, de exigirse mucho o de no exigirse nada. Igualmente resulta obvio que esas diferencias psicológicas o mentales de origen, generan a su vez diferencias circunstanciales o de resultado entre los hombres, creando una desigualdad natural en las sociedades; lo cual es justo siempre y cuando todos tengan el mismo derecho de decidir exigirse mas para destacarse y progresar (igualdad de oportunidades). Pero ya sabemos que la igualdad “revolucionaria” no se conforma con esto y pretende crear una sociedad de iguales, lo cual solo es posible convirtiendo a todo el mundo en “masa” y exterminado a las “minorías”, para conformar así una uniformidad antinatural en la sociedad. La paradoja de todo esto es que dicho modelo de sociedad solo puede ser impuesto a través de un liderazgo político contundente y poderoso, o sea a través de una autentica “minoría” que domine a la “masa” de modo tal que impida la generación de otras “minorías” dentro de la sociedad. Se trata del Líder y la “masa”, o sea, de un sola y exclusiva “minoría”. Es por esto que tanto en la Unión Soviética, como en Cuba, como ahora en Venezuela, la imposición de estos modelos de supuesta “igualdad” pasan primero por la conformación de una elite (minoría) tan superior que logra acabar con el resto de las “minorías” sociales que por naturaleza se encuentran en cualquier nivel económico de la sociedad. Nadie puede dudar que según el planteamiento de Ortega y Gasset, tanto Stalin, como Castro, como Chávez, son autenticas minorías que se han destacado de la “masa” estableciendo quizá la mayor de las desigualdades, la que existe entre el caudillo y el oprimido. Pero, ¿Como se logra eliminar a las “minorías” naturales de la sociedad? Muy fácil: exilio, prisión, muerte o chantaje. Cada balsero que sale de Cuba es sin duda parte de esa “minoría” oprimida que existe necesariamente en los gobiernos comunistas.

Por lo tanto, no hay duda que el precio que hay que pagar para gozar de esa injusta igualdad “revolucionaria” es nada menos que el derecho natural que tiene cada hombre de valorarse y de exigirse a si mismo para desatacarse y progresar. Es la exterminación de las minorías vengan de donde vengan, llámese oligarca o buhonero, adeco o comunista, para convertirnos todos en una “masa” sin propósito incapaz de tomar su propio destino en sus manos, hasta que llegue el día en que prescindamos del caudillo y nos demos cuenta que somos parte de una sociedad castrada llena de “boyas que van a la deriva”. Preferimos sin duda la injusticia de la desigualdad económica del capitalismo a esta aberración que prohíbe el libre desenvolvimiento y desarrollo del hombre y que trae como consecuencia una sociedad atrasada y oprimida. Lo que está en juego es la democratización del sagrado derecho de ser “minoría”, o sea, de contar con la oportunidad de valorarnos y exigirnos a nosotros mismos en virtud de nuestras metas. Chávez contó con este derecho y por eso pudo pasar de Teniente-Coronel a Presidente de la Republica, cuando, asumiéndose “minoría”, se exigió más a si mismo y logró alcanzar sus metas. Nos preguntamos si bajo la vigencia de este régimen alguien puede pretender sustituirlo ahora a él. La respuesta a esta pregunta responde también la del grado de justicia con la que cuenta este modelo “revolucionario”.

Caso cerrado, el dictamen final lo tiene usted. joseguedez@yahoo.com

JOSE IGNACIO GUEDEZ

No hay comentarios:

Publicar un comentario