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LA BELLA Y LA BESTIA
A principio de este año se dio un episodio que en cualquier otro país sería normal y de rutina, pero que en las circunstancias venezolanas tiene connotaciones que valen la pena comentar. Nos referimos al encuentro oficial en Miraflores entre el presidente de la república y nuestra Miss Mundo Ivian Sarcos.
El mismo Chávez ha hecho un alarde especial de esta cita, la cual ha usado como propaganda desde el primer momento, lo que sin duda demuestra su precariedad política actual. Incluso comentó en su accidentado regreso de “Aló Presidente” que a los “escuálidos” les había dado “diarrea” cuando vieron a la bella miss en Miraflores, insistiendo en el tema como si se tratara de un triunfo político.
Pero de lo que no se ha percatado Chávez en su infantilismo, es del tremendo contraste generado entre una reluciente Miss Mundo y el discurso agotado y anacrónico de un militarismo comunista inspirado en Cuba, donde por cierto no están permitidos esos concursos. Los “escuálidos”, como él los llama, lo que deben es estar felices de ver a Chávez convalidando el capitalismo y la globalización representados en la corona ganada por nuestra compatriota. Quizá los que hayan tenido problemas estomacales, fueron más bien algunos de los más fervientes seguidores del comandante, que hasta ese momento se habían burlado de todo lo que representa un concurso de belleza por considerarlo explotador, discriminador y mercantilista. Nos imaginamos, por ejemplo, el esfuerzo que tuvo que hacer la ministra Iris Varela, para interpretar ese publicitado encuentro en Miraflores.
Ahora bien, resulta interesante profundizar aún más en esta contradicción que se genera en medio del desespero de Chávez. La historia de la bella Ivian Sarcos es propicia para comparar los modelos de sociedad que está en juego hoy en Venezuela. El propio Chávez contó que Sarcos, quien es huérfana, venía de la pobreza más critica y había sido buhonera, hasta que fue descubierta por un empresario que la brindó todas las oportunidades para que con su esfuerzo y dedicación se convirtiera en lo que es hoy, la soberana mundial de la belleza, obteniendo así la fama y fortuna que humanamente todos deseamos, incluyendo a Chávez que ya tiene ambas, pero por distintas causas.
Esa conmovedora historia solo es posible en un país democrático de libre mercado donde se estimule el desarrollo individual de las personas y sea lícito destacarse y triunfar dentro y fuera del país. Es una historia de superación de la pobreza con esfuerzo y dedicación al obtener las oportunidades adecuadas. Historias como estas son ya comunes en el ámbito de los venezolanos en las grandes ligas por ejemplo, otra industria del capitalismo mundial vetada en Cuba, y que en Venezuela tiene décadas brindado oportunidades a peloteros criollos provenientes de los sectores populares que se han convertido en estrellas millonarias por merito propio. Nada de esto es posible en Cuba. ¿Sería esto posible en la Venezuela socialista que pretende profundizar Chávez de espalda a la constitución? Por supuesto que no.
La oferta del “chavismo” se reduce a ayudas precarias que generen dependencia y que en ningún caso sirven para la movilidad social que sí se genera en un modelo de igualdad de oportunidades en un ambiente de libertad económica. En la Venezuela que quiere Chávez, las oportunidades de una Ivian Sarcos se reducirían a un modulo asistencial de medicina cubana, a una mensualidad por hijo y a un título académico devaluado en el mercado laboral que en todo caso pudiera ofrecerle la oportunidad de ser convocada por el comandante para que trabaje en la Faja del Orinoco. Y si llegara a tener suerte quizá esa Ivian Sarcos de ese futuro hipotético (y negado), lograría un día burlar la seguridad oficial para entregarle un “papelito” al presiente y albergar así la esperanza que la coleen en una lista de espera para una vivienda apartada, una operación en Cuba o un carro Iraní. Ya para ese momento, los concursos de belleza serían tan solo un recuerdo, al no haber medios de comunicación libres e independientes que puedan organizarlos. Tampoco existiría empresa privada que brinde oportunidades de superación con beneficios laborales formales como el HCM al no haber ya clínicas privadas. Por lo tanto, ese bello rostro de una Ivian Sarcos del futuro, se perdería en medio de una marcha de camisas rojas en honor al único benefactor, jefe y dueño del país, el ya dictador Chávez.
El caso es que todo lo que ha logrado nuestra Ivian Sarcos, no sería posible en comunismo. Pero estoy seguro que el venezolanismo se impondrá este año electoral y seguiremos viendo muchas más reinas de belleza, así como peloteros, directores de orquesta, futbolistas, cantantes, animadores, entre otros tantos talentos criollos que con las oportunidades adecuadas triunfarán en el mundo libre, sin complejos ideológicos. La Venezuela de la superación y el progreso ya viene. Que viva Ivian y que su visita al Palacio de Gobierno sirva de buen augurio para lo que está por llegar.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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