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EL CÁNCER IMPERIAL DE CHÁVEZ Y SUS AMIGOS
La noticia sobre el cáncer que padece ahora Cristina Kirchner, puso en evidencia de muchas formas a su amigo Hugo Chávez. En primer lugar contrasta la manera como el gobierno argentino dio la noticia de forma oportuna (previa a la operación) y veraz, dando detalles de la ubicación y naturaleza del cáncer, aspectos que siguen siendo un secreto en el caso del presidente venezolano. Otra diferencia importante entre ambos casos fue la instrucción inmediata de la propia Cristina para que el vicepresidente asuma la conducción del país mientras dure su convalecencia, lo cual debe pasar en cualquier Estado serio, menos en Venezuela donde esa misma petición fue interpretada de golpista por parte un caudillo que no confía ni en su más fiel funcionario y que insiste en gobernar hasta en terapia intensiva. Finalmente la otra gran diferencia se revela en el hecho de que Cristina se opera y trata en su país y no en Cuba, siendo los médicos argentinos los voceros oficiales sobre su estado de salud, como debe ser.
Lo cierto es que más allá de la empatía personal entre gobernantes, a nivel del Estado en Argentina, así como en Brasil, existen instituciones democráticas que distan mucho del estilo bananero de cuartel con el que gobierna Chávez en Venezuela. En esos países las fuerzas armadas son garante de la constitución y no del gobernante de turno, al tiempo que siguen vigentes los principios de alternabilidad y pluralidad democrática. Por eso fue que ahora en Argentina, Cristina sí hizo todo lo aquí le habíamos exigido a Chávez y fue incapaz de hacer, en circunstancias idénticas. Estas profundas y significativas diferencias entre dos países que suelen lucir hermanados desde el punto de vista de la retórica, deben servirnos de reflexión para darnos cuenta del primitivismo político en que nos ha metido Chávez.
Pero la particularidad de nuestro presidente no se queda ahí. Ante la noticia del cáncer de su amiga, a Chávez no se le ocurrió otra cosa distinta que acusar a los Estados Unidos de haber inducido la enfermedad en los ya varios líderes latinoamericanos que la padecen, incluyéndolo sobretodo a él, por supuesto. Ridiculez mayor que solo es capaz de decir Chávez y que no ha sido secundada por ningún otro mandatario, ni siquiera por Cristina ni mucho menos por Lula. Según esta teoría lanzada por Mario Silva y repetida por Chávez en cadena nacional, el “imperio” gringo utilizó su más avanzada tecnología para crearle tumores malignos de forma selectiva a Dilma, Lula, Lugo, Cristina y Chávez. Raro que no la utilizaran contra Gadafi o contra Amadineyad, sus verdaderos enemigos, y que hayan preferido utilizarla contra su más fiel colaborador como proveedor de petróleo o contra Brasil que es uno de sus principales socios económicos. Lo que sí queda claro es que sí Chávez a estas alturas está “tirando flechas” para justificar su enfermedad es porque todavía la padece y es de pronosticaos reservados, de lo contrario no tuviera necesidad de decir tantas tonterías.
Ojala que en la Cumbre de los presidentes con cáncer anunciada ya por Chávez, la cual de darse estamos seguros se financiará con nuestro dinero, los otros mandatarios le enseñen a nuestro presidente como funciona un Estado democrático en estas circunstancias, que aunque especiales, están previstas en todas las constituciones y de ninguna manera debe significar un caos, ni siquiera en caso de muerte. Los Estados trascienden a sus presidentes y tantos las faltas temporales como las absolutas están debidamente reguladas. Ojala que se curen todos, pero que se cure también nuestra democracia, herida de muerte por la ambición desmedida de un militar golpista y demagogo, enfermo también de poder.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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