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CALA Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN VENEZUELA
La libertad de expresión es uno de los temas más controvertidos en esta Venezuela “revolucionaria” llena de persecuciones y sanciones arbitrarias, producto del más feroz secuestro institucional por parte de un régimen personalista y opresor que tiene una clara pretensión totalitaria, inspirada en el ejemplo del “castro-comunismo”. Los hechos ocurridos en estos trece años deberían ser suficientes para llegar a la conclusión de que el actual gobierno es enemigo de la expresión libre y de la pluralidad informativa. Nos referimos al cierre de RCTV, a las sanciones administrativas contra Globovisión y a los presos por delito de opinión como Alvarez Paz y Leocenis García, entre muchos otros.
Sin embargo, el gobierno ha sabido vender la tesis contraria con el alegato infantil de que en Venezuela la gente todavía puede criticar al gobierno a través de algunos medios de comunicación, como sí eso fuera garantía suficiente para el ejercicio pleno de ese derecho humano, o como sí eso compensara sus agresiones a medios, periodistas y políticos. Vale destacar que más de un incauto compra esa tesis, incluso hasta personalidades internacionales de la talla de Ismael Cala (CNN), quien recientemente dejó en evidencia su miopía política y gremial en una entrevista en Globovisión, donde sentenció con gran comodidad que en Venezuela había libertad de expresión plena porque él en su estadía en el país había escuchado a la gente decir lo que quería. Vaya simplismo. Que fácil le fue a este periodista venir de visita a Venezuela y decir eso en un estudio de un medio que ha sido brutalmente perseguido por el gobierno, que tiene a su dueño en el exilio, que ha tenido que recurrir a la justicia internacional para proteger la integridad física de sus periodistas, que ha sido victima de actos de terrorismos patrocinados por el gobierno, que ha sido amenazado con cierre arbitrario públicamente y en cadena nacional por el propio presidente y otros funcionarios, y que ha soportado las peores sanciones administrativas por el único delito de informar.
Pero no habría aterrizado el avión que llevo a Cala de vuelta a Miami, cuando CONATEL volvió a sancionar a Globovisión, esta vez con una multa de más de nueve millones de bolívares fuertes, justificada en la cobertura que le dio ese canal independiente a la crisis carcelaria ocurrida en la cárcel El Rodeo. O sea, informar a la gente en tiempo real sobre una tragedia inédita, costó nueve millones de bolívares fuertes. Tiene razón Cala, Globovisión cubrió la noticia como quiso y dijo lo que quiso, pero ¿A que costo? Ese es el tema de fondo, las consecuencias arbitrarias que tiene en la Venezuela de Chávez el ejercicio del derecho humano de libertad de expresión y de información. Lo derechos humanos deben tener un carácter progresivo, o sea no pueden reducirse ni limitarse, solo ampliarse. Que cada vez haya menos medios de comunicación independientes en virtud del cierre, persecución y autocensura; es una violación del carácter progresivo de los derechos de expresión libre e información. ¿O es que la sustitución de RCTV por TVES no se tradujo en menor libertad de expresión y pluralidad informativa?¿O es que el cierre de más de treinta emisoras no ocasionó una situación de autocensura generalizada del resto que quedaron bajo amenaza?
Lo que Cala dijo es verdad, en Venezuela todavía hay gente que dice lo que piensa, pero eso no es merito del gobierno que ha metido a más de uno preso por opinar, eso es merito de este pueblo que no renuncia a su libertad y asume cualquier riesgo para defenderla. Si en Venezuela todavía hay libertad de expresión es a pesar del gobierno y en ningún caso gracias a él. O es que se nos olvida que en 2005 los diputados de Chávez modificaron el Código Penal para plantear entre otras cosas delitos como este: “El que ofendiere de palabra o por escrito, o de cualquier manera irrespetare al Presidente de la República o a quien esté haciendo sus veces será castigado con prisión de seis a treinta meses”. Lo que vio Cala en su corta estadía en el país no fue a un gobierno tolerante, sino a unos ciudadanos dignos que no se han dejado amedrentar por un dictadorzuelo.
Allá quienes se conforman con migajas en materia de derechos humanos o quienes crean que los venezolanos no somos merecedores de mejores cosas. Nosotros, la sociedad democrática, vamos a generar el cambio político necesario para reivindicar nuestros derechos y libertades. No nos vamos a acostumbrar a que nuestro presidente sea el único en el continente que no de una rueda de prensa con medios nacionales y cuando tiene que enfrentarse a una compatriota con credencial internacional como el caso de Andreina Flores, entonces opta por maltratarla verbalmente. No nos vamos a acostumbrar al veto de los medios independientes en nuestro parlamento nacional donde deben darse sesiones “públicas” según nuestra constitución. No nos vamos a acostumbrar a cadenas abusivas que monopolizan el espectro eléctrico a favor de una sola parcialidad política. No nos vamos a acostumbrar a no contar con información oportuna y veraz sobre el estado de salud de un presidente enfermo de cáncer. No nos vamos a acostumbrar a menos que a la democracia plena.
Ojala cuando Cala tenga a bien volver por estos rumbos, consiga abierto a Globovisión y pueda conceder entrevistas en medios libres sin someterse a la enajenación mental que requiere la participación en los medios “públicos” secuestrados por el caudillo. Que bien que haya podido decir en un medio independiente que en Venezuela hay plena libertad de expresión, solo habría que preguntarse si hubiera podido decir lo contrario en un medio público.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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