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CÁNCER DE SOBERANÍA


Sobre la salud del presidente, solo puedo esperar que se mejore y que cese el inescrupuloso manejo informativo por parte del gobierno de esta penosa circunstancia. Pero más allá del tema estrictamente relacionado con su enfermedad, temo que esta ha servido como excusa perfecta para profundizar el proceso de “cubanización” de nuestro país, que ahora sí se ha convertido en colonia formal y pública del régimen castro-comunista. De la misma forma como sucedió en Chile hace cuarenta años, cuando Fidel Castro permaneció por tres semanas completas en calidad de “invitado especial” del gobierno de Allende, acaba de pasar ahora con la extrañísima estadía de Chávez en Cuba, quien de forma indefinida se quedó en la isla para tratarse la enfermedad que actualmente padece. En ambos casos se trató de una injerencia violatoria de cualquier concepto de soberanía y no de visitas oficiales enmarcadas en la diplomacia tradicional. Lo de Chile ya es historia, así que procedo a referirme a la tragedia que vivimos ahora nosotros en Venezuela.

Que un presidente decida operarse dos veces seguidas de un tumor maligno en un país distinto al que gobierna, ya resulta extraño, mucho más cuando existe mejor equipamiento técnico y humano en su propia patria. Peor aún es que lo haga trasladando de hecho la sede de su gobierno a ese país extranjero, solicitando una especie de permiso indefinido para gobernar desde el exterior. Según todas la versiones oficiales, Chávez promulgó leyes, firmó puntos de cuentas, aprobó financiamiento y ordenó la toma militar del las cárceles del Rodeo, mientras estaba siendo operado de un tumor maligno en Cuba. El vicepresidente y algunos ministros iban y venían trayendo el mensaje (o las mentiras) del presidente, quien duró dos semanas incomunicado sin expresarse siquiera por twitter o por teléfono. En ese tiempo, según las fotos publicadas por ellos mismos, solo hablaba con Fidel Castro. Su evidente falta temporal nunca fue admitida ni mucho menos tramitada constitucionalmente, con la cínica excusa de la “patria grande”, que en la práctica se tradujo en el vergonzoso precedente de haber convertido a La Habana en la capital política de Venezuela por casi un mes.

Pero lo más elocuente para evidenciar nuestra perdida de soberanía es la historia que luego contó el presidente Chávez para confesar lo de su enfermedad. Según Chávez Fidel fue quien detectó el problema, quien lo diagnosticó, quien lo mandó a operar, quien le dio la noticia, quien lo curó, quien le daba la comida, etc. En su historia no existe el nombre de un medico, mucho menos venezolano, solo existe Fidel Castro quien hizo solo el milagro. Lo más patético en nuestra opinión, fue escuchar al presidente de Venezuela admitir que Fidel fue quien le dio la noticia del cáncer, luego de que se lo dijera primero a varios ministros. O sea, Fidel Castro tiene la potestad de darles a los ministros venezolanos semejante parte médico sobre la salud de su presidente, sin consentimiento previo del propio Chávez. Ahora bien, ¿Quién carajo es Fidel Castro para ejercer un rol de supremacía sobre el presidente constitucional de Venezuela y sus ministros en circunstancias tan cruciales? Todos somos libres de tener héroes de otras latitudes, pero eso no le permite a nuestro presidente delegar en un dictador foráneo la soberanía que le ha sido endosada por el pueblo. No es casualidad que ya comiencen a proliferar imágenes de niños citando al Che, de venezolanos cargando la bandera cubana y por supuesto, el eterno agradecimiento a un Fidel consagrado ya como el Padre mítico y religioso ya no solo de Chávez, sino del país.

Lo cierto es que la reciente estadía del paciente en Cuba puede ser un “antes y después” en relación con el proceso progresivo de “cubanización” de Venezuela y de desmantelamiento del Estado venezolano en su forma constitucional republicana. Esto es inaceptable, mucho más en el marco de la conmemoración de los doscientos años de nuestra independencia. ¿Ese es el patriotismo que vociferan estos revolucionarios? Tanto hablar de soberanía para quedar como “cachorros del imperio” cubano. Ni el Che, ni Fidel serán nunca parte de la identidad de un pueblo democrático y pacifista como el venezolano.

En todo caso, celebramos que el presidente haya retornado a ejercer el cargo que había dejado abandonado. Ahora esperamos que mientras se recupera pueda darle respuesta a un pueblo en crisis por la incapacidad de su gobierno. Si su salud no se lo permite, la Constitución dice bien que hacer. Mientras tanto, que quede claro que Venezuela no es Cuba y la haremos respetar.


JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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