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DETRÁS DE LA CORTINA

Diez días han pasado de la llegada del presidente a Venezuela, luego de que durara casi un mes en Cuba en calidad de paciente. Ya cantó y nos desfiló todos sus disfraces (militar, deportivo y civil). Ya nos contó con lujo de detalle y fantasía llanera cada día que pasó recuperándose junto a Fidel y hasta estuvo apunto de mostrarnos la herida. Lo que no ha hecho todavía es gobernar para darle respuesta a la problemática más sentida de una población en crisis que sufre la metástasis del fracaso de una revolución personalista e incapaz.

De hecho su único acto de gobierno ha sido en sí mismo una omisión, nos referimos a la ratificación desafiante y pública de todo su gabinete actual. O sea, anunció de forma rimbombante que no iba a cambiar nada, como si las cosas marcharan muy bien. De esa forma Chávez se hace totalmente responsable del fracaso de El Aisami en el manejo de la crisis carcelaria, del irresponsable y falaz tratamiento informativo del ministro Izarra en cuanto al tema de la enfermedad presidencial, de la pusilánime actitud de Alí Rodríguez ante el colapso eléctrico, de la insensibilidad de la ministra Sader en cuanto a los salarios de los médicos venezolanos y del bochornoso desempeño de Giordani en materia económica que tiene al país padeciendo la mayor inflación del mundo en medio de una bonanza petrolera.

Lo que sí hizo Chávez fue generar más burocracia estéril, creando ahora el ministerio de la Juventud para darle un “cambur” a la ya no tan joven pero siempre fiel Mari Pili Hernández. Atrás quedó aquel Teniente Coronel que prometía eliminar ministerios y resolver problemas con eficiencia promoviendo austeridad en la gestión de gobierno. Ahora hay más problemas y ministerios que nunca. De hecho el último ministerio creado antes de este fue el ministerio para el sistema penitenciario y lo que pasó después es historia en pleno desarrollo. Lo cierto es que luego de trece años, esta gobierno viejo, cansado y enfermo, no es capaz de resolver ningún problema real y es el responsable de la crisis actual evidenciada en los parámetros objetivos de la inflación, la escasez, el desempleo formal, la inseguridad, la impunidad, la persecución política, el racionamiento eléctrico, el déficit habitacional, la ausencia de producción nacional, el deterioro de la vialidad, la corrupción desatada, la deficiencia de los servicios públicos y la exclusión del sistema de seguridad social.

Es normal que el tema de la enfermedad de Chávez acapare la agenda mediática, mucho más cuando hay tanto margen para la especulación producto del secretismo y la manipulación por parte de este digno discípulo de Fidel Castro. Es previsible también que el gobierno trate de mercadear la recuperación médica del Comandante como un logro político de la revolución aumentando aún más el carácter narcisista y personalista de la comunicación y la propaganda oficial. Pero detrás de esta cortina de humo se esconde otro “cáncer” que sí afecta la vida de veintiocho millones de venezolanos, porque se refiere al fracaso de la gestión de un gobierno que habiendo contado con todo el dinero y poder disponible, no pudo resolver en trece años ningún problema real. Cambiaron la historia y los nombres de las instituciones (incluyendo el nombre del país), pero no pudieron cambiar el presente y la realidad del pueblo que hoy sigue con los mismos problemas de antes solo que agravados por un militarismo corrupto, autoritario e incapaz, inspirado en el modelo castrocomunista.

La unidad democrática esta resuelta y preparada para derrotar electoralmente al gobierno actual para luego impulsar un cambio que reconcilie al país y genere progreso y bienestar a toda la colectividad. La vida de Chávez es un tema y la evaluación de gestión de su gobierno es otro. Nosotros derrotaremos políticamente a este gobierno, pase lo que pase con la salud de Chávez. Nuestra agenda es la misma, primarias, unidad y trabajo. Sigamos hablándole a la gente sobre sus problemas reales, planteando las soluciones que proponemos para el cambio necesario. Que se salve Chávez del cáncer que padece, pero que se salve también Venezuela de su nefasta gestión que ya hizo metástasis. No olvidemos que este gobierno es malo e incapaz, y que los pueblos siempre se reservan el derecho irrenunciable de cambiar.


JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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