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“EL JUEGO NO SE ACABA, HASTA QUE SE TERMINA”

Una de las leyes comunistas que se gestan actualmente en la Asamblea con el patrocinio del PSUV, es la Ley del Deporte, con la cual se pretende estatizar la actividad deportiva en el país y eliminar las ligas profesionales.

En lo concreto el proyecto de ley en cuestión declara de “utilidad social” la difusión de los eventos deportivos, lo que permitiría que cualquier medio de comunicación público o privado transmita un juego sin tener que pagar derechos o regalías. Hasta ahora, tal y como sucede en todos los países democráticos del mundo, las Ligas Profesionales comercializan los derechos de transmisión con canales de televisión abiertos quienes pagan por el derecho a transmitir los juegos de forma gratuita a su audiencia. Ese ingreso recibido por la liga es en la práctica fundamental para la viabilidad económica de los equipos que la integran, sobretodo de los más débiles. Lo cierto es que sin ese ingreso se perdería el equilibrio económico de las ligas y tendrían que reducirse y perder competitividad. Igualmente se declara de “utilidad pública” todos los bienes relacionados con el deporte, lo que dejaría la mesa servida para expropiaciones de canchas deportivas, estadios y hasta equipos profesionales, lo cual desestimularía cualquier inversión en el área. Por otro lado se prohíbe el patrocinio directo de las empresas a los equipos o jugadores, creándose un fondo de aporte obligatorio que administraría el gobierno con total discrecionalidad y que estamos seguros tendrá un desperdicio enorme en burocracia y corrupción. Además, se prohíbe la venta de bebidas alcohólicas en cualquier evento deportivo.

Imagínense ustedes que un equipo profesional deje de percibir su cuota parte por los derechos de transmisión de los juegos, ya no pueda venderle a una empresa publicidad en el uniforme o dentro del estadio, y pierda el ingreso producto de la venta de bebidas alcohólicas durante los encuentros. Se acabarían las ligas profesionales y todo quedaría bajo el control del Estado. Se trata de la “cubanización” del deporte, donde además el atleta perdería su libertad, ya que la ley lo obliga a participar en todas las competencias en representación de su municipio, estado o país. Igualmente el gobierno tendría la última palabra a la hora de decidir cuales atletas representan al país en cualquier competencia internacional. Los atletas dejarían de ser profesionales y se convertirían en soldados de la revolución. Todo esto, por supuesto, tendría consecuencias internacionales graves y podríamos quedar excluidos de la FIFA, MLB y hasta del Comité Olímpico. Y antes que algún incauto levante la bandera de la “calidad” del deporte cubano, solo les recuerdo que mientras en Venezuela exportamos peloteros a las grandes ligas, un cubano solo puede gozar de ese privilegio si logra escapar de su país en el que se encuentra preso por un totalitarismo que ahora pretendemos imitar aquí.

Pero, ¿Hasta cuando vamos a permitir que un Estado ineficiente y corrupto siga acabando con la iniciativa privada que ofrece bienes, servicios y entretenimiento a la ciudadanía? Ahí están las empresas básicas, las cementeras, las promotoras, los centrales azucareros, los “fundos zamoranos”, entre otras áreas estatizadas que se han traducido a la larga en escasez, corrupción e inflación. Ahí está el caso de RCTV y Tves que da cuenta del fracaso del modelo estatizador. ¿Por qué el modelo a seguir no es Brasil sino Cuba?

La cervecita en el estadio viendo un juego de béisbol del más alto nivel con grandes ligas criollos y los más prometedores importados, es un privilegio que no vamos a ceder para que el narciso de Miraflores pueda controlar militarmente el deporte. Es evidente que el “presidente comandante” no se conforma con los encuentros de Soft Ball en Fuerte Tiuna entre militares y peloteros trasmitidos en cadena por los medios público, y pretende ahora llevar su show a los estadios profesionales donde hasta ahora no ha podido ni asomar la cabeza por el rechazo de la fanaticada asistente.

Se quieren adueñar de todo, destruyendo lo que hay. El objetivo es que lo sociedad entera dependa exclusivamente del régimen. El deporte no será la excepción. Pero, aunque tenga los votos (fraudulentos) para aprobar esa ley, el “filósofo” del béisbol Yogi Berra nos enseñó que “el juego no se acaba hasta que se termina”, por lo que estamos obligados a “dejarlos en el terreno” el año que viene. Ganaremos en nombre de la libertad.


JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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