El pasado miércoles acompañamos a nuestros diputados electos a la instalación de la nueva Asamblea Nacional. Desde las ocho de la mañana miles de personas nos fuimos agrupando en la avenida Universidad en las postrimerías del Capitolio, sede del parlamento nacional. El ambiente era festivo, emotivo y, a la vez, combativo, teniendo en cuenta el déficit de democracia que dejaba el parlamento saliente. A media mañana comenzaron a llegar los diputados electos de la unidad, quienes recibieron por parte de la multitud grandes ovaciones antes de entrar a su respectivo acto de juramentación. Una vez adentro los diputados, los asistentes a la histórica concentración nos quedamos en la calle viendo toda la ceremonia en pantalla gigante.
Luego de soportar un desahogo casi nervioso de Cilia Flores, a quien se olvidó por un momento que ya no presidía el hemiciclo, se escucha el anuncio por parte del director de debate de que “tiene la palabra el diputado Alfonso Marquina”. A partir de entonces todo comenzó a tener sentido, la democracia estaba resucitando, la pluralidad era ya un hecho irreversible y el reclamo de la mayoría del país que votó por un cambio finalmente se escuchaba en el seno de la asamblea. Marquina destrozó si piedad cada uno de los argumentos de Cilia Flores y dejó plenamente establecido el hecho de que “somos mayoría”, a pesar de que una ley injusta burló la voluntad popular para impedir que esa mayoría estuviera representada plenamente en esa asamblea que recién comenzaba. “Podrán callar esa mayoría dentro de este parlamento, pero no podrán impedir que se siga consolidando en la calle hasta logra el cambio de gobierno en 2012” aseguraba Marquina con tono certero y contundente, demostrando su calidad como parlamentario. Ante ese balde de agua fría, los oficialistas trataron de descalificar en lo personal a Marquina reivindicando nada menos que a Goicochea, nada más bajo y burdo. Pero la fiesta de la democracia seguía, y le tocó hablar a Richard Blanco, quien exigió que se permitiera el ingreso de los diputados Pirelli y “Mazuco” a quienes se les estaba violando flagrantemente su inmunidad parlamentaria. Ante el grito infantil de las “focas” (que no sabían como actuar ante la calidad de un debate al que no están acostumbrados) coreando el estribillo de “no volverán”, el diputado Blanco los calló al instante diciéndoles “les tengo malas noticias colegas, ya volvimos”. Luego siguieron los diputados Eduardo Gómez Sigala, Américo de Gracia y Juan Carlos Caldera, quienes magistralmente hicieron propuestas legislativas importantes y se enfocaron en la necesidad de darle respuestas a la población en materia de seguridad, empleo, pensiones y vivienda. Por su parte los oficialistas solo se veían su propio ombligo y no fueron capaces de trascender del debate rastrero que descalifica a las personas pero que no atiende el contenido de la discusión. Habían quedado plenamente contrastadas ante el país las dos corrientes políticas, lo chavistas quienes solo repetían consignas y descalificaban a sus adversarios, y la unidad democrática con propuestas de contenido social. Había comenzado la nueva era parlamentaria que sin duda será la antesala del inminente cambio de gobierno en 2012.
El pasado 5 de enero fue un día histórico que debe llenarnos de esperanza. A pesar de que no se tengan todavía los votos necesarios para cambiar de rumbo en la asamblea, se cuenta ya con una vocería encarnada en 65 demócratas de la mayor calidad política y profesional quienes sabrán representar dentro y fuera del parlamento las expectativas de la mayoría de la población que confiaron en ellos. Seguimos avanzando. Seguimos en la calle.
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