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CAP VERSUS CHÁVEZ

Para alguien que nació en el seno de una familia ajena a la política y que pasó parte de la adolescencia influenciado por el mensaje antipolítico de la novela “Por estas calles”, no es fácil venir a escribir ahora un artículo sobre Carlos Andrés Pérez, uno de los personajes más prominentes y polémicos de lo que hoy se suele llamar equívocamente “cuarta república”, pero que en la realidad corresponde al único periodo democrático que conoce un país signado por el caudillismo militarista.

Sin embargo, la polémica desatada a partir de la muerte de quien fuera en vida dos veces presidente electo de Venezuela, me ha estimulado a participar en la interpretación de este hecho histórico, con el fin de rescatar el perdido valor de la institucionalidad democrática. En todo caso lo hago con la imparcialidad que me brinda el ser militante de un partido que los adversó siempre.

En primer lugar creo que es pertinente recordar que CAP ha sido el último presidente de nuestra historia en sufrir (de verdad) un intento de magnicidio, el cual sobrevivió estoicamente. Como olvidar que quien ahora se la pasa hablando infundada y cobardemente de magnicidio, fue precisamente el mismo que hace casi veinte años comandó una operación militar que bombardeó el palacio de gobierno y la residencia presidencial, con el fin de derrocar el gobierno democráticamente electo. La muerte de Carlos Andrés debe al menos servirnos para darnos cuenta donde están los verdaderos golpistas y asesinos.

Igualmente es preciso reconocer que CAP ha sido el único presidente de Venezuela en abandonar prematuramente el poder para someterse a un juicio. Se despojó de su investidura presidencial, acató la decisión de un tribunal y cumplió su condena. Hoy en día, en la Venezuela del emperador Chávez, algo similar es impensable, para no decir imposible. Antes la corrupción era al menos un tema que podía costar el poder como sucedió con CAP. Ahora es solamente un mito que no genera investigaciones ni interpelaciones de ningún tipo. Como se nota que los que estaban bombardeando el palacio de gobierno aquella madrugada, ya lograron entrar.

Finalmente debemos destacar el hecho de que CAP es uno de los padres del proceso de descentralización en el país, esa verdadera revolución que acercó el poder a los ciudadanos y generó el desarrollo integral de las regiones.

Como verán es evidente la razón por la que la muerte de CAP incomodó tanto a Chávez. Carlos Andrés sí sobrevivió un magnicidio, derrotó militarmente a Chávez, se sometió a un juicio de corrupción y desarrolló de verdad la democracia participativa a través de la descentralización que hoy Chávez quiere revertir. Por eso Chávez le tema al fantasma de CAP, quien lo derrotó en vida y que ahora le gana de nuevo en el juicio de la historia.

Claro que la hoja de vida de CAP tiene sus errores y desaciertos, pero quien podría dudar que pagó por ellos al morir desterrado y solo. Lo que no podemos es caer en el chantaje de Chávez para obviar la significación de su muerte. No podemos dejar que el verdugo de la democracia borre el pasado y pretenda convertirse en alfa y omega de nuestra historia. Quienes creemos en la democracia y queremos rescatarla, debemos comenzar por reivindicarla sin complejos, no para repetir errores del pasado, pero sí para reeditarla en una versión moderna y legitimada que logré llevar al país al desarrollo y generar verdadero bienestar social a la población. En cualquier país serio los expresidentes democráticos son una institución respetada y su fallecimiento genera reconocimientos oficiales de toda índole. Solo aquí se le despide con un insulto presidencial y con una campaña de satanización en los medios oficiales. Por eso, los demócratas verdaderos debemos darle el valor que tiene la memoria de un venezolano como Carlos Andrés, mucho más en estos momentos en el que Chávez está propinando un nuevo golpe de Estado con este paquetazo cubano. Paz a sus restos y que viva la democracia.

JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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