Basta recorrer cualquier comunidad o sector popular de la ciudad para constatar que, luego de once años de “revolución”, la inmensa mayoría de la población vive de forma precaria e infrahumana. Pequeñas viviendas que por la necesidad se han convertido en multifamiliares y donde se vive en situación de hacinamiento. El agua es un bien privatizado y un lujo que se paga caro semanalmente a los camiones cisternas para llenar tanques y pipas. Las pocas calles asfaltadas se encuentran en pésimo estado, mientras que la mayoría de veredas y callejones siguen esperando la promesa del pavimento. Las cloacas están en su mayoría desbordadas generando enfermedades y malestar. Las casas enrejadas como pajareras con la aspiración infructuosa de convertirse en refugios del hampa desatada impunemente. Hacer mercado es una hazaña de varios días en la que se tiene que vencer a la inflación y a la especulación para no “morir” en el intento. Los hospitales y los “Barrio Adentro” sin insumos para curar nada, y cuando llega la hora de enterrar a un familiar, el drama de la morgue y la inseguridad en los cementerios, opacan la tragedia de la perdida de un ser querido.
El que no viva así como se describe arriba, tenga conciencia que es un privilegiado. Por eso es que estamos hablando con la gente cara a cara para convencerlos de que un futuro mejor es posible y que el cambio es un derecho al cual no pueden renunciar. Esta no puede ser “la mayor suma de felicidad posible”, al contrario, este es el drama de un modelo militarista fracasado que no pudo resolver ningún problema real. En lo que respecta a Lara, los responsables de esta tragedia son los gobernantes que tienen más de una década en las diferentes instancias, tanto local, regional como nacional; quienes además gastan su tiempo y nuestro dinero en peleas personales de la más baja monta, mientras el pueblo sigue abandonado.
El cambio necesario comienza con el rescate de la Asamblea Nacional, donde vamos a pedirle cuentas a los ministros del gobierno, haciendo uso de nuestra atribución para interpelarlos públicamente. Vamos a controlar el presupuesto nacional para exigir que el dinero de los venezolanos llegué a las comunidades abandonadas en vez de irse en maletines o en regalos para otros países. Vamos a proteger los derechos constitucionales como la propiedad privada, la libertad de expresión y la descentralización, principios estos que son la base del progreso y la convivencia pacífica en una sociedad. Vamos a estimular el empleo, la seguridad ciudadana y la reconciliación del país. Finalmente, vamos a crear leyes sociales para generar beneficios concretos a la población, como la ley del seguro social y la ley del “cestaticket petrolero” con la que se busca que una parte de la factura petrolera llegue directamente a todos los venezolanos, a través de bonos canjeables para gastos de salud, vivienda, educación y pensiones.
Para esto se requiere consolidar una mayoría contundente en torno a la Unidad Democrática que tiene excelentes candidatos unitarios en todo el país, provenientes de los más diversos y representativos sectores de la sociedad. El objetivo es lograr la mayoría en el parlamento nacional y eso solo se logra con unidad. La premisa es Unidad para Ganar y Ganar para Cambiar, y para eso hay un solo camino. Lo demás es distracción, lo demás es “más de lo mismo”, lo demás es “ariascardenismo” o “marisabelismo”, lo demás es continuismo. Vamos a cambiar, de verdad.
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