Aunque por un lado se moleste el gobierno y por el otro los "próceres" de la antipolítica lo ignoren mientras se miran el ombligo en su casa, lo cierto es que todos los días recorremos las barriadas de Barquisimeto perifoneando a toda garganta detalles sobre el escándalo conocido ya como "Pudreval". Este tema no ha pasado desapercibido por la dirigencia de la Unidad ni mucho menos por sus candidatos, al contrario nos ha servido para graficar el fracaso del modelo militarista y para evidenciar los niveles obscenos de corrupción en el alto gobierno.
A pesar de que Chávez tratara de minimizar el escándalo con su celebre frase de que lo del Banco Federal "es mucho más grave" que la pérdida de cientos de miles de toneladas de comida para el pueblo, en la calle la gente está indignada y asqueada por el hecho de corrupción y negligencia más atroz de los últimos tiempos. Más allá de que Chávez también es culpable de lo sucedido con el Federal, su comparación deja clara evidencia de la indolencia social que padece ya un caudillo embriagado de poder luego de más de una década. Los afectados con la intervención del Banco Federal son una minoría de clase media, mientras que las víctimas de la pérdida de los alimentos importados con el dinero público, somos todos los venezolanos, sobretodo los más pobres.
Desde el escándalo del "Plan Bolívar 2000" hasta el actual crimen de "Pudreval", pasando por un sinnúmero de desmanes conocidos y por conocer, se ha dejado constancia histórica de que cuando se sustituye a la empresa privada por una elite militar corrupta y estatizada, el resultado siempre será el mismo, la estafa a un pueblo inocente. Tampoco se olvidará fácilmente el respaldo cómplice de Chávez a su ministro Ramírez, cuando apenas se comenzaron a descubrir los primeros contenedores putrefactos. Cuando se trata de disidentes políticos y dueños de medios independientes no hay intocables, pero cuando se trata de su gobierno podrido entonces sí funciona la impunidad garantizada por el secuestro institucional.
Es por esto que la gente quiere un cambio y prefiere la libertad con todas sus fallas que la bota militar de un caudillo narcisista e incapaz. Por lo tanto solo queda traducir el descontento en votos para rescatar la Asamblea Nacional el próximo 26 de septiembre y comenzar así el cambio necesario para superar la actual crisis con un proyecto alternativo y unitario.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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