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ARTICULOS 2007-2009

CARTA ABIERTA A LOS ARTISTAS DE RCTV

5 de junio de 2007. Disculpen que comience hablando de mi persona en esta comunicación abierta, pero siento que es preciso contextualizar mis reflexiones. Cuando Chávez llega al poder en 1.999 yo estaba terminando de cursar la carrera de Derecho en la UCAB (de la cual nunca me había sentido tan orgullosos como ahora). En aquel entonces los discursos y acciones del recién electo presidente fueron suficientes para advertir lo que ustedes están experimentando ahora en carne propia, me refiero a la incompatibilidad evidente entre el ejercicio profesional y las intenciones hegemónicas y autoritarias de un régimen que ha pretendido siempre acabar con la iniciativa privada, el progreso y el libre desarrollo de la persona. Por esta razón una vez graduado decidí incursar en política y ponerme al servicio de la lucha por la democracia y la libertad a la cual ustedes se están incorporando ahora con la mayor dignidad. Ser abogado bajo el régimen “chavista” no vale nada, así como tampoco valdrá muy pronto ser artista bajo estas nefastas circunstancias. En definitiva, tarde o temprano todos llegamos a la conclusión de que nuestra supervivencia como personas libres y democráticas pasa necesariamente por un cambio político que rectifique el rumbo actual.

Siempre recordaré, al igual que muchos, ese 28 de diciembre de 2006 cuando se les juró la muerte de la manera más bandolera y baja posible. Ese día su destino se cruzó para siempre con el mio y con el de toda la sociedad democrática de este país. Pero la verdad amigos es que la actitud asumida por ustedes ante la injusticia y adversidad merece el más prolongado y fuerte aplauso nunca antes escuchado. Su rectitud y solvencia moral han hecho el milagro de despertar a la juventud venezolana y a muchísima gente de los sectores populares del país, justo cuando el entreguismo se había convertido en la consigna generalizada de una sociedad donde parecía que todo el mundo tenía un precio. Ustedes se mantuvieron unidos aferrados a sus principios y creencias, enfrentando la “muerte” de pie sin pretender cambiarla por algo incluso peor, el “secuestro” al que lamentablemente se han sometido algunos de sus colegas y los “vende patria” de siempre. Ese ejemplo dado por ustedes retumba ahora en todos los hogares del país y dejó sin duda en evidencia a quienes con la fabricada excusa de que “no hay nada que hacer” han vendido su conciencia a cambio de una efímera prosperidad material que en ningún caso servirá para saldar la deuda con la historia. ¿De qué sirve un trabajo o un negocio por bueno que sea, si no se puede mirar a los ojos a los “hijos” de una patria que esperan contar con los mismos derechos con los que hemos contado nosotros?

Hoy no faltará quien piense (o incluso desee) que todo esto se va a olvidar y que ustedes correrán la misma suerte de los ex trabajadores de PDVSA o de tanta gente que se ha sacrificado por la misma causa. Pero quienes creen que su lucha será en vano olvidan que ustedes son artistas y que el arte tiene la virtud de renacer en cualquier espacio y bajo cualquier circunstancia. Será esa capacidad creadora y creativa las que los mantenga vigentes para siempre. No decaigan nunca y sigan siendo, sobretodo de cara a esa juventud, los portadores de un mensaje de paz, esperanza y progreso. Paradójicamente el “socialismo” de Chávez se impone gracias al excesivo “capitalismo” de una sociedad hasta ahora dispuesta a traficar con los derechos más básicos a cambio del dinero fácil. Ustedes han revertido esa tendencia, demostrando a todo un país que la dignidad y los principios no tienen precio. Nunca, ni en las peores condiciones, subestimen la fuerza de su ejemplo y la contundencia de su loable actitud. Gracias por el milagro.
JUVENTUD PRIVILEGIADA

19 junio 2007. Antes de atestiguar este histórico despertar de la juventud venezolana, nos mortificaba sobremanera la excesiva comodidad y hasta cobardía de las nuevas generaciones del país, de las cuales formo parte por cierto. Irse del país a hacer cualquier cosa, vender la conciencia para acomodarse a un trabajo dentro de la burocracia del gobierno o sumirse en la frustración de “lo que pudo ser y no fue”, eran prácticamente las únicas opciones que la juventud venezolana del nuevo milenio manejaba ante la adversidad que representa la naciente tiranía roja. Era impresionante ver como en líneas generales los verdaderos dueños del futuro huían de su destino o se convertían en cómplices de su destrucción, sin aceptar el reto generacional que la historia les presentaba. No entendíamos cómo era que la normalidad se había convertido en un valor tan superior para una juventud incapaz de reaccionar con sentido de propiedad sobre su destino. Tampoco entendíamos como era que la estabilidad material era tan preciada que estaba por encima de la estabilidad mental y moral. Hoy podemos sentir el más grande de los alivios al comprender que esa desganada actitud era tan solo una lógica transición y que ahora, una vez digerido el nuevo mapa circunstancial del país, la juventud venezolana ha decidido salir al encuentro de su futuro y hacer patria.

Ahora no solo despertaron, sino que están dando un ejemplo a todos los sectores del país, tanto oficialistas como oposicionistas. Su actitud pacífica y contundente a la vez comienza a dibujar el esperanzador rostro del nuevo país que se construya a partir del oscurantismo actual. Han decidido condenar la injusticia y clamar por la libertad en nombre de ellos mismos y mirando hacía el futuro, dejando atrás el estéril debate entre la “cuarta” y la “quinta”, para sustituirlo por el impostergable debate entre el presente y el futuro de una país dividido y maltratado. Han sido capaces de recuperar espacios secuestrados por el poder discriminador y sobretodo de revivir la moribunda democracia dirigiendo peticiones a las instituciones del Estado y debatiendo en el seno de las universidades y a través de los medios de comunicación, justo cuando la sociedad estaba a punto de resignarse a la tiranía de un solo hombre. Su despertar tendrá consecuencias incalculables y desde ya representa la mayor esperanza para la reconciliación del país, la cual puede darse solamente en democracia

Luchar contra una tiranía para recuperar la libertad no es ninguna tragedia, al contrario, puede ser la mayor oportunidad de nuestras vidas para desarrollarnos como persona. Vinimos a esta vida a vivir, y no se vive huyendo del destino ni resignándose a la injusticia. Cuando luchamos por lo que creemos la vida encuentra sentido y nos sentimos realizados, hasta el punto que no importa si ganamos o perdemos, luchar es un fin en si mismo. Nosotros todavía recordamos la emoción con la que en el colegio estudiábamos historia de Venezuela con el inconciente deseo de formar algún día parte de ella. Ser protagonista de una coyuntura histórica es sin duda un privilegio de muy pocos. Se puede ganar o peder pero, en todo caso, ser parte activa de una lucha histórica por la libertad y la democracia de un país es quizá la mayor fortuna que jamás podamos atesorar y sin duda la mejor herencia que podamos entregar a nuestros hijos. Aunque no lo perezca somos unos privilegiados.

TESIS SOBRE LA IGUALDAD (PRIMERA PARTE)

14 marzo 2007. En virtud de la imposición política de un modelo socialista que contraria el estilo de vida de los venezolanos y que pretende justificar todos sus abusos en nombre de una supuesta justicia social que busca la igualdad del hombre, a continuación desarrollaremos el tema de la igualdad, comenzando con la igualdad como idea para terminar en la igualdad como objetivo político.

PRIMERA PARTE: LA IDEA DE LA IGUALDAD. La desigualdad es inevitable. Nacemos con una carga genética particular que difiere de la de los demás. Nacemos en entornos familiares específicos, con condiciones de salud particulares. Existen enfermedades congénitas y somos vulnerables a circunstancias externas desde antes de nacer. La verdad es que cuando creemos tener nuestro destino en nuestras manos, ya nuestra suerte está echada en virtud de un sinnúmero de decisiones tomadas por terceros, por lo que al final terminamos siendo lo que podemos ser y no lo que queremos. Esto no es propio de nuestros tiempos sino más bien una realidad que ha atravesado la historia de la humanidad. Entonces, ¿De donde nos vienen ideas y conceptos de igualdad, equidad y justicia, cuando el principio natural de nuestras vidas contraría dichos conceptos radicalmente? Incluso desde el punto de vista bíblico, los primeros seres humanos no tardaron en dejar evidencia de la injusticia cuando Adán fue desterrado del Paraíso por una decisión de su compañera. La verdad es que nuestras decisiones solo rigen una parte de nuestro destino, el cual está ya de alguna manera predeterminado por decisiones previas en las que no hemos participado. La propia concepción de una vida se debe a la acción de dos personas distintas. Luego, durante el proceso de gestación esa vida es cien por ciento vulnerable a decisiones y acciones de la madre embarazada. Hoy en día es bien sabido que la salud, así como las condiciones físicas y mentales del niño, depende en gran medida de las condiciones y características del embarazo. Además, esta nueva vida puede nacer en cualquiera de los entornos mas disímiles entre si. Puede nacer en el país más desarrollado del mundo o en el más atrasado, en el seno de una familia adinerada y estable o en el de una familia en pobreza crítica y disfuncional. Una vez nacida la persona, sigue siendo por mucho tiempo vulnerable a decisiones ajenas, las cuales definen, entre otras cosas, su educación y alimentación, cuestiones estas que serán determinante para su futuro.

No cabe duda entonces que el principio natural que rige nuestras vidas es el de la desigualdad, tanto fundamental (genética) como circunstancial (entorno). Entonces que explicación puede tener que sintamos como natural algo que no lo es y que aspiremos y deseemos algo que no conocemos. De hecho, la idea humana del Paraíso bíblico responde de alguna manera a la necesidad que tenemos de creer que es posible vivir en un espacio y tiempo distinto que no sea regido por los principios que rigen nuestra vida mundana, los cuales rechazamos en el fondo. Igualmente la idea reiterada de un Superhéroe o Superhombre capaz de “poner las cosas en su lugar” y evitar con su intervención las injusticias, responde también a nuestro empeño de no aceptar lo inevitable de nuestra realidad. Pero para desear algo no hay duda que hay que conocerlo previamente o al menos se debe tener conciencia de lo que se desea. Entonces, ¿Cómo puede el hombre desear la igualdad y la justicia si nunca la ha conocido y desde antes de nacer hasta su muerte su destino es signado por la desigualdad y la injusticia? En nuestra opinión esta es la prueba racional de la existencia del Alma. O sea, el Alma no es otra cosa que nuestra inconformidad con nuestra propia naturaleza, o dicho en positivo, es nuestro absurdo deseo de cambiar lo inevitable y de experimentar lo que no conocemos. No tenemos duda que los valores como el de la igualdad y la justicia son productos del Alma porque no son realidades sino utopías creadas por nosotros mismos. Es imposible que dichos conceptos sean producto de la razón, toda vez que no se fundamentan ni en la experiencia ni en la lógica. Por eso es que si decimos que el ser humano se compone solo de cuerpo y mente no pudiéramos explicar nunca la procedencia de estos valores o de la conciencia en general, que no es otra cosa que el compendio de todos los valores creados por el Alma. En resumidas cuentas, el Alma, a través de la conciencia, produce los valores. Es por esto que la filosofía nunca ha podido sustituir completamente el pensamiento religioso, y es que los valores no responden a la razón, toda vez que son un deseo irracional producto de nuestra inconformidad con los principios naturales que rigen nuestras vidas.

En conclusión, la igualdad, por más que la deseemos, no existe y es ilógica. En la próxima entrega continuaremos con este tema para analizar desde el punto de vista político cual es la igualdad posible.

TESIS SOBRE LA IGUALDAD (Segunda Parte)

En la primera parte concluimos que la igualdad no existe en la práctica y que es una idea utópica que contradice los principios naturales de nuestra existencia y de la lógica misma. Pero su inexistencia no impide que sea un valor para el Hombre quien la desea irracionalmente. Esto es lo que hace que la idea de la igualdad sea poderosísima en inmortal, ya que no responde a reglas lógicas que la obliguen a contrastarse con la realidad y la razón, sino que más bien es producto de un deseo irracional e inconciente. O sea, nos viene del Alma y eso no tiene remedio por decirlo de alguna manera.

Esta simple conclusión explica inmediatamente como es que el liderazgo de Chávez sigue siendo tan fuerte a pesar de que los hechos ponen en evidencia el fracaso de su gestión administrativa. Y es que su liderazgo no se basa en la racionalidad de unos índices de gestión, sino en los valores utópicos de la igualdad y la justicia. Chávez promete lo que no existe y quizás lo imposible, pero el solo hecho de hacer creer que lo busca es suficiente para identificarse con los valores de la gente. Es un liderazgo que más que político es religioso porque apela a los valores y no a las realidades. Pero, ¿Cuánta igualdad es posible y a que precio?

Ya Simón Bolívar advertía en su famoso discurso de Angostura lo siguiente: “Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”. Esta claro que para Bolívar la igualdad posible es la igualdad política, la cual no es más que una ficción creada por el hombre para tratar de corregir la desigualdad física y moral que nos viene por naturaleza. Esto no es otra cosa que la igualdad ante la ley y la no discriminación entre las personas, o lo que es lo mismo, la llamada igualdad de oportunidades. Pero a estas alturas de la historia este principio no tiene nada de revolucionario, toda vez que está reconocido en todas las democracias occidentales y en Venezuela desde hace muchísimos años. Entonces, ¿Cuál es la igualdad revolucionaria que nos están proponiendo?

Para los pensamientos políticos revolucionarios como el comunismo o el socialismo de Chávez, esa igualdad política no es suficiente porque no logra la igualdad material entre los hombres y no logra evitar en la práctica la desigualdad en la sociedad producto de las diferencias naturales de las que hablaba Bolívar y a las que nos referimos en la primera parte de esta tesis. La igualdad que nos están proponiendo es aquella que es antinatural, o sea, la que se materializa a la fuerza sin importar las diferencias de carácter, genio y temperamento que existen y existirán siempre entre los hombres. Esta igualdad de resultado solo es posible nivelando a la sociedad hacia abajo, o sea, prohibiendo que los que quieran y puedan se destaquen del resto. Solo así se puede crear una sociedad homogénea (como la de Cuba) donde no exista la libertad individual de desarrollo y progreso.

En conclusión la igualdad democrática es aquella que refería Bolívar relativa a las oportunidades y a la no discriminación ante la ley, en la cual los hombres son libres de destacarse en virtud de sus deseos o ideales, o sea, es una especie de compensación. Mientras que la igualdad revolucionaria es aquella relativa a los resultados que desconoce las diferencias naturales entre los hombres y se impone a la fuera nivelando la sociedad hacia su mínima expresión, o sea, es una mera aberración.

En la próxima entrega analizaremos cual es el precio que hay que pagar para obtener esa libertad que propone la revolución y el grado de justicia que realmente tiene
TESIS SOBRE LA IGUALDAD (Última Parte)
En la entrega anterior establecimos la diferencia entre la igualdad “revolucionaria” que propone Chávez y la igualdad verdaderamente bolivariana y democrática. La primera responde a la nivelación forzada de la sociedad a través de la prohibición del libre desarrollo individual del hombre, mientras que la segunda responde a la igualdad de oportunidades y a la nivelación del hombre solo ante la ley. La pregunta que nos toca ahora responder en esta entrega es la siguiente: ¿Cuanto cuesta la igualdad revolucionaria que nos tratan de imponer y que tan justa es? Para esto vamos a comenzar primero recordando la tesis del maestro español Ortega y Gasset quien estableció hace dos siglos lo siguiente: “La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. La división de la sociedad en masas y minorías no es una división en clases sociales, sino en clases de hombres, y no puede coincidir con la jerarquización en clases superiores e inferiores. Dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica. En los grupos que se caracterizan por no ser muchedumbre y masa, la coincidencia efectiva de sus miembros consiste en algún deseo, idea o ideal, que por sí solo excluye el gran número. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo — en bien o en mal — por razones especiales, sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico a los demás. Imagínese un hombre humilde que al intentar valorarse por razones especiales — al preguntarse si tiene talento para esto o lo otro, si sobresale en algún orden — advierte que no posee ninguna cualidad excelente. Este hombre se sentirá mediocre y vulgar, mal dotado; pero no se sentirá "masa". Cuando se habla de "minorías selectas", la habitual bellaquería suele tergiversar el sentido de esta expresión, fingiendo ignorar que el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Y es indudable que la división más radical que cabe hacer de la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva”.
Esta magistral teoría es quizás la única que explica las diferencias entre las personas no en virtud de las consecuencias de esas diferencias sino más bien en virtud de sus verdaderas causas. Por ejemplo la banal diferenciación entre ricos y pobres solo se refiere a un estado circunstancial y material que no comprende el fondo del asunto. En cambio, establecer una diferenciación en la humanidad entre los que se exigen y los que no se exigen a si mismo, más allá de su estado circunstancial, sí toma en cuenta la única diferencia insalvable entre los hombres: la psicológica o mental. Ahora bien, nadie puede dudar que desde el punto de vista natural, los hombres tienen el mismo derecho de sentirse “minoría” o “masa”, o sea, de exigirse mucho o de no exigirse nada. Igualmente resulta obvio que esas diferencias psicológicas o mentales de origen, generan a su vez diferencias circunstanciales o de resultado entre los hombres, creando una desigualdad natural en las sociedades; lo cual es justo siempre y cuando todos tengan el mismo derecho de decidir exigirse mas para destacarse y progresar (igualdad de oportunidades). Pero ya sabemos que la igualdad “revolucionaria” no se conforma con esto y pretende crear una sociedad de iguales, lo cual solo es posible convirtiendo a todo el mundo en “masa” y exterminado a las “minorías”, para conformar así una uniformidad antinatural en la sociedad. La paradoja de todo esto es que dicho modelo de sociedad solo puede ser impuesto a través de un liderazgo político contundente y poderoso, o sea a través de una autentica “minoría” que domine a la “masa” de modo tal que impida la generación de otras “minorías” dentro de la sociedad. Se trata del Líder y la “masa”, o sea, de un sola y exclusiva “minoría”. Es por esto que tanto en la Unión Soviética, como en Cuba, como ahora en Venezuela, la imposición de estos modelos de supuesta “igualdad” pasan primero por la conformación de una elite (minoría) tan superior que logra acabar con el resto de las “minorías” sociales que por naturaleza se encuentran en cualquier nivel económico de la sociedad. Nadie puede dudar que según el planteamiento de Ortega y Gasset, tanto Stalin, como Castro, como Chávez, son autenticas minorías que se han destacado de la “masa” estableciendo quizá la mayor de las desigualdades, la que existe entre el caudillo y el oprimido. Pero, ¿Como se logra eliminar a las “minorías” naturales de la sociedad? Muy fácil: exilio, prisión, muerte o chantaje. Cada balsero que sale de Cuba es sin duda parte de esa “minoría” oprimida que existe necesariamente en los gobiernos comunistas.

Por lo tanto, no hay duda que el precio que hay que pagar para gozar de esa injusta igualdad “revolucionaria” es nada menos que el derecho natural que tiene cada hombre de valorarse y de exigirse a si mismo para desatacarse y progresar. Es la exterminación de las minorías vengan de donde vengan, llámese oligarca o buhonero, adeco o comunista, para convertirnos todos en una “masa” sin propósito incapaz de tomar su propio destino en sus manos, hasta que llegue el día en que prescindamos del caudillo y nos demos cuenta que somos parte de una sociedad castrada llena de “boyas que van a la deriva”. Preferimos sin duda la injusticia de la desigualdad económica del capitalismo a esta aberración que prohíbe el libre desenvolvimiento y desarrollo del hombre y que trae como consecuencia una sociedad atrasada y oprimida. Lo que está en juego es la democratización del sagrado derecho de ser “minoría”, o sea, de contar con la oportunidad de valorarnos y exigirnos a nosotros mismos en virtud de nuestras metas. Chávez contó con este derecho y por eso pudo pasar de Teniente-Coronel a Presidente de la Republica, cuando, asumiéndose “minoría”, se exigió más a si mismo y logró alcanzar sus metas. Nos preguntamos si bajo la vigencia de este régimen alguien puede pretender sustituirlo ahora a él. La respuesta a esta pregunta responde también la del grado de justicia con la que cuenta este modelo “revolucionario”.



AMÉN

16 octubre 2007. Ciertamente este proceso de reforma constitucional está siendo llevado de manera tal que sea ininteligible para un pueblo que está siendo vulgarmente burlado, chantajeado y mareado por Hugo Chávez, quien pretende derogar los más básicos derechos humanos y principios democráticos como lo son la propiedad, la alternabilidad, el pluralismo, la información, la separación de los poderes y el debido proceso. La reforma planteada es simplemente una bomba atómica que acabará con la vida democrática del país y, aunque el debate jurídico formal es importante para analizarla, creemos que es mucho más pertinente interpretar la actitud de su autor para entender lo que se avecina. Es por esto que no nos vamos a enredar en este entrega con la estocada que diera la Asamblea Nacional con su ñapa de diez artículos, sino que vamos a analizar mejor lo que pasó el domingo en La Habana, donde el presidente de Venezuela le rezó el Padre Nuestro, no a Dios nuestro señor, sino a Fidel Castro.

Creer que lo que pasó el domingo en Cuba fue tan solo un episodio más del “Show de Chávez” es un gran error, toda vez que representó un hito simbólico que marcará el futuro de la patria y que ratifica que el proyecto de Chávez no es político (ojala) sino religioso y evangelizador. Dedicarle el Padre Nuestro a Fidel Castro para comparar a un dictador con Dios es un acto deplorable que provoca olvidar de inmediato, pero que merece un análisis. Chávez reconoce al “Padre” en Fidel, al tiempo que se asume el “Hijo”, durante un acto conmemorativo del Che Guevara, el “Espíritu Santo”. Ese domingo, querámoslo o no, nos fue presentada de manera oficial a los venezolanos la Divina Trinidad revolucionaria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, o sea, Fidel, Chávez y El Che, respectivamente. Esto, aunque parezca, no es un chiste, al contrario, es quizá lo más serio que haya escrito en esta tribuna.

Ya Chávez había dicho cosas como que el Che había sido un Superhombre al igual que Jesucristo, y que Fidel Castro era su padre. Igualmente nadie puede dudar de la vocación evangelizadora de Chávez quien ha ido construyendo un código de conducta basado en condenas a cosas como el cigarrillo, la bebida, la estética, el consumismo y hasta el progreso económico individual, con su famosa frase de que “ser rico es malo”. Tampoco es nueva la pretensión de imponer la figura del Che Guevara como fuente de inspiración social y modelo a seguir. Todo esto ha ido conformando un cuadro religioso con mandamientos y referencias espirituales que pretenden colocar a hombres de carne y hueso como dioses, cuya palabra y acción sean incuestionables. Es así que cuando Chávez se arrodilla ante Fidel reconociéndole una superioridad divina, lo que está es dando el ejemplo al pueblo venezolano (y al de otros países) para que hagan lo propio ante su figura, o sea, Chávez espera que los venezolanos lo tratemos a él con la misma devoción con la que él trata a su Padre Fidel Castro.

Pero lo cierto es que, más allá del delirio de Chávez, Fidel Castro no es más que un dictador responsable de hundir a un pueblo en la miseria con la más desgarradora y sangrienta opresión. Fidel no es nuestro Padre, al contrario, es enemigo de la democracia del continente y así quedará ante la historia al igual que Chávez que pretende seguir sus pasos. Decimos esto antes que sea considerado en la constitución por otra reforma como un sacrilegio cuyo castigo sea la hoguera. Decimos esto porque hay que decirlo, Fidel y el Che son asesinos de la libertad y su legado contraría hasta los tuétanos nuestra tradición republicana y el pensamiento bolivariano. Chávez es libre de rezarle a quien quiera y de lamerle las botas a quien decida, pero no podrá nunca imponernos ejemplos antivenezolanos ni mucho menos dioses humanos que tienen las manos llenas de sangre. Lo que está en juego no es la libertad política, ni siquiera la libertad civil, sino la libertad espiritual. Aunque parezca una aberración, no es exagerado decir que Chávez se está preparando para una Guerra Santa en occidente. En nuestras manos está detenerlo a tiempo. Parafraseando a Yon Goicochea, decimos para finalizar: “marchemos y votemos, mientras marchar y votar sea lo único que podamos hacer”.


¡BRAVO FABIOLA¡

31 octubre 2007. No pocas veces nos ha tocado responder al cuestionamiento relativo al por qué seguimos escribiendo y declarando de política cuando eso no “tumba” a Chávez y representa un riesgo innecesario. Sin embargo, por mucho que escuchemos tal argumentación, no dejamos de sorprendernos por la miopía implícita en el razonamiento de quienes todavía a estas alturas simplifican todos los conflictos sociales y civiles del país con la consigna única de “Fuera Chávez” y no logran interpretar la complejidad del momento histórico que vivimos. Para quienes no ven más allá de sus narices no entienden que la expresión es un derecho civil y humano que, si bien a veces es un medio o una herramienta para lograr cosas, es en definitiva un fin en sí mismo, cuyo ejercicio no puede estar supeditado al logro de objetivos cortoplazistas. La expresión es un derecho irrenunciable, al tiempo que es también un deber para quienes creemos en la libertad de conciencia y del espíritu. Traemos esto a colación inspirados por lo sucedido con nuestra amiga Fabiola Colmenarez, quien hizo de su expresión su prioridad a pesar de haber tenido que pagar con su trabajo la osadía de ser libre. Fabiola no “tumbo” a Chávez y quedó desempleada, pero su ejemplo retumba en una sociedad cada vez más autocensurada. Las declaraciones de Fabiola Colmenarez a las puertas de Venevisión ha sido uno de los lujos más grandes que la dignidad nacional se ha dado últimamente.

Muchas veces hemos dicho que la resistencia consiste tan solo en la conjugación de los verbos más básicos, la resistencia significa tan solo “ser” y “estar”, ser nosotros mismos y quedarse en el país, eso es resistencia. Si huimos del país o nos quedamos tan solo para adaptarnos a los caprichos del caudillo vendiendo nuestra conciencia, estaremos renunciando a la lucha por la democracia y le estaremos dejando el camino libre a la tiranía. En este sentido, no podemos bajo ningún concepto renunciar a nuestro sagrado derecho de expresarnos libremente, a pesar de las implicaciones que pueda tener hoy en día el ejercicio de nuestras libertades. No podemos acostumbrarnos a la autocensura, esa que nos incita a decirle a otra persona “baja la voz” cuando se está hablando de política o esa que disfrazada con excusas nos hacen “pasar agachados” en los escenarios de lucha democrática. Luego de respirar, lo más natural de un ser humano es la expresión, así que no es exageración cuando decimos que nos expresaremos libremente solo hasta que dejemos de respirar. Y que no se interprete estas palabras como pretensiones heroicas o idealistas, al contrario, responden a la propia naturaleza humana y por lo tanto están cargadas de egoísmo y pragmatismo. Para nosotros la expresión libre no es un sacrificio y mucho menos un aporte a la lucha, para nosotros es tan solo un requisito indispensable para ser persona, es un tesoro que vale más que cualquier beneficio económico conocido. No envidiamos ni un bolívar de aquellos quienes tienen que pagar con su libertad de conciencia y expresión la efímera fortuna que ostentan. ¿Quién dijo que el dinero vale tanto? Fortuna es la que tiene ahora Fabiola Colmenarez, quien puede mirar a la cara a quien sea y quien está gozando de la dicha de luchar por sus ideas. La dignidad no se compra en ningún lado y vale más que todo el dinero junto. Así que cuando nos expresamos libremente en contra de la tiranía no estamos haciendo nada por nadie, al contrario estamos acumulando riqueza, estamos haciendo fortuna, estamos siendo más y mejor. Allá quienes se dejen quitar su patrimonio espiritual.

El Socialismo del Siglo XXI nos propone un país de “lamebotas” donde tenemos que adorar a una sola persona. O sea, un país de “josévicentes” y de “ciliasflores”. Ante esta desgarradora realidad el mejor antídoto es el hábito de la expresión libre, de la crítica y del reclamo legítimo. Hay que ejercitarnos en el ejercicio de nuestros derechos porque peor a que no los quiten es que nosotros mismos renunciemos a ellos. Dejemos de preocuparnos tanto por no perder la casa, el terreno o el trabajo, todo eso se recupera, el problema verdadero es que nos quiten la dignidad y la libertad. Bien por Fabiola, gracias por el ejemplo. Rechacemos ahora todos la reforma y asumamos las consecuencias.


CARTA AL REY

13 noviembre 2007. Su Majestad Rey Juan Carlos, disculpe que no me regocije como otros por su espontánea reacción ante el irrespeto de nuestro Presidente Hugo Chávez. Aunque nos sentimos de alguna manera identificados con su ya famosa frase “¿Por qué no te callas?”, creemos que darle importancia ahora sería como preocuparse por la grieta de un clavo en medio de un terremoto. Disculpe que no caiga en la tentación de profundizar en tan peculiar impasse y olvidar así la tragedia que se cierne sobre nuestro país con la propuesta de reforma con la que se quiere formalizar una dictadura constitucional. Verá, el problema no es que Chávez haya saboteado una cumbre más para llamar la atención, o que usted haya tenido que pararse de la mesa con un gesto inédito en la historia de la corona española; el problema es que existe un país donde se están limitando progresivamente las libertades civiles y donde se violan constantemente los derechos humanos, el problema es que en Venezuela se condena la expresión libre, se persigue a los disidentes, se confisca la propiedad privada, se prohíbe el pluralismo y se acaba con la vida democrática y la convivencia pacífica. Todo esto, que es público y notorio además, pasa en medio de un silencio cómplice por parte de la comunidad internacional, en la que España y Europa juegan un rol protagónico hoy en día. Por lo tanto usted entenderá que no compartamos el escándalo que se está generando ahora en su país, no por el sufrimiento de un pueblo hermano ni por el avance impune de otro dictador militarista, sino tan solo por el hecho de que usted fue incomodado por las palabras irrespetuosas sobre un ex presidente de España. El caso es, su Majestad, que Chávez no solo le dice fascista a Aznar, sino que condena con esa misma irresponsabilidad a cuanto venezolano o extranjero se permita pensar distinto a él, bien sea pobre, rico, blanco, negro, bonito o feo. Para Chávez son fascistas los partidos políticos de oposición, los empresarios, la iglesia, los estudiantes, los militares institucionales y hasta su militancia crítica. La diferencia es que esa condena verbal no le hace ningún daño a Aznar, mientras que a los venezolanos le significa la pérdida de sus derechos más básicos, incluyendo la propiedad, la libertad y hasta la vida misma. No estamos pidiendo la intervención de España en este problema que es nuestro y que sabremos resolver, tan solo estamos pidiendo conciencia, consideración y respeto con un pueblo que, al igual que usted, quiere que se calle esa voz opresora e irrespetuosa pero que no se puede parar de la mesa y olvidarse del tirano como usted sí pudo. Nosotros sí tenemos que quedarnos sentados todos los días para seguir escuchando a un hombre que lo único que hace es sembrar odio e insultar a los demás. Tan solo quisiéramos que España se preocupara más por el problema de fondo y menos por el banal asunto relativo al correcto protocolo de una cumbre internacional.

Su Majestad, la muerte de la vida democrática en un país no es poca cosa y debería importarle a todas las naciones comprometidas con la libertad y el progreso en el mundo. Su gobierno, representado ya por Zapatero, le vendió armas a Chávez sin importarle el destino de las mismas y sabiendo ya el talante militarista del régimen que lamentablemente impera hoy en Venezuela, el cual por cierto es hijo del sistema castro-comunista con el que también han coqueteado sin problemas por medio siglo. ¿Es que acaso a Latinoamérica le quedan grandes los principios democráticos como el de separación de poderes, supremacía constitucional y pluralismo ideológico?¿Cuando el caudillismo tiránico del tercer mundo dejará de ser una exotiquez para los europeos que pretenden pagar con nuestro retraso sus complejos acumulados por tantos siglos de civilización, alimentando el mito del “buen revolucionario tropical”?¿Cuando comenzará a importar de verdad la democracia en el contexto internacional? No entendemos como un golpista militar convicto y confeso como Chávez se permite condenar sin pruebas y extemporáneamente a un ex presidente de una nación extranjera de participar en un golpe en su contra. Tampoco entendemos como un racista ideológico como Chávez se permite acusar de racista a los ciudadanos de otros países frente a los mandatarios de los mismos. Lo que sí nos queda claro es que sí Chávez no hubiera insultado a Aznar nada hubiera pasado y el tema económico hubiera seguido tapando el conflicto político que existe en el continente.

Su Majestad, a pocos días de un referéndum en nuestro país por medio del cual se pretende modificar fraudulentamente la constitución para permitir la presidencia vitalicia de Chávez, para acabar con la pluralidad democrática, para atentar contra la propiedad privada y para secuestrar políticamente el Banco Central y las Fuerzas Armadas; le preguntamos a usted y a Zapatero, con todo el respeto debido y con la misma indignación que usted sintió recientemente en Chile: ¿Por qué se callan?


CARTA A REYES REYES

12 de marzo 2008. Estimado “mandatario” regional, siendo usted un hombre de pocas palabras, debería escogerlas mejor a la hora de pronunciarlas en momentos tan delicados como los vividos con el conflicto con nuestra hermana Colombia. Haber dicho que usted estaba dispuesto a volver a volar un avión para entrar en guerra con el vecino país tan solo horas antes de que el Presidente se diera un abrazo con Uribe en Santo Domingo, ratifica su incapacidad de interpretar el sentir de una región a la que en ocho años no ha sabido representar. Entendemos que su formación militar y su miope visión de la democracia le impida asimilar que usted se debe a la voluntad de un pueblo y no a los caprichos de un hombre, quien por más que sea su compadre, no puede estar nunca por encima de los intereses de la región que lo eligió. Verá, aunque le parezca insólito, los gobernadores no son electos por el pueblo y mantenidos con el dinero público, solo para que le hagan eco al presidente de turno. Eso lo pudiera hacer cualquier lorito bien entrenado y en alpiste no se gastaría nada en comparación con los lujos asociados a su mandato. Los mandatarios regionales son para interpretar a sus regiones y para atender sus necesidades, en un clima de descentralización y autonomía, según dice nuestra constitución, la cual usted firmó, ¿Se acuerda?

Aunque usted está de salida, y como dice el dicho “loro viejo no aprender a hablar” (nunca antes mejor dicho), me parece importante y necesario llamarlo a la reflexión, sobretodo porque usted pretende una sucesión política con su hijo, quien por cierto tiene todo el derecho del mundo a aspirar a cualquier cargo de elección popular, eso en todo caso es mucho más digno que fabricar tribunas de poder ficticias como la de la presidencia del Concejo Legislativo en franca contradicción con principios constitucionales. No se asuste, no pretendo hablarle del principio de separación de los poderes público, ni mucho menos de algo que se llama contraloría, eso sería demasiado pedir. Me conformaría tan solo con hablarle de algo mucho más básico y humano como es el sentido del ridículo. Dígame de verdad, ¿Usted sí se creyó el cuento de que íbamos a entrar en guerra con Colombia? ¿O simplemente no quería perderse esta nueva “comparsa revolucionaria”? En serio, dígame ¿Usted piensa que el gobierno colombiano se asustó con su valentía?¿O cree que los larense nos sentimos orgullosos por su heroica reacción? Lo que yo sí le puede decir es que nuestro pueblo quería la paz y nunca estuvo de acuerdo con esas amenazas militares, las cuales además de irresponsables eran injustificadas. Lo que yo sí le puede decir es que los larenses esperamos desde hace rato una actitud similar de parte suya, pero no para atacar a un pueblo hermano que no nos ha hecho nada, sino para que combata de una vez por todas la delincuencia, el desempleo y el desabastecimiento en nuestro Estado. Le sugiero y le solicito, que ya que no hubo guerra con Colombia, se baje del avión y se monte en una patrulla para que se meta en los barrios donde están matando diaria e impunemente a nuestro pueblo. Ojala que su hijo no tome su ejemplo y logre algún día tener un perfil propio y ejercer la libertad de conciencia, porque este pueblo es muy grande para ser sometido por un solo hombre. Mientras tanto, le pedimos humildemente señor Gobernador que no pierda a estas alturas su única cualidad y no diga cosas como esas en representación de un pueblo que prefiere su característico silencio antes que sentir tamaña vergüenza. Y no crea que hablo en nombre de la oposición solamente, fíjese que ni en el PSUV premiaron su enajenado proceder a la hora de elegir a sus representantes principales. Por favor reflexione.

CARTA DE UN TERRORISTA AL MINISTRO IZARRA

2 de abril de 2008. Estimado Ministro Andrés Izarra, felicitaciones por el éxito obtenido en esa primera edición de la Cumbre contra el Terrorismo Mediático celebrada en nuestro país. No importa cuanto nos haya costado a los venezolanos ese necesario evento. Nuestros problemas más básicos como la carencia de vivienda, el desabastecimiento, la inseguridad y el desempleo pueden seguir esperando ante prioridades como estas. ¿Cómo íbamos a permitir que dueños de medios de comunicación de todo el mundo vinieran a Venezuela a insinuar cosas malas sobre Chávez? Menos mal que usted actuó a tiempo y desvió la atención con eso del terrorismo mediático, aunque, si me permite una sugerencia, más efectivo y económico para la próxima sería hacer lo que Chávez dijo cuando vino a Venezuela el juez español Garzón, me refiero a ponerlos inmediatamente en Maiquetía y sacarlos a todos del país por hablar mal del Presidente, ¿Se recuerda? Y después dicen que aquí no hay libertad de expresión.

Ahora bien Ministro, luego de haber escuchado su discurso donde señalaba que aquí hay una “libertad de expresión dinámica” al tiempo que se acusaba de una vez a esa expresión disidente de “terrorista”, sentí la necesidad de confesarle públicamente a usted y al resto de los participantes de su Cumbre, como en efecto lo hago aquí, un crimen que he cometido reincidentemente. Verá, yo he ofendido a Chávez varias veces de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. No tiene idea todo lo que he pensado y he dicho de él, a veces hasta públicamente. Por lo tanto, sirva esta misiva como confesión irrefutable de tan horrible delito, el cual estoy dispuesto a pagar sin defenderme. Me imagino que sabe a lo que me refiero, O es que acaso no se discutió en tan importante encuentro internacional la modificación que esta revolución le hizo al código penal para establecer en su artículo 148 lo siguiente: “El que ofendiere de palabra o por escrito, o de cualquier otra manera irrespetare al Presidente de la República o a quien este haciendo sus veces, será castigado con prisión de seis a treinta meses, si la ofensa fuere grave y con la mitad de esta pena, si fuere leve. La pena se aumentará en una tercera parte si la ofensa se hubiere hecho públicamente.”

Me imagino que usted le dio el dato a sus colegas de cómo es que esta revolución combate el terrorismo mediático condenando con prisión cualquier expresión que pueda ofender “de cualquier manera” a Chávez. Y no me venga con el argumento hipócrita de que nadie ha estado preso todavía por eso, porque eso se explica no por las virtudes del cobarde gobierno que usted representa, sino por la determinación y valentía de un pueblo que no está dispuesto a renunciar a sus derechos más básicos a pesar de que el ejercicio de los mismos sean criminalizados por ustedes. Eso sí es terrorismo, terrorismo judicial por demás. Espero no haber cometido otro delito con lo que acabo de expresar.

Pero no se preocupe que a usted nadie lo puede ofender tampoco, el artículo posterior amplía el mismo delito de expresión para proteger de cualquier ofensa a los Ministros del despacho, así como a gobernadores, alcaldes, magistrados, jueces, etc. Por mi parte quedo a la orden de la fiscalía, es más, usted mismo debería hacer la denuncia para darle una lección a los otros millones de terroristas que pensamos mal del actual poder constituido. ¡Que viva la libertad de expresión, pero en la carcel! Ese debería ser el lema de la próxima cumbre, que estoy seguro va a realizar muy pronto con el dinero de todos los venezolanos. Que lastima que a su edad y con su talento, usted solo sirva para maquillar con propaganda el rostro desgastado de un gobierno autoritario. Mejor me despido antes de seguir cometiendo delitos con mi terrorista expresión.


EL DELITO DE NO SER PENDEJO

3 febrero 2009. Desde hace un tiempo venía percibiendo un cambio en la atmosfera política, un nuevo elemento que no podía identificar de entrada, pero que tan solo de intuirlo ya me perturbaba. Tuvieron que pasar varias cosas para darme cuenta. Ya no solo se criminalizaba desde la oficialidad a la oposición, a la opinión, a la protesta, a la pluralidad, a la libertad; una nueva y superior etapa en la escala del totalitarismo había comenzado: la revolución decretó tácitamente la condena de la inteligencia.

Cuando logré llegar a esa conclusión ya todo tenía sentido. En la Venezuela de Chávez, en la misma que ser político o periodista es más peligroso que ser secuestrador o asesino, en esta patria confiscada por un caudillo más de su historia; es un delito mayor no ser pendejo. Por eso no solo hay que calarse la enmienda propuesta a espaldas de la constitución y en franca burla al soberano, procesada a instancias del caudillo por una asamblea rastrera y validada por la obvia complicidad del TSJ y el CNE, sino que además hay que llamarla “ampliación de derecho”. De repente Cília Flores y su pandilla se ensañaban, con la soberbia propia de la ignorancia, contra todo aquel que se atreviera a llamar “reelección indefinida” la propuesta de enmienda. Poco importaba que había sido el propio Chávez quien le dio ese nombre desde el comienzo, o que así mismo la llamaron ellos cuando la propusieron en la reforma rechazada. El caso es que ya los diputados, justificando el sueldo de años con la única tarea realizada, habían disfrazado la enfermiza ambición de Chávez con una pregunta tan grande como su farsa.

Igualmente recuerdo, ya sin perturbación alguna, la rueda de prensa del Ministro de Comunicaciones, a quien no vale la pena mencionar, denunciando con vehemencia el abuso mediático de la oposición. Ya no se conforman con justificar con cinismo el cierre de RCTV, las caprichosas y cotidianas cadenas o la utilización abusiva de VTV y el resto de los canales del Estado para fines propagandísticos al servicio de la parcialidad política que representa el presidente; ahora resulta que la oposición es culpable por insistir en expresarse en los reductos de los pocos canales independientes (ninguno de los cuales es de señal abierta nacional) y algunos medios impresos.

Finalmente ratifico la teoría escuchando a Chávez responder la pertinente pregunta de la periodista de CNN Patricia Jianot sobre su descarada omisión en cuanto al problema principal de los venezolanos que es la inseguridad. Al final de uno de los día más bizarros y tristes de nuestra historia en el que por primera vez un presidente electo decreta como día de jubilo nacional su ascensión al poder y se organiza él mismo una fiesta apoteósica con el dinero público, Chávez responde a distancia por la señal de CNN, luego de tratar sin éxito de desestimar los niveles de inseguridad en el país, con la siguiente perla: “es que yo no soy represivo”. Ahí estaba el mismo señor que había reprimido abiertamente con la Guardia Nacional las pacíficas protestas estudiantiles, el mismo que había creado la célebre frase “gas del bueno”, el mismo que había mandado ese mismo día a sacar la Guardia para cerrar los establecimientos abiertos (lo que constituye por cierto otro elemento novedoso: la criminalización del trabajo), el mismo del Plan Avila, del Golpe del 4F; diciéndole al mundo que su actitud pusilánime, negligente y hasta complaciente con la delincuencia que azota a Venezuela, se debía a que él no creía en la represión.

Ya no se trata solo de excluir a la disidencia o de desconocer los derechos constitucionales de las minorías políticas (y a veces hasta de las mayorías), sino que ahora además es obligante (so pena de persecución) rezar el credo revolucionario que establece, entre otras cosas, que la enmienda busca ampliar los derechos del pueblo, que Chávez es victima del abuso mediático por parte de la oposición, que los estudiantes son burgueses “hijos de papá”, que todos los hechos de violencia son autoatentados de la oposición apátrida y que la delincuencia (si la hubiera) se debe exclusivamente al inmenso corazón de un presidente pacifista. Así como hicieron ya con la historia patria y universal, ahora pretenden rescribir el presente con su versión sagrada de los hechos. Para eso hay que perseguir la inteligencia y el sentido común, hasta convertirlos en exquisiteces o necedades. Para eso hay que decretar la salvación de los pendejos, quienes interesada o desinteresadamente (pero pendejos al fin), se coman este cuento para convertirlo en una verdad bíblica. Hasta ahora no me había dado cuenta con tanta crudeza que en el “bigbrotherismo” que vaticinaba Orwell y que se materializa en Venezuela en la figura de Chávez, la verdad oficial no admite interpretaciones, aunque sea ridículamente absurda. Siendo así, podemos decir que actualmente en Venezuela, pensar es resistir, y muy pronto será conspirar.


“TENGAN FE QUE ESTO NO SE ACABA AQUÍ”

29 de mayo de 2007. RCTV se fue pero nos dejó, más allá de su legado comunicacional, un inmortal ejemplo de rectitud que todavía retumba en todos los rincones de un país donde lamentablemente muchos han optado por rendirse para acomodarse al poder a cambio de una prosperidad material que en ningún caso saldará la deuda con la historia y el futuro de esta tierra. Morir de pie y apegado a convicciones y principios no es morir, al contrario, es inmortalizarse en la memoria colectiva de un país que necesitaba con urgencia una referencia inspiradora de lucha como la que han protagonizado los dueños de RCTV, sus empleados y sus artistas, y que ahora continúan para sorpresa de todos, los jóvenes y estudiantes del país. Si bien perdimos un importante espacio de expresión, información, pluralismo y entretenimiento; hemos ganado a cambio muchísimo más al recuperar la actitud de protestad y rebeldía necesaria para enfrentar con éxito cualquier tiranía y al atestiguar con alegría el despertar de la juventud venezolana que se había mantenido hasta ahora al margen de la lucha por la democracia. Por su parte, la comunidad internacional, aunque tarde, también nos ha hecho saber que no estamos solos y al menos ahora sabemos que tienen la mirada puesta en Venezuela. Sobre la usurpadora TVES no vale la pena gastar tinta, sus contenidos solo reivindican las virtudes de la inmortal Radio Caracas. Lo cierto es que ahora más que nunca “seguimos en la lucha” aunque eso le agüe la fiesta a los “acomodaos” que pretenden justificar la venta de su conciencia con el infeliz argumento de que ya no hay nada que hacer.

Pero el cierre de RCTV (si cierre William Lara) no vino solo, sino que ha estado adornado por un sinnúmero de amenazas que ratifican el carácter totalitario de un régimen que no soporta la pluralidad democrática. Un día antes del brutal atentado contra la libertad de expresión, el Presidente Chávez en Barquisimeto dijo que a quien diga en cualquier parte que hay que tumbar al gobierno debe ir preso inmediatamente (Como si hubiera cárcel para tanta gente). Igualmente el Ministro William Lara amenazó con prisión a quienes digan que se cerró a RCTV (ver prueba del delito supra) y demandó a CNN y Globovisión por su supuesta incitación a matar al “Comandante”, en virtud de la retransmisión de las imágenes del atentado contra el Papa Juan Pablo II con la melodía de Rubén Blades de fondo con la letra “tengan fe que esto no se acaba aquí…” (Como si alguien fuera capaz de asociar al difunto Santo Papa con el tirano de Miraflores). Esta retahíla de amenazas y exacerbado militarismo es propio de la autoridad ilegitima, la cual queda desnuda y en ridículo cuando sus acciones no cuentan con el apoyo de la mayoría del pueblo, como es el caso del cierre de RCTV, y se escuda solo en la tonta amenaza militarista que parte del falso supuesto de que los venezolanos somos cobardes. Por eso es que Bolívar dijo una vez que “llamarse jefe para no serlo es el colmo de la miseria” y es que la verdad es que raya en miserable la actitud soberbia y cobarde de una autoridad que fue incapaz de convencer a su propia gente de una decisión unilateral tomada a espalda del pueblo y que prefirió esconderse durante la ejecución de la misma.

Ya sabemos que la respuesta oficial ante la protesta legitima nacional e internacional, será el desconocimiento, la descalificación, el sectarismo y la confrontación, pero eso solo servirá de alimento para recuperar fuerzas y seguir en pie de lucha por la democracia. Gracias RCTV por dejarnos tan preciado legado, ahora más que nunca estamos sintonizados a tu señal.


“TÍRENSE POR UN BALCON”

29 de agosto de 2007. Hace algunas semanas estuvo como invitado en el estelar programa “Buenas Noches” de Globovisión el dirigente estudiantil Yon Goicochea y, como ya es costumbre en esa tribuna, fue acribillado por el pesimismo caótico de sus moderadores , para quienes no puede haber una respuesta valida que no sea la de “no hay nada que hacer, estamos fregados”. Ahí estaba ese muchacho, con quien solo se puede estar eternamente agradecido, soportando el monologo histriónico de Kico y el derrotismo “toñeco” de Carla, tratando de levantar la esperanza de una sociedad que evidenciaba todavía con sorpresa el despertar de la juventud venezolana. Lo acorralaron con preguntas de visión “cortoplazistas” herederas de todas las frustraciones que nos dejó el 11-A, el Paro y el RR; como tratando de buscar culpables en vez de soluciones. Pero ¿Qué culpa puede tener Yon de Chávez? Eso les importaba poco a la hora de subestimar las luchas de la oposición democrática con ese espíritu inspirado en la creencia de que “nada de lo hagan los demás sirve y solo sirve lo que hago yo, que es decir que nada sirve”. Fue entonces cuando Yon Goicochea con su verbo todavía fresco les dijo en medio del fusilamiento al que lo habían invitado, la siguiente frase magistral: “Tírense por un balcón”, explicando seguidamente para cortar el silencio generado: “Si ustedes creen que no hay nada que hacer, entonces tírense por un balcón”. Ese episodio, el cual puede resumirse en esa infantil pero impecable frase, grafica perfectamente el tema relacionado con el enemigo interno de la oposición, que no es otro que la mezquindad de no reconocer el trabajo de los demás y de destruir al que está haciendo algo para defender la democracia. Si invirtiéramos el tiempo que utilizamos en decir lo que está mal en hacer lo que está bien, posiblemente la historia sería otra.

El caso es que como sociedad hemos intentado de todo para rescatar la democracia y a estas alturas ningún sector puede estar exento de responsabilidad, razón por la cual resulta injusto, pero sobretodo estúpido, ponernos a buscar culpables, que a la larga lo que terminan siendo son excusas para no hacer nada. Que los partidos políticos están deteriorados no es noticia, de hecho esa fue la causa por la cual llegó Chávez en primera instancia. Basta recordar los candidatos a los que Chávez se enfrentó en el 98 y el “forfeit” cometido en el 2000 cuando tuvimos que anotarnos con otro “chavista” como Arías. La crisis de los partidos no es nueva y es incluso una de las causas estructurales del caudillismo actual, así que por lo tanto, o nos ponemos a descubrir el agua tibia condenando a quienes tratan de crear o recuperar partidos y liderazgos políticos, o nos ponemos a trabajar por el país a pesar de las adversidades ya conocidas. No podemos dejar que la razonable angustia nos impida ver las cosas buenas y los frutos de esta lucha a la cual no podemos ponerle plazo ni mucho menos renunciar a ella. En menos de dos años se ha creado una referencia de liderazgo nacional (ROSALES), se ha diseñado un proyecto alternativo (SOCIALDEMOCRACIA), se ha renovado partidos tradicionales (COPEI), se ha comenzado a construir nuevos y grandes partidos nacionales (UNT, PJ) y se han despertado e incorporado sectores nuevos como los estudiantes y el “chavismo” democrático. Nada de esto había pasado antes y no podemos ser tan mezquinos como para no reconocerlo por el simple hecho de que todavía Chávez sigue mandando, como si alguien hubiera prometido que la lucha por la democracia iba a ser corta y fácil. Nosotros tenemos que entender que la Reforma de Chávez no es ni la mitad de peligrosa de lo que hubiera podido ser y que de alguna manera las recientes luchas frenaron en parte las pretensiones totalitarias del régimen. Chávez no se metió con la patria potestad o con la autonomía universitaria, no estatizó los medios de producción de un plumazo, no consagró el socialismo como doctrina de estado y no cambió ninguno de los valores y principios fundamentales como el de la pluralidad, la democracia y la libertad. Claro que la Reforma tiene cosas nefastas como la reelección indefinida, la desinstitucionalización de las FAN y las limitaciones a la propiedad privada, y por eso hay que combatirla con todas nuestras fuerzas, pero entendiendo que las luchas hay que darlas y que no son en vano. ¡Ay de nosotros si no hubiéramos ido a las elecciones el 3D y sacado más de cinco millones de votos, o si los estudiantes no hubieran salido a protestar, o si RCTV no hubiera diseñado una magistral campaña nacional e internacional a favor de la libertad de expresión¡

Seguir en la lucha no es un slogan, es una actitud y un compromiso con el país, de quienes creemos que no hay más opción que intentarlo. Estamos a las puertas de una batalla dura y trascendental que no podemos obviar con excusas prefabricadas. Chávez quiere que nos “tiremos por el balcón” de la desesperanza para tener el terreno libre y, aunque lamentablemente muchos de los nuestros le hacen el juego, son más los dispuestos a seguir peleando para recuperar la democracia. El día de mañana la historia no discriminará entre los realistas y los idealistas, sino entre los que hicieron algo y los que no.

LA “ELITE”

20 de noviembre de 2007. Nos acercamos a uno de los episodios más importantes de nuestra historia en el que nos estamos jugando, ahora sí literalmente, la democracia. Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que esta nueva batalla, la cual es inevitable, se dará dentro de un cuadro circunstancial diferente a los anteriores, ya que en menos de dos años han sucedido cosas tales como el despertar de los estudiantes, la división del “chavismo” y la unidad de los partidos de oposición Sin embargo es imposible no advertir esta vez una “ausencia” en principio inexplicable. Se trata de esos actores provenientes de lo que se ha llamado “sociedad civil”, representados por la “elite social” derivada en ONG’s, asociaciones profesionales, redes vecinales, gremios y personalidades, que habían mantenido hasta la fecha un rol protagónico en la lucha por la democracia y que ahora están “pasando agachados” en el mejor de los casos, o peor aún, están saboteando el consenso ya logrado en cuanto a la estrategia electoral con absurdas tesis alternativas tales como “la marcha sin retorno” o el “abstencionismo mágico”. Lo cierto es que mientras los estudiantes están en la calle jugándose el pellejo, los partidos están con las “uñas” montando el padrón electoral y armando una estructura que sea capaz de defender el voto, y un importante sector del “chavismo” está esperándonos para coincidir por primera vez con nosotros; la mayoría del liderazgo de esa “sociedad civil” no ha decidido todavía si votar o no, y sigue sin mover un dedo de cara al inmenso reto que significa el venidero referéndum sobre la reforma. Esta postura es respetable desde el punto de vista individual, toda vez que votar es un derecho que cada quien decide ejercer o no, pero si se analiza esta actitud a partir de las pretensiones de “dirigencia” de este sector que pretende hacer del abstencionismo una agenda política, tenemos que decir que es inaceptable y hasta condenable. Es por esto que hoy nos vamos a permitir analizar a este sector del país, dejando claro de entrada que, con el permiso de las respetables excepciones, vamos a hacer uso del antipático recurso de la generalización tan solo con fines didácticos.

Fue esa “elite social” la que ante el creciente deterioro de lo partidos en el periodo conocido como “cuarta república”, decidió hacer de su condición de “independiente” un principio dogmático sin advertir las consecuencias lógicas de tal deterioro, que no fueron otras que la crisis del sistema democrático y su sustitución por un régimen personalista como el actual. Aunque este divorcio con las estructuras partidistas estaba justificado, el mismo se tradujo en poco tiempo en una actitud de “antipolítica” que parecía obviar la máxima de que no puede haber democracia sin partidos. Luego en los primeros años del régimen “chavista”, esta “elite social”, viendo amenazado sus más legítimos intereses, asumió por cuenta propia el liderazgo político sustituyendo a los moribundos partidos en una etapa que culminó con los sucesos del 11 de Abril y el inmediato retorno de Chávez al poder. Inmediatamente se integró por primera vez con la burocracia partidista en el famoso formato conocido como “coordinadora democrática” en donde mantuvo un rol protagónico con voceros de la talla de Quiroz Corradi, entre otros. Con la frustración que dejó el revocatorio y disfrazando el fracaso con el discurso del fraude, retomaron nuevamente la bandera de la “antipolítica” y estimularon a más no poder el abstencionismo de cara a las elecciones parlamentarias, hasta el punto que lograron que los partidos a última hora se plegaran a su jugada con el retiro masivo de los candidatos. Luego se reconciliaron con el camino electoral gracias a la precandidatura de Teodoro Petkoff quien sorprendentemente logró despertar en esa “elite” toda clase de esperanza, tan solo por el hecho de que Teodoro “le habla duro a Chávez”. Fueron incapaces de contratar una encuesta para validar sus pronósticos y se restearon con Teodoro en una jugada hasta irresponsable que fue abortada por el propio Teodoro quien rectificó a tiempo, a pesar del frenesí de sus patrocinadores, poniéndose al servicio del único candidato que realmente tenía algún chance. Teodoro era el único precandidato sin partido que actuaba más parecido a una personalidad que a un político de oficio, y eso era justamente lo que más seducía a la “elite”. La declinación de la candidatura de Petkoff a favor de la de Rosales, hizo que esa “elite” fuera a votar en las pasadas elecciones presidenciales, pero con una factura guardada que sacaron inmediatamente después del triunfo de Chávez. Fueron incapaces de admitir que Chávez era todavía mayoría y de aceptar el reto de seguir construyendo un liderazgo alternativo, y prefirieron revivir los fantasmas del fraude y el abstencionismo, desconociendo el trabajo político realizado. Hoy esa elite con su habitual soberbia y terquedad desconoce las encuestas, menosprecia a los partidos, desestima a Baduel y subestima a los estudiantes, solo para seguir imponiendo su visión “antipolítica”, esa que ahora los lleva a hacerle el juego a Chávez estimulando el abstencionismo con argumentos insostenibles. Están creando su propia profecía al decir “no voten” para luego decir “perdimos otra vez, yo lo dije”. Están renunciando a su condición de dirigencia social al no participar en la preparación de los testigos, en la conformación del padrón electoral y en la misma campaña por el No, solo para invocar una rebelión extemporánea que solo existe en sus cabezas y que según ellos impedirá el referéndum, cuando todos sabemos que lo único que es capaz de impedirlo es justamente que la intención de voto por el No crezca hasta tal punto que el gobierno decida ahorrarse la derrota. Son incapaces de admitir siquiera la incuestionable compatibilidad del voto con los escenarios de radicalización, entendiendo al menos que no hay mejor oportunidad para la rebeldía que un fraude electoral.

Es lamentable que casi una década de Chávez haya pasado en vano para un sector tan importante del país que se resiste a aprender y a mejorar, y que ahora pretende presentar como solución mágica la propia causa de esta tragedia, que no es otra que esa “antipolítica”. La buena noticia es que el pueblo sí comienza a despertar y en la medida que se logre organizar adecuadamente con un liderazgo político renovado podrá abrirse camino y darse su propia salida. Finalmente aclaramos que nos sentimos provenientes de ese sector que hoy nos permitimos analizar así que tómese este artículo más bien como una autocrítica si se quiere, y a quienes se hayan sentido aludidos les pedimos por favor que se permitan reflexionar por un momento antes de meternos en esa “lista negra” junto a Rosales, Borges, Planas, Baduel, Marisabel, Ismael, Didalco, Porras y todos quienes sí estamos trabajando para ganar el referéndum y salvar la democracia.



CARTA A LOS ESTUDIANTES

12 de diciembre de 2007. Apreciados y admirados estudiantes de la democracia, me permito dirigirme públicamente a ustedes para compartir algunas reflexiones que creo importantes en esta hora crucial de nuestra historia. En primer lugar quisiera reconocerles su decisiva participación en el reciente referéndum y sobretodo su valiente y constante actitud combativa demostrada durante todo este año que culmina. La aparición de su espontáneo movimiento en el escenario político ha sido prácticamente un milagro que sin duda nos acerca más al triunfo definitivo de la libertad y la democracia en nuestro país. Hace apenas siete años, cuando estaba cursando el último año de mi carrera de derecho en la UCAB, la política era poco menos que una grosería dentro del mundo académico y para la juventud en general. Mi generación en líneas generales, esa que creció escuchando que los partidos políticos eran malos, no supo interpretar como ustedes el momento histórico y no pudo aceptar el reto de defender su propio futuro. Irse del país o conseguir un “cambur” con el gobierno, parecían las opciones más buscadas en ese entonces por los jóvenes y muy pocos decidimos hacerle frente a un régimen personalista que ya se perfilaba como el enemigo de nuestro futuro y nuestros valores. En ese entonces, consciente de que la causa principal de la pérdida de la democracia era el deterioro de los partidos políticos y la indiferencia de la sociedad civil, decidí ser parte de la solución y comencé a hacer de lleno vida política dentro de un nuevo partido. Desde ese momento y hasta ahora estaba acostumbrado a ser casi siempre la persona más joven dentro del mundo político donde me desenvolvía, lo cual comprobaba el lamentable hecho de que la juventud se había mantenido al margen de la lucha contra el autoritarismo y en favor de los derechos fundamentales. Es por esto que me siento ahora altamente complacido por sentirme por primera vez viejo a mis treinta años al constatar el resurgir de una juventud que sí parece haber aceptado colectivamente el reto generacional de rescatar la libertad.

Ahora bien, no es poca cosa el reto que han asumido y la responsabilidad que la historia les está dando. Entiendan que la realidad es la realidad y por muy mala que sea no deben utilizarla de excusa como lo han hecho las generaciones anteriores que se escudan en los errores ajenos para no asumir el reto de cambiar las cosas. Las realidades existen para asumirlas y cambiarlas. Ciertamente hay un vacío de liderazgo como denunció magistralmente Yon Goicochea, pero no solo en el terreno político, sino en el seno de toda la sociedad. Es por esto que el quiebre generacional se hace indispensable para evolucionar como país y ustedes son hoy la esperanza de que muy pronto contaremos con las personas necesarias para impulsar un cambio de sociedad en todos los niveles para reencontrarnos y finalmente progresar como patria. Ahora tienen dos retos, el primero institucionalizar el movimiento estudiantil para que trascienda a ustedes y persista como fuerza de cambio por varias generaciones más, y el segundo continuar la lucha incluso después de la etapa estudiantil para que esos valores que hoy son una referencia se conviertan algún día en realidad. Pero deben entender algo, el enemigo principal es el caudillismo, tanto el que propone el régimen como el que se aloja todavía en muchos sectores de la sociedad civil. No es casualidad que la antítesis del caudillismo sea la democracia misma, ya que el antídoto contra el personalismo es sin duda la institucionalidad y es eso lo que debemos rescatar, comenzando por casa. La primera institución democrática son los partidos políticos y si no los rescatamos y reivindicamos no llegará nunca la democracia real. Se dice muy fácil de la boca para afuera que sin partidos no hay democracia pero muy pocos se han detenido a analizar las implicaciones de esa máxima. Eso quiere decir nada menos que si no logramos tener partidos fuertes y renovados no tendremos democracia fuerte y renovada, por lo tanto el objetivo principal queda claramente expuesto y debe ser asumido sin complejos. No faltarán las voces de la “antipolítica” que los trate alejar del camino institucional, del trabajo organizacional y de la lucha a largo plazo; pero recuerden siempre el ejemplo de sus antecesores, esa generación del 28 que con el tiempo logró convertir la protesta espontánea y la rebeldía juvenil en proyectos de país y en partidos políticos que fueron capaces de derrotar una dictadura y de fundar la primera democracia. Esa generación que ciertamente logró cambios trascendetanles, supo institucionalizar su lucha para acabar con el legado caudillista de nuestra historia. Ahora les toca a ustedes. Bienvenida generación del 07, en sus manos blancas está el futuro de esta patria.


LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

18 marzo 2008. El pasado domingo, histórico por demás, mientras la ciudad de Cúcuta estaba siendo la sede de la paz y de la verdadera integración mundial con el espectacular concierto de “la paz sin fronteras”, nuestra ciudad Barquisimeto estaba simultáneamente siendo sede de la deshonra, el caudillismo y le negación de la democracia, con el triste y lamentable discurso de Chávez.

No solo nuestro arrogante y egocéntrico presidente se dio el lujo de obviar el hecho de que artistas de todo el mundo estuvieran cantando por la paz de nuestro pueblo en plena frontera dando un espectáculo histórico gratuito, sino que además trató, en vano por supuesto, de competir con dicho hito montando un show paralelo de los suyos aquí en Barquismeto. Ahí estaban las dos caras de la moneda, la de la paz verdadera y la de la confrontación y la venganza eterna. En su alocución Chávez pisoteó lo que quedaba de constitución con su interpretación de que su partido, el PSUV, tenía que ser un brazo de un cuerpo conjuntamente con el pueblo, el gobierno y las FAN. O sea, según Chávez el pueblo es igual a los militantes de su partido, y la cúpula de este terminará siendo en la práctica el gobierno mismo. Esto es, además de inconstitucional y antidemocrático, una aberración que excluye criminalmente a una parte de la población y que institucionaliza ya sin precedentes el peculado de uso y el trafico de influencias al darle a los miembros del partido la categoría de funcionarios públicos; amén del peligroso matrimonio entre el partido y las fuerzas armadas, lo que sin duda es el preludio de un conflicto interno armado. Luego y como si esto no fuera suficiente, Chávez volvió con su tema de los candidatos de su partido y dijo, ya sin vergüenza, que para ser candidato de PSUV se necesitaba que los aspirantes asumieran el compromiso de ejecutar el plan de Chávez cuando fueran electos. Que en paz descansen la descentralización y la libertad de conciencia. Todo esto acompañado por supuesto de una nueva humillación a un Henry Falcón que sentado como en la quinta fila de la audiencia tuvo que “tragar saliva” escuchando de boca de su jefe la amenaza directa de sacarlo de la lista de los posibles candidatos si seguía “lanzado” llevando barras de aquí para allá para imponer su aspiración incumpliendo con la línea del partido.

Lo que sí queda claro es que la miseria humana a veces no tiene límites y que a Chávez le gusta la palabra “paz” solo cuando él es quien la pronuncia, pero es incapaz de reconocer un gesto como el que tuvieron para con nuestro pueblo unos de los mejores artistas del mundo. Si Chávez no fue capaz de agradecer o al menos de reconocer ese histórico gesto que conmovió al mundo, entonces no será nunca capaz de interpretar a un pueblo que quiere y merece vivir en paz, de verdad verdad. ¡Y así quiere ganarse el premio Novel de la Paz! Farsante. Se lo tendrá que robar a Juanes. Gracias en nombre de todo un pueblo a Juanes, Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Ricardo Montaner, Juan Luís Guerra, Carlos Vives y a Juan Fernando. Ellos supieron interpretar el sentir colectivo mucho mejor que la elite política de nuestros pueblos.


DE LA COSTUMBRE Y LA TIRANÍA

6 de enero 2009. No es casualidad que Bolívar haya utilizado la palabra costumbre cuando advertía sobre el peligro que significa para los pueblos el hecho que un solo individuo ejerza el poder indefinidamente. Como ya se sabe el Libertador, declarándose antichavista con doscientos años de anticipación, dijo literalmente lo siguiente: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Hay que leer dos veces esa profética frase para advertir su vigente significado cuando atribuye como causa directa de la usurpación y la tiranía a la costumbre. Fíjense que no es un argumento político ni mucho menos jurídico, sino humano; de ahí su fuerza y valor. De hecho no se necesita hablar de la pretensión de reelección indefinida como tal para entender la advertencia que desde el pasado nos está gritando Bolívar; basta con analizar lo sucedido en estos ya diez años de mandato de Chávez para darnos cuenta que nos estamos acostumbrando ya a la injusticia.

Para citar tan solo un ejemplo reciente podemos referirnos a las nuevas restricciones del cupo de viajero en cuanto a la venta controlada de divisas. En Venezuela desde hace varios años para poder salir del país de forma legal hay que tener tarjeta de crédito para poder adquirir así las divisas extranjeras que sólo puede vender el gobierno, las cuales además acaban de restringirse a la mitad. Dicho en otras palabras el ochenta por ciento de los venezolanos (que no tienen tarjeta de crédito) no gozan del derecho de salir del país, mientras que el otro veinte por ciento (que tiene la suerte de contar con crédito bancario) lo puede hacer limitadamente y cada vez menos. Si tomamos en cuenta que la compra de divisas en el mercado privado es un delito según la legislación venezolana, podemos afirmar sin caer en exageración que, en general y con cada vez menos excepciones, los venezolanos tienen prohibido salir de su país desde el punto de vista jurídico. O sea, Chávez está cerrando las fronteras sin que nos demos cuenta y sin asumir además ningún costo político por ello. Y eso es posible solo con la ayuda de la “costumbre” de la que hablaba Bolívar. Al principio nos horrorizamos con el control de cambio pero al cabo de varios años ya nos alegramos porque todavía nos queda la mitad del cupo. Chávez se acostumbró a tomar arbitrariamente esas decisiones que afectan derechos fundamentales (y que siempre sacrifican la libertad) y nosotros nos estamos acostumbrando a adaptarnos a sus caprichos sin advertir ya lo injusto y vejatorio que son. Si hacemos este mismo análisis con otros temas como las inhabilitaciones políticas, el secuestro de los poderes públicos y las limitaciones a la libertad de expresión, entre otros; nos daremos cuenta que la fuerza de la costumbre ya está originando esa situación de tiranía en el país.

Es por esto que debemos rechazar la reelección indefinida venga en el formato que venga, no porque sea inconstitucional (que lo es), ni porque sea un abuso (que lo es), ni siquiera por el hecho de que viola el principio de alternabilidad democrática (que lo hace), sino porque Chávez se terminara de acostumbrar a mandarnos sin ninguna limitación, al tiempo que nosotros nos terminaremos de acostumbrar a obedecerlo sin ninguna condición, lo cual consolidará la usurpación y la tiranía que dibujaba Bolívar en su famoso discurso.

En resumen, la variable tiempo funciona como anestesia para los pueblos y como droga para los mandatarios, razón por la cual debe limitarse siempre si se pretende mantener un sistema democrático de libertades. Si hoy nos acostumbramos a la reelección indefinida como concepto, mañana no sabremos reaccionar cuando con la excusa de ahorrarle dinero al Estado, se eliminen las elecciones que solo servirían para ratificar a las mismas personas. No permitamos que disequen la democracia perpetuando a la oligarquía política de turno. Aprovechemos que todavía podemos defender la libertad y el futuro con los votos y no esperemos a que tengamos que hacerlo con la sangre. No se acostumbren.


EL CAMINO

24 febrero 2009. Habrá que recordar el escenario político previo a las elecciones presidenciales de 2006 para entender el avance de la oposición democrática en tan solo tres años y para reconocer el éxito del camino estratégico emprendido desde entonces. El mapa estaba realmente teñido de rojo y la oposición virtualmente destruida por el fracaso de la agenda “antipolítica” impuesta por sectores de la sociedad civil (sobretodo los medios de comunicación) ante el debilitamiento de los partidos y la ausencia de liderazgos robustos. El fallido golpe de abril, el paro petrolero, la tesis del fraude, los llamados a la abstención y el retiro de candidatos para las parlamentarias, habían dejado un saldo devastador en las filas de la oposición venezolana que se encontraba disminuida y desmovilizada. Fue así como, ya sin nada que perder y habiéndolo intentado todo, comenzamos a construir una unidad en torno a la estrategia correcta, la de conformar una nueva mayoría política, organizando al pueblo, movilizando a las bases y participando en las elecciones para recuperar progresivamente los espacios perdidos. Había llegado la hora de hacer política de verdad, tal y como lo había hecho el propio Chávez luego de salir de Yare.

El primer antecedente de esta etapa fue la candidatura unitaria de Manuel Rosales, la cual al menos evitó la profecía de los “diez millones” de votos para Chávez y reaglutinó casi a un cuarenta por ciento del electorado en torno a una propuesta específica. Este precedente organizativo sirvió luego para capitalizar nuevas alianzas y derrotar por primera vez a Chávez en el referéndum de la reforma constitucional, obteniendo los primeros frutos de este nuevo camino estratégico. Luego Llegaron las hazañas electorales de Capriles, Ledezma, Oscariz, Salas Feo y Pérez Vivas, quienes derrotaron al “chavismo” en sus regiones, alcanzando espacios de gran importancia estratégica. Por cierto nótese que los ganadores de hace tres meses en las regionales son militantes de partidos o políticos de carrera. Finalmente llegamos a la enmienda donde, a pesar de haber salido derrotados, consolidamos los estados más grandes (Zulia y Miranda), ganamos en estados donde no habíamos ganado (Mérida) y redujimos la ventaja en otras zonas importantes (Lara y Libertador). En fin, obtuvimos una votación histórica (más de cinco millones de votos) y la distancia se acortó a la mitad en relación a las presidenciales de hace apenas dos años.

Por lo tanto, no podemos sacar conclusiones apresuradas basados únicamente en la reciente derrota y volver a cometer errores superados que significarían un retroceso imperdonable. Tenemos que ver la foto completa y hacer un balance de los últimos tres años en los que hemos de alguna manera avanzado gracias a una estrategia política que debemos reivindicar y ratificar en este momento de cara a las elecciones futuras. Antes de 2006 Chávez estaba solo en el ring, ahora al menos hay una pelea que ver. Claro que es mucho lo que tenemos que hacer y mejorar para que esa estrategia dé los frutos esperados y genere el cambio político necesario. Falta mejorar la calidad de la unidad, renovar los liderazgos y mercadear políticamente un proyecto alternativo. Todo esto, además, en medio de una precariedad económica que contrasta con la opulencia delincuencial de la contraparte. Pero ese es el reto y ese es el camino. Continuemos trabajando.


¿POR QUÉ SE CALLAN?

2007. No hay duda que la frase del año en este 2007 fue la celebre pregunta del Rey de España dirigida a Chávez en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile. El espontáneo pero humanamente justificado “¿Por qué no te callas?” del Rey Juan Carlos retumbó en dos continentes y se convirtió inmediatamente en la anécdota más interesante de la política internacional iberoamericana. Pero aunque muchos venezolanos nos sentimos en primera instancia identificados con esa petición Real, hoy no podemos dejar de preguntarle de vuelta a Su Majestad Juan Carlos, ¿Por qué usted sí?, o sea, ¿Por qué se calla España y el resto del primer mundo ante el avance impune de otro caudillo militarista que pretende instaurar en Venezuela una dictadura constitucional para luego exportarla?

No deja de ofender el hecho de que la causa del impasse inédito entre España y Venezuela se debió sólo a las reiteradas ofensas y acusaciones irresponsables que hiciera Chávez sobre Aznar, y en ningún caso tuvo que ver con la violación sistemática de los derechos humanos o con la perdida de la democracia en nuestro país. El problema se resume en que Chávez llamó “fascista” a un ex presidente español, cuando en su propio país ha acusado de lo mismo públicamente y con la misma irresponsabilidad a la iglesia, a los estudiantes, a los partidos políticos, a los empresarios y hasta a su militancia crítica. La única diferencia es que a Aznar no le afecta en lo más mínimo tal juicio de valor, mientras que a los venezolanos esa condena nos significa la perdida de nuestros derechos más básicos, incluyendo la propiedad, la libertad y hasta la vida.

Por lo tanto, el “¿Por qué no te callas?” pareció más bien un recordatorio de un pacto tácito de no agresión, algo así como “¿Por qué no te haces la vista gorda como nosotros y seguimos haciendo negocios?” No podemos olvidar que el gobierno de España, representado ya por Zapatero, le vendió cualquier cantidad de armas a Chávez sin importarle el destino de las misma y sabiendo ya el talante militarista del régimen venezolano. Armas con las que, por cierto, Chávez se da el lujo de amenazar a los nacionales españoles que protestan pacíficamente contra él en Venezuela.

Lo cierto es que las dictaduras militaristas latinoamericanas siguen siendo una exotiquez para la mayoría de los europeos que pretenden pagar sus complejos acumulados por tantos siglos de civilización con nuestro retraso, alimentando el mito del “buen revolucionario”. Si a España no le fue difícil coquetear, mientras tenía los bolsillos llenos, con el régimen “castro-comunista”, tampoco le será difícil hacerlo con este “socialismo del siglos XXI”, siempre y cuando Chávez al menos no los insulte. Es como sí a los latinoamericanos nos quedarán grandes los principios democráticos de separación de poderes, supremacía constitucional, respeto a las minorías y pluralidad ideológica. No entendemos como episodios inéditos que han significado una exclusión inhumana, inmoral y antidemocrática, tales como la “lista Tascón”, el “rojo-rojito” de PDVSA y el propio proceso de reforma constitucional, no han merecido ninguna condena internacional. Mientras que para el Primer Mundo la democracia implica un conjunto de principios y valores que garantizan la convivencia y el consenso social, para nosotros la democracia se tiene que resumir tan solo a elecciones y poco importa que se persiga y excluya una gran parte del pueblo que tienen que aceptar que las mayorías políticas eventuales estén por encima de sus derechos más básicos.

Lo más paradójico de todo esto es que Chávez logra la complicidad internacional gracias al capitalismo más feroz y salvaje, ese que es capaz de comprar conciencias y de someter principios. Es por esto que luego de haberse quedado callado ante el Rey de España en Santiago de Chile, contraatacó luego en Venezuela amenazando a los inversionistas ibéricos, con lo cual logró comprar nuevamente el silencio del gobierno español en momentos cuando se permitía radicalizar su tiranía. La verdad es que nos cuesta entender como un golpista convicto y confeso como Chávez se permite acusar sin pruebas de golpista a un ex-mandatario de una nación hermana, y al final todo sigue igual, no vaya a ser que algún español deje de ganar dinero.

Justo cuando los venezolanos estábamos a las puertas de un referéndum para aprobar una reforma fraudulenta e inconstitucional para permitir la presidencia vitalicia de Chávez, para acabar con la pluralidad, para atentar contra la propiedad privada y para secuestrar el Banco Central y las Fuerzas Armadas; se armó un escándalo internacional, pero no por la perdida de nuestra democracia, sino por el hecho de que Chávez insultó a Aznar y el Rey tuvo que pararse de la mesa con un gesto inédito de la corona española. Tamaña banalidad logró opacar el hecho de que en Venezuela se condena la expresión libre, se persigue a los disidentes, se confisca la propiedad privada y se acaba con la convivencia pacífica. Al menos el Rey pudo pararse de la mesa para convertir ese episodio tan solo en un mal recuerdo, pero nosotros tenemos que seguir sentados escuchando a un tirano que lo único que hace es sembrar odio y dividir al pueblo. El escándalo por la ruptura del protocolo de una cumbre justo cuando imperaba un silencio cómplice ante nuestra tragedia, deja en evidencia la indolencia de la comunidad internacional por la democracia y el sufrimiento de los pueblos.

Este episodio fue sucedido por el impasse con el gobierno Colombiano, siendo la moraleja la misma. Uribe tenía años haciéndose el “loco” con Chávez hasta que éste se permitió intrometerse en el conflicto interno de Colombia con un sesgo pro-guerrilla el cual no puede sorprender a nadie a estas alturas. Tuvo Chávez que ofender también a Uribe para que este se diera cuenta repentinamente del carácter autoritario y violento del régimen que tiene casi una década en sus narices. ¿Por qué solo cuando se sienten agredidos personalmente es que los gobiernos extranjeros se pronuncian a favor del pueblo venezolano?¿Es que acaso no puede haber solidaridades gratuitas ni siquiera cuando se trata de derechos humanos? Inclusive a veces hasta los que son insultados se guardan su orgullo para aprovechar la chequera petrolera de Chávez, como es el caso de Alan García. Da miedo pensar que sí Chávez le hace caso al Rey y se calla, o sea, no insulta o otros mandatarios, podrá hacer por siempre lo que le da la gana en Venezuela sin que la comunidad internacional lo condene. Menos mal entonces que es incapaz de callarse.

No estamos pidiendo intervencionismo de nadie, pero sí respeto y consideración por un pueblo que ha tenido que soportar la perdida sistemática de su democracia. Ojala que los españoles se preocupen menos por las formas y más por el fondo del problema, toda vez que tarde o temprano serán afectados por este renacer comunista que tiene sin duda planes expansionistas. Lo cierto es que ya los venezolanos conocemos la respuesta a la interrogante inicial, sabemos que se callan por dinero.

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