No hay duda que la frase del año en este 2007 fue la celebre pregunta del Rey de España dirigida a Chávez en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile. El espontáneo pero humanamente justificado “¿Por qué no te callas?” del Rey Juan Carlos retumbó en dos continentes y se convirtió inmediatamente en la anécdota más interesante de la política internacional iberoamericana. Pero aunque muchos venezolanos nos sentimos en primera instancia identificados con esa petición Real, hoy no podemos dejar de preguntarle de vuelta a Su Majestad Juan Carlos, ¿Por qué usted sí?, o sea, ¿Por qué se calla España y el resto del primer mundo ante el avance impune de otro caudillo militarista que pretende instaurar en Venezuela una dictadura constitucional para luego exportarla?
No deja de ofender el hecho de que la causa del impasse inédito entre España y Venezuela se debió sólo a las reiteradas ofensas y acusaciones irresponsables que hiciera Chávez sobre Aznar, y en ningún caso tuvo que ver con la violación sistemática de los derechos humanos o con la perdida de la democracia en nuestro país. El problema se resume en que Chávez llamó “fascista” a un ex presidente español, cuando en su propio país ha acusado de lo mismo públicamente y con la misma irresponsabilidad a la iglesia, a los estudiantes, a los partidos políticos, a los empresarios y hasta a su militancia crítica. La única diferencia es que a Aznar no le afecta en lo más mínimo tal juicio de valor, mientras que a los venezolanos esa condena nos significa la perdida de nuestros derechos más básicos, incluyendo la propiedad, la libertad y hasta la vida.
Por lo tanto, el “¿Por qué no te callas?” pareció más bien un recordatorio de un pacto tácito de no agresión, algo así como “¿Por qué no te haces la vista gorda como nosotros y seguimos haciendo negocios?” No podemos olvidar que el gobierno de España, representado ya por Zapatero, le vendió cualquier cantidad de armas a Chávez sin importarle el destino de las misma y sabiendo ya el talante militarista del régimen venezolano. Armas con las que, por cierto, Chávez se da el lujo de amenazar a los nacionales españoles que protestan pacíficamente contra él en Venezuela.
Lo cierto es que las dictaduras militaristas latinoamericanas siguen siendo una exotiquez para la mayoría de los europeos que pretenden pagar sus complejos acumulados por tantos siglos de civilización con nuestro retraso, alimentando el mito del “buen revolucionario”. Si a España no le fue difícil coquetear, mientras tenía los bolsillos llenos, con el régimen “castro-comunista”, tampoco le será difícil hacerlo con este “socialismo del siglos XXI”, siempre y cuando Chávez al menos no los insulte. Es como sí a los latinoamericanos nos quedarán grandes los principios democráticos de separación de poderes, supremacía constitucional, respeto a las minorías y pluralidad ideológica. No entendemos como episodios inéditos que han significado una exclusión inhumana, inmoral y antidemocrática, tales como la “lista Tascón”, el “rojo-rojito” de PDVSA y el propio proceso de reforma constitucional, no han merecido ninguna condena internacional. Mientras que para el Primer Mundo la democracia implica un conjunto de principios y valores que garantizan la convivencia y el consenso social, para nosotros la democracia se tiene que resumir tan solo a elecciones y poco importa que se persiga y excluya una gran parte del pueblo que tienen que aceptar que las mayorías políticas eventuales estén por encima de sus derechos más básicos.
Lo más paradójico de todo esto es que Chávez logra la complicidad internacional gracias al capitalismo más feroz y salvaje, ese que es capaz de comprar conciencias y de someter principios. Es por esto que luego de haberse quedado callado ante el Rey de España en Santiago de Chile, contraatacó luego en Venezuela amenazando a los inversionistas ibéricos, con lo cual logró comprar nuevamente el silencio del gobierno español en momentos cuando se permitía radicalizar su tiranía. La verdad es que nos cuesta entender como un golpista convicto y confeso como Chávez se permite acusar sin pruebas de golpista a un ex-mandatario de una nación hermana, y al final todo sigue igual, no vaya a ser que algún español deje de ganar dinero.
Justo cuando los venezolanos estábamos a las puertas de un referéndum para aprobar una reforma fraudulenta e inconstitucional para permitir la presidencia vitalicia de Chávez, para acabar con la pluralidad, para atentar contra la propiedad privada y para secuestrar el Banco Central y las Fuerzas Armadas; se armó un escándalo internacional, pero no por la perdida de nuestra democracia, sino por el hecho de que Chávez insultó a Aznar y el Rey tuvo que pararse de la mesa con un gesto inédito de la corona española. Tamaña banalidad logró opacar el hecho de que en Venezuela se condena la expresión libre, se persigue a los disidentes, se confisca la propiedad privada y se acaba con la convivencia pacífica. Al menos el Rey pudo pararse de la mesa para convertir ese episodio tan solo en un mal recuerdo, pero nosotros tenemos que seguir sentados escuchando a un tirano que lo único que hace es sembrar odio y dividir al pueblo. El escándalo por la ruptura del protocolo de una cumbre justo cuando imperaba un silencio cómplice ante nuestra tragedia, deja en evidencia la indolencia de la comunidad internacional por la democracia y el sufrimiento de los pueblos.
Este episodio fue sucedido por el impasse con el gobierno Colombiano, siendo la moraleja la misma. Uribe tenía años haciéndose el “loco” con Chávez hasta que éste se permitió intrometerse en el conflicto interno de Colombia con un sesgo pro-guerrilla el cual no puede sorprender a nadie a estas alturas. Tuvo Chávez que ofender también a Uribe para que este se diera cuenta repentinamente del carácter autoritario y violento del régimen que tiene casi una década en sus narices. ¿Por qué solo cuando se sienten agredidos personalmente es que los gobiernos extranjeros se pronuncian a favor del pueblo venezolano?¿Es que acaso no puede haber solidaridades gratuitas ni siquiera cuando se trata de derechos humanos? Inclusive a veces hasta los que son insultados se guardan su orgullo para aprovechar la chequera petrolera de Chávez, como es el caso de Alan García. Da miedo pensar que sí Chávez le hace caso al Rey y se calla, o sea, no insulta o otros mandatarios, podrá hacer por siempre lo que le da la gana en Venezuela sin que la comunidad internacional lo condene. Menos mal entonces que es incapaz de callarse.
No estamos pidiendo intervencionismo de nadie, pero sí respeto y consideración por un pueblo que ha tenido que soportar la perdida sistemática de su democracia. Ojala que los españoles se preocupen menos por las formas y más por el fondo del problema, toda vez que tarde o temprano serán afectados por este renacer comunista que tiene sin duda planes expansionistas. Lo cierto es que ya los venezolanos conocemos la respuesta a la interrogante inicial, sabemos que se callan por dinero.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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