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“POR ESO, CASTÍGALOS”

Chávez no pudo ocultar su rabia al sentirse descubierto por la historia como lo que es realmente, una compilación de todos los males del pasado, a saber, el caudillismo, la incompetencia, la corrupción, el rentismo, la demagogia, el autoritarismo y la irresponsabilidad. Un día después de haber devaluado el bolívar a la mitad se dedicó a insultar a quienes se “atrevieron” a recordar el antecedente del “viernes negro” de Luís Herrera, prometiendo decirnos luego (otra promesa incumplida) las “grandes diferencias” de ambas estafas.

Claro que la historia nunca se repite de forma idéntica y por supuesto que existen algunas diferencias, como por ejemplo que ahora el BCV no es autónomo, que esta vez la devaluación fue superior alcanzando la histórica cifra de cien por ciento de perdida de valor de la moneda y que ya no está garantizado como antes el derecho del pueblo de cambiar el gobierno democráticamente luego de su fracaso. Pero en el fondo la similitud es demoledora. Tanto en “la cuarta” como en “la quinta” la devaluación de la moneda ha sido la solución irresponsable ante la quiebra de los gobiernos, toda vez que es la manera de rendir los dólares que ingresan al país por concepto de renta petrolera.

No es difícil entenderlo, en Venezuela el gobierno gana en dólares (vende el petróleo en el mercado internacional) y gasta en bolívares, por lo que cuando la plata no le alcanza para pagar sus gastos solo tiene que devaluar de un plumazo la moneda nacional para obtener mas bolívares por cada dólar que le entra. Por ejemplo, a partir de este “viernes negro” reencauchado, el gobierno nacional (o sea Chávez) ahora tiene el doble de bolívares que antes; técnicamente de la “noche a la mañana” es el doble de rico. Pero la otra cara de esa moneda (devaluada) es que el pueblo venezolano, que sí gana en bolívares, ahora es el doble de pobre. Esa sí es la maldición del petróleo de la que ahora habla cínicamente Chávez, ya que en Venezuela. hasta tanto no se democratice la renta petrolera y el gobierno deje de ser el único dueño de los dólares que entran al país, habrá un gobierno cada vez más rico y un pueblo cada vez más pobre.

Haciendo una analogía capitalista, podríamos decir que Chávez en su calidad de administrador quebró el país, al tiempo que los venezolanos en calidad de accionistas estamos obligados a subsidiar dicha quiebra con un aumento de capital decretado que se materializará a través del fenómeno conocido como inflación. Desde el punto de vista político es más sencillo, gracias al gobierno de Chávez todo el dinero producto de la renta petrolera de esta última década (la más abundante de la historia del país) se fue en corrupción, negligencia, regaladora, incompetencia y demagogia; y nada se tradujo en inversión productiva, generación de empleo, servicios público o seguridad social. El caso es que Chávez resolvió su problema y se garantizó el dinero para pagar su campaña electoral (nacional e internacional) y para seguir financiando su fracasada gestión. Pero lo hizo al mejor estilo de “la cuarta república”, a costa del empobrecimiento del pueblo venezolano.

Lo más descarado de todo es que el anuncio de este nuevo “viernes negro” no vino acompañado de una seria rendición de cuentas ni mucho menos de las rectificaciones debidas. Luego de haber gritado a los cuatros vientos que el país no entraba en crisis ni siquiera en un escenario donde el petróleo se cotizara a cero dólares (“póngame el petróleo a cero”), Chávez devalúa un cien por ciento la moneda con el petróleo sobre los ochenta dólares y en alza, lo cual evidencia la gravedad de la situación fiscal del país.

¿Y los diputados de la asamblea nacional? ¡Bien, gracias! Ellos ya admitieron que no están ahí para velar por el pueblo ni mucho menos para cumplir con sus deberes constitucionales, sino para complacer los caprichos de Chávez, quien es el responsable de esta tragedia. Pero el cambio sigue estando en nuestras manos, así que como diría Guaco, “por eso (y mucho más) ¡castígalos!”

JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
(twitter: @chatoguedez)

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