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LA LUZ AL FINAL DEL TUNEL

(Artículo de opinión. Publicación: 07/01/2010 01:00:00 a.m. El impulso.)

Chávez ha sabido convertir en muchas ocasiones las crisis en oportunidades y a veces llega al colmo de la habilidad de convertir sus fracasos en virtudes. Ahora en relación con el colapso del sistema eléctrico nacional pretende hacer lo mismo al esconder su negligencia y corrupción detrás de la polémica sobre los centros comerciales. Con el decreto de restricción de horarios de los centros comerciales, Chávez logra que la opinión pública se concentre en defender los privilegios y el estilo de vida de la clase media, en vez de responsabilizarlo por el fracaso rotundo de su gestión estatista evidenciada en la desinversión en el sector eléctrico y en la corrupción campante de su gobierno.

Claro que es un derecho (y quizá un deber) defender las libertades por más sutiles que sean, por lo que es válida y legítima la indignación que ahora siente un sector de la sociedad al ver modificado súbita y arbitrariamente su estilo de vida. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico-político, sería un error resumir tan complejo tema con una simple defensa al “Sambil” y al horario nocturno de los cines. Esa es justamente la trampa, ya que en Venezuela ir al cine sigue siendo un privilegio y la mayoría del pueblo que no tiene la oportunidad de refugiarse en un cetro comercial vive desde hace tiempo ya con un “toque de queda” virtual impuesto por el hampa y la inflación.

Esta nueva medida socialista claro que afecta de forma directa a un gran sector que debe expresar su indignación de todas las formas posibles, pero la dirigencia política tiene el deber de interpretar la jugada del adversario para contraatacar de la mejor manera de cara al escenario electoral, que es el escenario de lucha planteado en este momento. Para esto se debe insistir en desnudar la incompetencia del gobierno y denunciar su irresponsabilidad grotesca. Igualmente se debe defender el derecho al trabajo del pueblo que está siendo violentado con estas medidas que restinguen la productividad y afectan la economía. Pero sobretodo hay que seguir abordando el tema del servicio eléctrico de forma integral sin perder la conexión con el drama que viven desde hace tiempo los sectores populares que luego de diez años de revolución siguen sin tener agua, luz, seguridad, transporte ni empleo. No podemos limitarnos a defender los privilegios de la clase media y dejar que Chávez siga convirtiendo el resentimiento en votos, con una gestión de venganza que no resuelve ningún problema.

Le tocará a los centros comerciales responder desde el terreno que conocen y al mejor estilo capitalista deberán adaptarse a las nuevas condiciones con plantas eléctricas autónomas que les permita retomar la vigencia total de sus negocios. De esta manera perderían vulnerabilidad ante cualquier “hecho del príncipe” y consolidarían ese exitoso (y rentable) modelo de negocio que se ha convertido en las nuevas plazas de las ciudades y en el refugio de gran parte de la población que se siente amenazada de muerte en las calles del país. Si no lo hacen estaría rindiéndose.

Por nuestra parte, solo nos toca ratificar el objetivo de derrotar políticamente el comunismo que nos pretenden imponer. Para eso la unidad es necesaria pero no suficiente. Tenemos que seguir en las calles denunciando oportunamente el fracaso de esta vieja gestión y proponerles a las grandes mayorías un proyecto que sí solucione sus problemas. Podrán apagarnos la luz en los centros comerciales, pero está en nuestras manos mantener encendida la luz al final del túnel y mantener viva la esperanza de cambio y progreso en el país. (twitter: @chatoguedez)

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