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EL EMBAUCADOR MAYOR
Escribo esta entrega justo cuando se desarrolla la cadena en la que Chávez lanza la “Gran Misión Venezuela en Amor Mayor” con la que se pretende seguir explotando la necesidad de los adultos mayores venezolanos, con fines proselitistas y exclusivamente electorales. El mismo presidente que le negó el beneficio del “cestaticket” a los adultos mayores y que es el responsable político de la mora legislativa sobre las leyes de la seguridad social que nunca llegaron, ahora luego de trece años convierte la necesidad que él mismo ha creado en panfleto propagandístico para disfrazar su fracaso en promesa electoral.
El caso es que según la constitución aprobada por el pueblo en 1999, la pensión de vejez es un derecho universal al que deben tener acceso, sin excepción, los hombres mayores de 60 años y las mujeres mayores de 55. Si eso hoy no es así, es porque los diputados chavistas no han querido desarrollar legislativamente dicha norma constitucional y no aprobaron las leyes que sobre el particular mandaba el constituyente. Por culpa de Chávez y nadie más, seguimos arrastrando todavía el viejo, colapsado y ya inconstitucional sistema de seguridad social que depende de cotizaciones indirectas y patronales, y que excluye a los trabajadores informales y a los adultos mayores más necesitados.
Lo que sí ha hecho Chávez es repartir algunas “migajas” cada vez que hay una campaña electoral, aprobando decretos para generar expectativas a los adultos mayores que lo único que piden es que se cumpla la constitución y se les incluya en el sistema de seguridad social para contar con una pensión de vejez digna. El último decreto presidencial fue el 7.041 aprobado en la campaña electoral de 2010 para crear un mecanismo temporal y excepcional para que los adultos mayores completaran sus cotizaciones y obtuvieran su pensión. Inexplicablemente ese decreto se aplicó de forma excluyente y recaudadora, dejando por fuera a la gran mayoría de adultos mayores que no cuentan con recursos propios para completar sus cotizaciones. Nosotros hemos solicitado por todas las vías políticas y jurídicas que se les otorgue a los inscritos en dicho decreto un crédito de la banca pública para que puedan completar las cotizaciones, quedando la pensión como garantía suficiente para el pago del préstamo. Este fue justamente el compromiso que a principio de año asumió Chávez en el acto de memoria y cuenta en la Asamblea, cuando el diputado Alfredo Ramos lo increpó para hacerle la propuesta. Tampoco los actuales diputados del PSUV han querido discutir las iniciativas legislativas introducidas por Alfredo en nombre de la MUD para desarrollar formalmente un sistema de pensiones universal, solidario y directo, que no dependa de la dadiva demagógica y manipuladora del gobierno.
Ahora, en esta nueva campaña electoral, olvidando que tiene trece años mandando, el embaucador mayor anuncia una “misión” para seguir traficando con un derecho constitucional. Se trata de hacer un censo para darle la pensión, no a todos los que tienen derecho a ella, sino solo a quienes ellos decidan con criterio partidista y excluyente, cual chantaje miserable. Ya no es un derecho, sino un privilegio político y es Chávez el que decidirá quien tiene y quien no tiene pensión en el país. Por eso es que no aprobaron la ley correspondiente en la asamblea, para poder seguir manipulando a la tercera edad con fines proselitistas. Pero lo cierto es que la “revolución” no fue capaz de crear un sistema de seguridad social digno y universal como mandaba la constitución. Tampoco fue capaz de incluir formalmente en el sistema a las amas de casa, campesinos y al sector informal como era debido. Mucho menos se atrevió a otórgales el beneficio del ticket alimentación.
La estrategia es clara, Chávez presupuesta el petróleo a menos de la mitad del precio real para quedarse con la otra mitad del dinero público y utilizarlo para su campaña. De esta manera, secuestra los derechos constitucionales para traficar con ellos y cambiarlos por votos. Quiere hacer creer que solo los que estén con él tendrán acceso a vivienda, pensión, beca y trabajo. El Estado es él cual monarquía del siglo XVII. Se trata de convertirse en el dueño del país y de los venezolanos. Una especie de Dios en la tierra.
Pero los venezolanos no venderán su alma al diablo. El pueblo sabrá agarrar lo que le toca por derecho sin hipotecar el futuro del país y su libertad. La gente lo que quiere es paz, bienestar y progreso y eso solo se logra creando puestos de trabajo formarles y generando seguridad ciudadana. Chávez adelanta la campaña frenéticamente como si el tiempo no le alcanzara, comprando votos de forma descarada valiéndose de los problemas sociales que no supo resolver en década y media. El hecho cierto es que detrás de una “gran misión” hay un gran fracaso que se quiere tapar. El pueblo no es pendejo.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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