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LA IDEOLOGÍA DE LAS DICTADURAS
Hace poco los muchachos del programa “Zurda Konducta” que trasmite VTV contaban horrorizados sobre la ley anunciada por Piñera en Chile para criminalizar las protestas y la disidencia, estableciendo cárcel sin beneficios a los que tranquen vías públicas o hagan huelgas en empresas básicas. Fue realmente un espectáculo ver a esos entusiastas revolucionarios tildar de “fascista” al presidente chileno, sin percatarse que Chávez había hecho exactamente los mismo hace ya seis años.
Ciertamente, fue en 2005 cuando los “chavistas” modificaron el Código Penal venezolano para establecer las peores penas a quienes protesten en vías públicas, hagan huelgas en empresas del Estado y hasta a quienes “ofendan” de alguna manera (publica o privadamente) al presidente, sus ministros o al resto de los representantes de los poderes públicos. Esta reforma legal es la que ha anunciado como copia al carbón el presidente Piñera en Chile, generando la indignación de la militancia “socialista” venezolana que reconoce el derecho a la disidencia en otras latitudes, mientras que aquí excluye y persigue a la mitad del país que se opone democráticamente al gobierno.
Lo interesante de esto es la similitud de los procesos de la Venezuela de Chávez y el Chile de Piñera, a pesar de las insalvables diferencias ideológicas. El caso es que los extremos se tocan en política, y es que no hay nada más parecido a un “fascista” que un “comunista”. Chávez y Piñera son los campeones en el continente de la política del “gas del bueno” cuando se trata de reprimir a los estudiantes que reclaman legítimamente derechos. Por esta razón es que vemos a un Piñera proponer ahora la misma reforma legal que aprobó Chávez hace seis años con la intención de criminalizar la protesta y perseguir a la disidencia, como lo ha hecho sistemáticamente por años.
El tema de fondo es que las dictaduras al final no tienen ideología más allá de ejercicio ilimitado del poder absoluto en perjuicio de las libertades ciudadanas. Los grotescos, emblemáticos y lamentablemente cercanos casos de Gadafi y Fidel, respectivamente, nos deben servir de referencia para entender el tipo de gobierno que se avecina en el supuesto negado de contar con un nuevo período de Chávez en el poder. No es casualidad escuchar a Chávez decir cada vez más seguido cosas como que va a mandar a las parejas jóvenes sin hijos censadas en la “misión vivienda” a vivir en la faja del Orinoco. Se trata de convertir a un país en un cuartel y de tratar a sus ciudadanos como soldados, tal y como sucede en Cuba donde el régimen trafica con personas para comprar petróleo y otros bienes. Así es, o ¿Es que los Castros no nos pagan el petróleo que le enviamos, con el trabajo esclavizante y obligatorio de los médicos cubanos? El día de mañana serán los médicos venezolanos los que tengan que ir obligados a otros países a vivir en condiciones precarias para prestarle sus servicios a extranjeros para beneficio de su gobierno. Así es el comunismo.
Es por esto que la Unidad Democrática plantea el rescate de la democracia, con alternabilidad, pluralidad, libertad y derechos para todos, incluso para las minorías. El próximo gobierno, se enfocará en resolver los problemas acumulados de la gente, con políticas públicas efectivas e incluyentes, sin deparar en los complejos ideológicos que solo sirven de excusa a tiranos incapaces. Ahí está el ejemplo de Brasil, un país con alternabilidad en el poder donde en una década se han sacado a más de veinte millones de personas de la pobreza, gracias al estímulo a la inversión privada que es la gran generadora de empleos y progreso. Y esa es la gran ironía de esta historia, detrás de la verborrea socialista, los hechos hoy nos demuestran que Chávez se parece mucho más Piñera (o a Uribe en su época) que a Lula, quien fue incapaz de criminalizar la protesta o de pretender permanecer indefinidamente en el poder.
Llegó la hora de evaluar a este gobierno de trece años que ha contado con la mayor cantidad de ingresos petroleros de nuestra historia. Lo único que le ha hecho el “capitalismo mundial” a Venezuela en estos años, ha sido mantener el precio del crudo venezolano promediando los cien dólares por barril. Lo que hizo este gobierno con esos reales, es el verdadero tema que hay que debatir. El discurso “socialista” ha sido la fachada de una verdadera estafa política. Mientras el “chavismo” solo habla de los estudiantes de Chile, los indignados de España y el caso de Libia; aquí en Venezuela se dañan los aviones, se hunden las carreteras, chocan los trenes, colapsa el sistema eléctrico y quiebran las empresas estatizadas. No se trata de izquierda y derecha, ni de socialismo y capitalismo. Se trata de dictadura o democracia, de atraso o progreso, de opresión o libertad.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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