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EL CARÁCTER PREVENTIVO DE LA DEMOCRACIA

Siempre me ha parecido reveladora la advertencia que le dejó a la humanidad el gran filósofo británico del siglo pasado Bertrand Russell, quien aún siendo socialista y entusiasta de los comienzos del comunismo (al final tomó distancia), llegó a afirmar que la democracia es el único sistema capaz de prevenir ciertos peligros y evitar males mayores. Estamos hablando de una persona que tuvo la oportunidad de comparar en tiempo real las virtudes de la democracia representativa inglesa con las tragedias totalitarias de la Alemania de Hitler (fascismo) y de la Rusia de Stalin (comunismo). Eso es lo que hace interesante la definición “russelliana” de la democracia, ya que no pretende idealizarla ni convertirla en panacea, sino que apunta a un elemento tan simple como contundente, haciéndonos ver que la mayor virtud de la democracia no está en lo que ofrece sino en lo que evita.

Ese carácter preventivo de la democracia puede pasar desapercibido en una sociedad como la nuestra, tan ajena (hasta ahora) al totalitarismo y a esos “ciertos peligros” y “males mayores” a los que se refería Russell. Ni siquiera las dictaduras venezolanas pasadas ya olvidadas por la mayoría, servirían para graficar la naturaleza del régimen que pretende consolidarse el año que viene con la cuarta reelección continua del “comandante”. No se trata esta vez solamente de opresión política para mantenerse en el poder, sino que estamos en presencia de algo inédito en nuestra historia, estamos hablando de totalitarismo, como el de Stanli, Hitler o Castro. La diferencia es que en estos casos el régimen no solo controla las instituciones políticas, sino que interviene en todos los ámbitos de la sociedad, desde el económico hasta el religioso, de ahí el término de “total-itarismo”. De ahí la pretensión de generar al “hombre nuevo”.

Sin embargo, a estas alturas ya es posible establecer comparaciones entre la era de la democracia representativa venezolana y estos inicios de una revolución con pretensiones totalitarias, a fin de comprobar la hipótesis de Russell. ¿Qué peligros evitaba la democracia que ahora son probables o hasta inminentes? En la Venezuela actual ya nos acostumbramos a estatizaciones arbitrarias, atentados terroristas, cierre de medios, persecuciones políticas, milicias armadas y gritos de guerra. Incluso somos hoy en día aliados del extremismo islámico iraní en el marco de un conflicto mundial que pudiera generar una nueva guerra. Pero recientemente, ha sucedido algo mucho más emblemático e íntimo que es lo que motiva todo este disertimiento, me refiero a los atentados terroristas contra el patrimonio religioso y cultural de los venezolanos, sobretodo de los larenses, quienes padecimos hace días el trauma de ver destruidas y profanadas varias representaciones de nuestra virgen y patrona La Divina Pastora.

Pero el dolor que siente la colectividad hoy no es solo por esos salvajes atentados, sino también por saberse indefensa e impotente ante un sistema de justicia secuestrado que mete preso a empresarios, jueces, trabajadores y políticos; al tiempo que protege de forma cómplice a malandros que operan a la luz del día en nombre del partido de gobierno. Estos son los “ciertos peligros” y “males mayores” que evita un sistema democrático con pluralidad y separación de poderes. Es la ausencia de control y la concentración desmedida de poder la que deja indefensa a la población ante el Estado y la cúpula gobernante. Por ahora, estos episodios inéditos pueden servirnos como advertencia sobre peligros mayores que pueden venir en una etapa de profundización del comunismo que comienza a dibujarse. No podemos acostumbrarnos a vivir en un país donde todo lo malo es posible, donde perdamos la capacidad de indignación, donde nos resignemos a padecer injusticias.

La sabiduría popular reza que “nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”. Sin embargo también es sabido que la vida nos da siempre una nueva oportunidad. Estamos obligados a recuperar la democracia para resguardar la convivencia pacífica y civilizada, y para reivindicar los valores de la pluralidad, el dialogo y el consenso. Ya se nos están metiendo literalmente en las casas, ya la persecución no es solo política y ni la religión sirve de refugio. Actívate y rescatemos juntos la democracia. Evitemos males mayores.

JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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