Hace unas semanas un experimentado consultor político venezolano que fue además uno de los asesores principales de Chávez en las elecciones de 1998, nos advertía que una de las claves del éxito electoral del actual presidente es que este nunca hablaba sin polarizar, y tan es así que una de las líneas de acción política lanzadas este año por el propio Chávez a sus seguidores partidistas es la “repolarización”. Esta técnica consiste en asociarse con valores positivos mientras se descalifica a la contraparte asociándola con los contravalores respectivos. Es así como el discurso polarizante de Chávez está plagado de dicotomías entre inclusión y exclusión, alegría y amargura, paz y violencia, igualdad y explotación, socialismo y capitalismo, patriotismo e imperialismo, pueblo y burguesía, entre otros. El caso es que Chávez siempre que habla se define a sí mismo asociándose a todo lo bueno (polo positivo), al tiempo que define a la oposición asociándola a todo lo malo (polo negativo).
Ahora bien, aunque a nosotros el discurso de Chávez nos pueda parecer de entrada falaz y manipulador no podemos subestimar su efecto luego de 13 años de propaganda abusiva utilizada para polarizar constantemente según su única versión. Por eso es que uno de los retos de la unidad democrática de cara al 2012 es, además de escoger en primarias a los candidatos, construir un discurso alternativo que logre establecer el verdadero dilema entre el continuismo y el cambio. En ese orden de ideas no cabe dudas que el “issue” electoral que debemos desarrollar es el de la democracia, polarizando o constatándola con las dictaduras comunistas que sirven de ejemplo e inspiración al gobierno. Quien pudiera dudar a estas alturas que una nueva reelección de Chávez significaría la consolidación de un régimen tiránico y la muerte definitiva de la democracia plural. El triunfo de la unidad sería el triunfo de la democracia que nos ahorraría además episodios como los vividos actualmente en el medio oriente luego de décadas de caudillismos personalistas como el nuestro.
Por eso tenemos que levantar la bandera de la democracia y denunciar sin complejos la dictadura que se avecina en Venezuela si no nos atrevemos a cambiar las cosas. Nosotros representamos actualmente la unidad, la democracia, el cambio, la alternabilidad, la pluralidad, la tolerancia, la libertad y la paz, mientras el llamado “socialismo del siglo veintiuno” es división, dictadura, continuismo, reelección indefinida, uniformidad, pensamiento único, imposición y guerra. Estos son los dos modelos de los que habla Chávez, solo que los describe al revés. Pero basta con mirar a sus amigos y aliados Gadafi, Ahmadineyad, los hermanos Castros y Lukashenko para entender cual es el verdadero talante de Chávez y del régimen que pretende imponer de espaldas a nuestra constitución. Es muy simple, tenemos que suplantar la polarización de utilería basada en argumentos ideológicos arcaicos utilizada constantemente por Chávez, por una polarización real y practica que haga entender a todo el electorado que debe escoger entre democracia y dictadura.
La democracia está de moda en el mundo, incluso en el medio oriente. Vamos a rescatarla electoralmente mientras se pueda. El tirano se irá como llegó, por la voluntad del pueblo soberano. La campaña comenzó.
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