Ya la fórmula del éxito para el cambio político dejó de ser secreta, al quedar comprobada una vez más el pasado 26 de septiembre, cuando le ganamos en votos al PSUV, como antesala de la venidera elección presidencial. Unidad y trabajo es la receta que nos ha permitido recuperar espacios progresivamente, al tiempo que se consolida la nueva mayoría electoral. Una sin la otra no son suficientes, por lo que tenemos que seguir trabajando unidos para derrotar definitivamente este régimen militarista que está destruyendo al país.
Claro que esta simplificación de la estrategia política deja sin trabajo a muchos asesores y opinadores de oficio que apostaron al fracaso de la MUD alimentando mitos como el de los “nini”, la “despolarización” o la “tercera vía”. Detrás de estas tesis se esconde una especie de “chavismo endógeno” o “contracaudillismo”, cuya falsa premisa se basa en que más de la mitad del país está esperando a una especie de nuevo mesías cuyo carisma original cautivará a todos los “no alineados”. Con la promesa de que “quien logré hablarle a los nini es invencible”, personajes como Schemel han embaucado a una serie de líderes y candidatos que han pagado muy caro el haber creído en tal espejismo. Entre las víctimas se pueden enumerar varias, a saber: 1) Augusto Uribe, quien según Schemel le ganaba a Ledezma la Alcaldía Mayor, 2) Rojas Suarez, quien según este mismo personaje tenía más votos que Andrés Velazquez en Bolívar, 3) Marisabel Rodríguez, que supuestamente ganaba de atraco la alcaldía de Iribarren, y más recientemente, 4) Henri Falcón, quien según Schemel sacaba 8 diputados en Lara. Como se puede ver, se trata de un cementerio político creado por la misma falsa premisa que ha sido muy bien mercadeada entre algunos incautos, no solo por asesores, sino también por conocidos opinadores que usan el chantaje como argumento.
El caso es que mientras llega ese elegido o “rey de los nini”, los partidos políticos serios y responsables han decidido crear la “unidad democrática” para enfrentar con éxito a Hugo Chávez y su pandilla, entendiendo una sola cosa, que en la unidad está la fuerza requerida para tal fin. Lo que pasa es que en esa instancia no hay caudillos y las decisiones se toman en consenso y con mucha tolerancia. Y esa es su mayor virtud, ya que es la antítesis del gobierno actual, es la alternativa al personalismo mesiánico, se trata de la institucionalidad, palabra que se nos ha perdido en el tiempo. Nadie puede dudar que hoy la MUD (coordinada brillantemente por el paisano Ramón Guillermo Aveledo), es la instancia más plural y representativa del espectro político y social venezolano. En la unidad no hay talanquera, sino una puerta abierta, por lo que quien no ha llegado es porque no ha querido. Aprendamos de una vez por todas la lección y dejemos de imitar a Chávez con estrategias personalistas que en nada contribuyen. En todo caso, a la hora de votar nadie es “nini” y todos son convocados por uno de los dos polos existentes. Asumamos sin complejos el reto de ser el polo de la democracia, de la unidad y del cambio verdadero. Unidad para ganar.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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