Aunque en el país han sucedido muchas cosas trascendentes la última semana, preferimos referirnos hoy al hecho que tiene que ver más directamente con el foco electoral de cara al próximo 26 de septiembre. La actual Asamblea (moribunda) dominada por la mayoría calificada compuesta por el consorcio PSUV, PPT y PCV, interpeló a puerta cerrada nada menos que al Cardenal Jorge Urosa Sabino simplemente por haber emitido una opinión en cuanto al talante comunista del proceso “chavista”.
En primer lugar debemos decir que lo dicho por Urosa no es ningún secreto y su veracidad no requiere pruebas, toda vez que ha sido confesado abiertamente por el propio Chávez en ese mismo hemiciclo parlamentario, donde se ha declarado marxista y donde se le ha rendido pleitesía a su “padre” Fidel. Pero más allá de lo acertado de sus declaraciones, no podemos seguir tolerando que las instituciones del Estado secuestradas por el caudillo, hostiguen y persigan a quienes emiten opiniones que puedan resultarle incomodas al régimen. Y en el caso de la Asamblea Nacional resulta intolerable que se presten para atacar a la Iglesia Católica cuando han sido incapaces de investigar lo de Pudreval. En vez de hostigar e irrespetar al Cardenal Urosa deberían interpelar al ministro Ramírez por la corrupción apestosa de PDVSA, o al ministro Cabello por el escándalo de los puertos monopolizados, o al ministro El Aissami por los fracasos sistemáticos de los planes de seguridad de la nación, o al ministro Giordani por la devaluación del bolívar fuerte.
Para más colmo y como todo abuso es cobarde, los diputados prohibieron que se transmitiera al país la infame y tristemente célebre interpelación al Cardenal, la cual había sido solicitada por ellos en un debate que sí fue público y donde casi todos agredieron verbalmente e insultaron a Urosa en su ausencia. Por lo tanto el representante de la Iglesia no contó con el debido derecho a réplica y tuvo que soportar tamaña inquisición a puerta cerrada. En todo caso el diputado demócrata de Podemos Juan José Molina, contó a través de su twitter y en tiempo real algunas cosas sucedidas, como el comentario del diputado Graterol quien reclamó a Urosa que la iglesia no había dicho nada hace quinientos años cuando los españoles asesinaron a los indígenas. Y se pregunta uno, ¿Qué han hecho estos diputados por los venezolanos asesinados impunemente durante estos últimos once años? Ni siquiera han abierto un debate sobre el principal problema del pueblo que es la inseguridad. ¿Con qué moral estos encubridores de la corrupción de Pudreval y alcahuetas de un gobierno autoritario e incapaz, se atreven a reclamarle algo a un digno venezolano como es el Cardenal Urosa? Igualmente el diputado Molina, convertido circunstancialmente en reportero, dio cuenta también de la actitud cómplice y acomodaticia del PPT, cuyos diputados no abrieron la boca en ningún momento para defender la dignidad de la iglesia católica y permitieron pasivamente ese nuevo episodio de persecución. Dicen una cosa aquí, hacen otra cosa allá y cobran por todos lados.
Eso es precisamente lo que vamos a cambiar este 26 de septiembre con el voto mayoritario del pueblo. Vamos a rescatar la Asamblea Nacional para reivindicar nuestra constitución y para pedirle cuentas al gobierno sobre su gestión corrupta y fracasada en materia de seguridad, salud, vivienda, pensiones, educación y servicios públicos. Vamos a aprobar leyes no para perseguir a nadie, sino para resolver los problemas de todos, como son la ley del primer empleo, la ley de amnistía, la ley de desarme, la ley de pensiones y jubilaciones y la ley del cestaticket petrolero, entre otras.
Lo sucedido recientemente en la Asamblea con la interpelación del Cardenal Urosa Sabino es una muestra elocuente del camino absolutista y despótico por el cual Chávez pretende enrumbar al país, a menos que le demos un “parao” democrático este 26 de septiembre votando por el cambio verdadero que representa la Unidad Democrática. Amén.
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