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“¡ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO!”

La frase que titula esta entrega es una expresión mundialmente conocida luego de que fuera utilizada por Bill Clinton en su exitosa campaña electoral de 1992 que lo llevó por primera vez a la presidencia de los Estados Unidos, derrotando en esa oportunidad a George Bush padre. Dicha expresión resumía toda una estrategia basada en enfocarse en los temas más relacionados con la vida cotidiana de los ciudadanos y con sus necesidades más sentidas, producto de la caída económica que experimentaba la potencia del norte.

Para el momento que escribo estas líneas, el canal internacional de noticias CNN está promocionando la más reciente entrevista realizada a Hugo Chávez, y en uno de los avances ya se puede ver al presidente venezolano admitiendo la caída de la economía del país por tres trimestres consecutivos. Y es que no podía ser diferente, luego de que el gobierno decretara a principio de año la más traumática devaluación de la moneda en nuestra historia, anunciando también de forma tácita la quiebra del país en medio de una era petrolera sin precedentes, en la que han ingresado los más extraordinarios recursos gracias a un precio del crudo que ha estado sostenidamente por encima del valor del presupuesto nacional. Sin duda fue un “suicidio en primavera” por el cual nadie ha rendido cuentas pero que tiene sumergido al país en una profunda crisis económica sometiendo a la población a los embates despiadados de la inflación, la escasez, y el desempleo.

Por lo tanto en el marco de esta histórica campaña parlamentaria, debemos desarrollar a fondo el tema económico y conectarnos con la gente en cuanto a sus necesidades más básicas. Tenemos que defender sin complejos el derecho de propiedad y las libertades económicas consagradas en la constitución, haciéndole ver incluso a los “chavistas” que la política de expropiaciones y de persecución al trabajo solo nos traerá más miseria. Poniéndole un “parao” desde la asamblea al gobierno militarista y legislando para la gente, se puede controlar la inflación y generar puestos de trabajo, al tiempo que se protege la propiedad de todos los venezolanos y los derechos de los trabajadores. Será el comienzo de un cambio que nos lleve a la Venezuela productiva con bienestar y progreso para todos, sin odios ni venganza, sino con paz y justicia.

A estas alturas ya quedó claro que el “socialismo” de Chávez no produce alimentos, por el contrario se basa en la importación de bienes que sí son producidos por empresas capitalistas en otros países como Argentina y Brasil, generando en aquellas latitudes trabajo y progreso, mientras que en suelo patrio se destruye la productividad nacional en perjuicio de nuestro pueblo. Ya está evidenciado que este gobierno no es capaz de construir nada nuevo y se limita a expropiar las cosas que ya están funcionando para luego destruirlas con corrupción, burocracia e ineficiencia. Ya se sabe que este gobierno como patrono es fascista y neoliberal, ya que prohíbe los sindicatos, persigue a los líderes obreros, desconoce el sagrado derecho a huelga y elimina beneficios laborales consagrados como el HCM, entre otros. Luego de once años la realidad es más que elocuente y está a la vista de todos. Lo que hay que hacer es conectar el fracaso económico del gobierno con la gestión arrastrada de los actuales parlamentarios que desarrollaron, a espaldas de la constitución, el marco legal de este modelo procomunista empobrecedor que ya está colapsando. Tenemos que hacerle entender a la gente que votando por la unidad el próximo 26 de septiembre está defendiendo lo suyo y lo de su familia, y por la posibilidad de construir un futuro entre todos respetando la constitución y promoviendo la inversión y productividad privada.

La libertad de expresión y la democracia son principios indeclinables que siempre defenderemos, pero desde el punto de vista político llegó la hora de hablar de economía, teniendo en cuenta que el fracaso del modelo actual ya está llegando al estómago del pueblo venezolano que necesita una alternativa capaz de superar la pobreza en paz y con unidad social. Por eso nos robamos la frase de Clinton, y la tropicalizamos para concluir esta entrega: “Es la inversión privada, estúpido”
(twitter: @chatoguedez)


JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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