En el año 1997 Alfredo Ramos, en nombre de La Causa R y en calidad de Presidente de la Comisión de Asuntos Sociales de la Cámara de Diputados, propuso la Ley de Alimentación para los Trabajadores que creó el beneficio comúnmente conocido como “Cestaticket” para los trabajadores venezolanos. El impacto y la pertinencia de dicho beneficio laboral son innegables, toda vez que complementa el golpeado ingreso familiar en lo que respecta al consumo más necesario como es el de alimentación.
Ahora en el marco de esta histórica campaña electoral, la Causa R incorpora al conjunto de propuestas legislativas, el Proyecto de Ley de Democratización de la Renta Petrolera, para crear el “Cestaticket Petrolero” con el objeto de financiar necesidades de la población en las áreas de educación, salud, vivienda y pensiones. El concepto es muy simple y se fundamenta en la premisa de que el verdadero dueño del petróleo venezolano es el pueblo venezolano, razón por la cual este tiene el derecho a percibir un ingreso por concepto de regalías por parte de la empresa estatal (PDVSA) que explota dicho recurso. Estas regalías se acumularían en un Fondo Público para ser distribuidas anual, directa y equitativamente entre todos los venezolanos a través de unos Bonos (tipo cestatiket) que servirían solamente para costear gastos relacionados con salud, vivienda y educación, al tiempo que serían también imputables a las cotizaciones en el seguro social para la obtención de una pensión de vejez. Imagínense, por ejemplo, a un habitante del Barrio El Tostao de Barquisimeto con la posibilidad cierta de adquirir una Póliza de HCM para su familia, útiles escolares para la educación de sus hijos, y materiales de construcción para convertir (de verdad) su rancho en una vivienda digna. Esa sí sería una revolución.
De esta manera al menos una parte del ingreso petrolero, llegaría de forma directa al pueblo, democratizándose así la principal riqueza del país, la cual hasta ahora ha estado secuestrada por los gobiernos de turno diluyéndose en corrupción, burocracia, estatización, proselitismo e ineficiencia, mientras se acumula la deuda social. Solo así se rompería la ecuación perversa que nos ha dejado hasta ahora el petróleo, la de un gobierno rico y un pueblo pobre, lo cual constituye la más grande las injusticias y desigualdades de nuestra historia. Se pasaría de la etapa de la estatización a la etapa de la democratización, generándose por fin progreso y bienestar social.
Lo anterior no es populista, al contrario, la raíz del populismo político venezolano es justamente el dominio absoluto que tienen los gobiernos de la renta petrolera, lo cual les permite erigirse como los grandes benefactores del pueblo, cuando en realidad le está robando descaradamente su riqueza. Tampoco es inédito, ya que existen muchas experiencias similares en otros países que han logrado superar la pobreza democratizando entre sus ciudadanos el ingreso que produce la explotación petrolera. De hecho, ya existe en Venezuela un Fondo denominado FONDEM que se alimenta del excedente del ingreso petrolero, pero cuyo único beneficiario es el presidente de la república quien utiliza ese dinero para solucionar los problemas de otros países o para comprar armas bélicas. Nuestra propuesta lo que busca es que el petróleo de Venezuela se traduzca en beneficios concretos para los venezolanos, sin pasar por la intermediación discriminatoria y muchas veces corrupta del gobierno.
Seguiremos discutiendo esta y otras propuestas con la gente en las comunidades, convencidos de que un mejor futuro es posible.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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