DICTAMEN
LA “ELITE”
Nos acercamos a uno de los episodios más importantes de nuestra historia en el que nos estamos jugando, ahora sí literalmente, la democracia. Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que esta nueva batalla, la cual es inevitable, se dará dentro de un cuadro circunstancial diferente a los anteriores, ya que en menos de dos años han sucedido cosas tales como el despertar de los estudiantes, la división del “chavismo” y la unidad de los partidos de oposición Sin embargo es imposible no advertir esta vez una “ausencia” en principio inexplicable. Se trata de esos actores provenientes de lo que se ha llamado “sociedad civil”, representados por la “elite social” derivada en ONG’s, asociaciones profesionales, redes vecinales, gremios y personalidades, que habían mantenido hasta la fecha un rol protagónico en la lucha por la democracia y que ahora están “pasando agachados” en el mejor de los casos, o peor aún, están saboteando el consenso ya logrado en cuanto a la estrategia electoral con absurdas tesis alternativas tales como “la marcha sin retorno” o el “abstencionismo mágico”. Lo cierto es que mientras los estudiantes están en la calle jugándose el pellejo, los partidos están con las “uñas” montando el padrón electoral y armando una estructura que sea capaz de defender el voto, y un importante sector del “chavismo” está esperándonos para coincidir por primera vez con nosotros; la mayoría del liderazgo de esa “sociedad civil” no ha decidido todavía si votar o no, y sigue sin mover un dedo de cara al inmenso reto que significa el venidero referéndum sobre la reforma. Esta postura es respetable desde el punto de vista individual, toda vez que votar es un derecho que cada quien decide ejercer o no, pero si se analiza esta actitud a partir de las pretensiones de “dirigencia” de este sector que pretende hacer del abstencionismo una agenda política, tenemos que decir que es inaceptable y hasta condenable. Es por esto que hoy nos vamos a permitir analizar a este sector del país, dejando claro de entrada que, con el permiso de las respetables excepciones, vamos a hacer uso del antipático recurso de la generalización tan solo con fines didácticos.
Fue esa “elite social” la que ante el creciente deterioro de lo partidos en el periodo conocido como “cuarta república”, decidió hacer de su condición de “independiente” un principio dogmático sin advertir las consecuencias lógicas de tal deterioro, que no fueron otras que la crisis del sistema democrático y su sustitución por un régimen personalista como el actual. Aunque este divorcio con las estructuras partidistas estaba justificado, el mismo se tradujo en poco tiempo en una actitud de “antipolítica” que parecía obviar la máxima de que no puede haber democracia sin partidos. Luego en los primeros años del régimen “chavista”, esta “elite social”, viendo amenazado sus más legítimos intereses, asumió por cuenta propia el liderazgo político sustituyendo a los moribundos partidos en una etapa que culminó con los sucesos del 11 de Abril y el inmediato retorno de Chávez al poder. Inmediatamente se integró por primera vez con la burocracia partidista en el famoso formato conocido como “coordinadora democrática” en donde mantuvo un rol protagónico con voceros de la talla de Quiroz Corradi, entre otros. Con la frustración que dejó el revocatorio y disfrazando el fracaso con el discurso del fraude, retomaron nuevamente la bandera de la “antipolítica” y estimularon a más no poder el abstencionismo de cara a las elecciones parlamentarias, hasta el punto que lograron que los partidos a última hora se plegaran a su jugada con el retiro masivo de los candidatos. Luego se reconciliaron con el camino electoral gracias a la precandidatura de Teodoro Petkoff quien sorprendentemente logró despertar en esa “elite” toda clase de esperanza, tan solo por el hecho de que Teodoro “le habla duro a Chávez”. Fueron incapaces de contratar una encuesta para validar sus pronósticos y se restearon con Teodoro en una jugada hasta irresponsable que fue abortada por el propio Teodoro quien rectificó a tiempo, a pesar del frenesí de sus patrocinadores, poniéndose al servicio del único candidato que realmente tenía algún chance. Teodoro era el único precandidato sin partido que actuaba más parecido a una personalidad que a un político de oficio, y eso era justamente lo que más seducía a la “elite”. La declinación de la candidatura de Petkoff a favor de la de Rosales, hizo que esa “elite” fuera a votar en las pasadas elecciones presidenciales, pero con una factura guardada que sacaron inmediatamente después del triunfo de Chávez. Fueron incapaces de admitir que Chávez era todavía mayoría y de aceptar el reto de seguir construyendo un liderazgo alternativo, y prefirieron revivir los fantasmas del fraude y el abstencionismo, desconociendo el trabajo político realizado. Hoy esa elite con su habitual soberbia y terquedad desconoce las encuestas, menosprecia a los partidos, desestima a Baduel y subestima a los estudiantes, solo para seguir imponiendo su visión “antipolítica”, esa que ahora los lleva a hacerle el juego a Chávez estimulando el abstencionismo con argumentos insostenibles. Están creando su propia profecía al decir “no voten” para luego decir “perdimos otra vez, yo lo dije”. Están renunciando a su condición de dirigencia social al no participar en la preparación de los testigos, en la conformación del padrón electoral y en la misma campaña por el No, solo para invocar una rebelión extemporánea que solo existe en sus cabezas y que según ellos impedirá el referéndum, cuando todos sabemos que lo único que es capaz de impedirlo es justamente que la intención de voto por el No crezca hasta tal punto que el gobierno decida ahorrarse la derrota. Son incapaces de admitir siquiera la incuestionable compatibilidad del voto con los escenarios de radicalización, entendiendo al menos que no hay mejor oportunidad para la rebeldía que un fraude electoral.
Es lamentable que casi una década de Chávez haya pasado en vano para un sector tan importante del país que se resiste a aprender y a mejorar, y que ahora pretende presentar como solución mágica la propia causa de esta tragedia, que no es otra que esa “antipolítica”. La buena noticia es que el pueblo sí comienza a despertar y en la medida que se logre organizar adecuadamente con un liderazgo político renovado podrá abrirse camino y darse su propia salida. Finalmente aclaramos que nos sentimos provenientes de ese sector que hoy nos permitimos analizar así que tómese este artículo más bien como una autocrítica si se quiere, y a quienes se hayan sentido aludidos les pedimos por favor que se permitan reflexionar por un momento antes de meternos en esa “lista negra” junto a Rosales, Borges, Planas, Baduel, Marisabel, Ismael, Didalco, Porras y todos quienes sí estamos trabajando para ganar el referéndum y salvar la democracia.
Caso cerrado, el dictamen final lo tiene usted. joseguedez@yahoo.com
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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