DICTAMEN
EL DELITO DE NO SER PENDEJO
Desde hace un tiempo venía percibiendo un cambio en la atmosfera política, un nuevo elemento que no podía identificar de entrada, pero que tan solo de intuirlo ya me perturbaba. Tuvieron que pasar varias cosas para darme cuenta. Ya no solo se criminalizaba desde la oficialidad a la oposición, a la opinión, a la protesta, a la pluralidad, a la libertad; una nueva y superior etapa en la escala del totalitarismo había comenzado: la revolución decretó tácitamente la condena de la inteligencia.
Cuando logré llegar a esa conclusión ya todo tenía sentido. En la Venezuela de Chávez, en la misma que ser político o periodista es más peligroso que ser secuestrador o asesino, en esta patria confiscada por un caudillo más de su historia; es un delito mayor no ser pendejo. Por eso no solo hay que calarse la enmienda propuesta a espaldas de la constitución y en franca burla al soberano, procesada a instancias del caudillo por una asamblea rastrera y validada por la obvia complicidad del TSJ y el CNE, sino que además hay que llamarla “ampliación de derecho”. De repente Cília Flores y su pandilla se ensañaban, con la soberbia propia de la ignorancia, contra todo aquel que se atreviera a llamar “reelección indefinida” la propuesta de enmienda. Poco importaba que había sido el propio Chávez quien le dio ese nombre desde el comienzo, o que así mismo la llamaron ellos cuando la propusieron en la reforma rechazada. El caso es que ya los diputados, justificando el sueldo de años con la única tarea realizada, habían disfrazado la enfermiza ambición de Chávez con una pregunta tan grande como su farsa.
Igualmente recuerdo, ya sin perturbación alguna, la rueda de prensa del Ministro de Comunicaciones, a quien no vale la pena mencionar, denunciando con vehemencia el abuso mediático de la oposición. Ya no se conforman con justificar con cinismo el cierre de RCTV, las caprichosas y cotidianas cadenas o la utilización abusiva de VTV y el resto de los canales del Estado para fines propagandísticos al servicio de la parcialidad política que representa el presidente; ahora resulta que la oposición es culpable por insistir en expresarse en los reductos de los pocos canales independientes (ninguno de los cuales es de señal abierta nacional) y algunos medios impresos.
Finalmente ratifico la teoría escuchando a Chávez responder la pertinente pregunta de la periodista de CNN Patricia Jianot sobre su descarada omisión en cuanto al problema principal de los venezolanos que es la inseguridad. Al final de uno de los día más bizarros y tristes de nuestra historia en el que por primera vez un presidente electo decreta como día de jubilo nacional su ascensión al poder y se organiza él mismo una fiesta apoteósica con el dinero público, Chávez responde a distancia por la señal de CNN, luego de tratar sin éxito de desestimar los niveles de inseguridad en el país, con la siguiente perla: “es que yo no soy represivo”. Ahí estaba el mismo señor que había reprimido abiertamente con la Guardia Nacional las pacíficas protestas estudiantiles, el mismo que había creado la célebre frase “gas del bueno”, el mismo que había mandado ese mismo día a sacar la Guardia para cerrar los establecimientos abiertos (lo que constituye por cierto otro elemento novedoso: la criminalización del trabajo), el mismo del Plan Avila, del Golpe del 4F; diciéndole al mundo que su actitud pusilánime, negligente y hasta complaciente con la delincuencia que azota a Venezuela, se debía a que él no creía en la represión.
Ya no se trata solo de excluir a la disidencia o de desconocer los derechos constitucionales de las minorías políticas (y a veces hasta de las mayorías), sino que ahora además es obligante (so pena de persecución) rezar el credo revolucionario que establece, entre otras cosas, que la enmienda busca ampliar los derechos del pueblo, que Chávez es victima del abuso mediático por parte de la oposición, que los estudiantes son burgueses “hijos de papá”, que todos los hechos de violencia son autoatentados de la oposición apátrida y que la delincuencia (si la hubiera) se debe exclusivamente al inmenso corazón de un presidente pacifista. Así como hicieron ya con la historia patria y universal, ahora pretenden rescribir el presente con su versión sagrada de los hechos. Para eso hay que perseguir la inteligencia y el sentido común, hasta convertirlos en exquisiteces o necedades. Para eso hay que decretar la salvación de los pendejos, quienes interesada o desinteresadamente (pero pendejos al fin), se coman este cuento para convertirlo en una verdad bíblica. Hasta ahora no me había dado cuenta con tanta crudeza que en el “bigbrotherismo” que vaticinaba Orwell y que se materializa en Venezuela en la figura de Chávez, la verdad oficial no admite interpretaciones, aunque sea ridículamente absurda. Siendo así, podemos decir que actualmente en Venezuela, pensar es resistir, y muy pronto será conspirar.
Caso cerrado, el dictamen final lo tiene usted. joseguedez@yahoo.com
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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