Luego de 14 años de gobierno “revolucionario”,
la relación entre la masa y el líder sigue siendo clientelar, como lo advirtió
el padre del ministro Izarra en un foro en la Asamblea Nacional
hace un mes. Y esto es así gracias a la necesidad que es la premisa
indispensable para mantener una relación de dependencia con el gobierno de
turno. Por eso es que el gobierno no ha resuelto estructuralmente ningún
problema en el país, y se limita a “distribuir” el dinero del petróleo de forma
selectiva a cambio de militancia política o lealtad partidista. El mensaje es
claro, sólo Chávez te puede resolver tú problema, así que anótate aquí. Se
trata de la copia de una de las ficciones del capitalismo más salvaje, la
cultura de la lotería, que en este caso denominaremos “el Kino Chávez”.
Las loterías consisten en vender esperanza,
beneficiando a una sola persona para sacarle provecho a todo el colectivo que
está dispuesto a comprar su probabilidad, por más pequeña que sea. Cada semana,
se muestra públicamente al ganador que de la noche a la mañana se convierte en
millonario, para mantener viva la esperanza en el resto de los aspirantes que
periódicamente compran su pedacito de “por sí acaso”. Es el mejor negocio del
mundo que se resume así: le saco plata del bolsillo a millones, beneficio a
unos pocos, y me quedo con la gran parte. Esa filosofía describe perfectamente
el sustento clientelar del chavismo en Venezuela, luego de que el Presidente
secuestrara la renta petrolera con Fondos paralelos que usa a su total
discreción para vender cada semana su “Kino Chávez”.
En este caso, la compra del boleto de lotería
es el voto o la inscripción en el PSUV. Cada semana pasan en todos los medios a
los pocos ganadores que sacaron una casa o una pensión con el Kino Chávez,
manteniendo viva la esperanza a millones que siguen comprando el boleto pero
que no han tenido todavía la suerte ganar. Claro que, al igual que en los
casinos, hay muchas formas de ganar, ahí está el ejemplo de la seguidora número
3.000.000 de la cuenta de twitter de Chávez, que se ganó una casa en Margarita
coleándose a todos los refugiados que tienen años esperando. También hay
premios especiales a todos los que digan públicamente que le entregaron una
carta a Capriles y que luego la encontraron arrugada en el piso. Para estos
concursantes, el Kino Chávez ya dispuso importantes recompensas. Pero esta
lotería política es internacional y de éxito mundial; es ya larga la lista de
ganadores entre gobiernos extranjeros, partidos aliados y personalidades
mundiales.
Como toda lotería, el único requisito para
cobrar el premio es ponerse una franela de la lotería en cuestión y dejarse
filmar para la propaganda. Es exactamente el mismo esquema del Kino, Triple
Gordo, etc. Claro que la bondad mayor de este negocio es que lo que se está
repartiendo no es dinero propio, sino que es tan solo una parte del mismo
dinero que se le quita a la gente que compra el boleto. Es muy fácil, se le
quita a muchos, se le da a pocos y te quedas con el resto. Y lo mejor es que te
lo agradecen. En el caso del Kino Chávez, se reparte selectivamente el dinero
de todo el pueblo proveniente del petróleo que se vende en el mercado
internacional capitalista. Chávez fue muy inteligente, en vez de usar en estos
catorce años ese dinero público a favor de la población para construir
carreteras, mejorar el servicio eléctrico, construir viviendas masivamente,
universalizar la seguridad social, combatir el hampa o crear empleos estables;
prefirió copiar esta estafa capitalista para repartir el dinero ajeno de forma
selectiva y periódica, manteniendo a la gran masa con la esperanza de que algún
día le toque la suerte y siga comprando el boleto votando por el “benefactor”.
Lo interesante es darse cuenta de que el supuesto “socialismo revolucionario”
es más capitalista salvaje que nada y se basa en el “cochino dinero” utilizado
inescrupulosamente con tráfico de necesidades y compra de conciencias.
Ante esta triste realidad, Capriles propone
resolver estructuralmente los problemas para que la población tenga posibilidad
de surgir sin depender exclusivamente del gobierno de turno. Una cosa es la
solidaridad social para igualar las oportunidades en la población y otra muy
distinta es el clientelismo descarado para generar dependencia permanente y
controlar políticamente a la sociedad. Ya basta, el pueblo tiene década y media
comprando el “Kino Chávez” y sigue viviendo mal, mientras la cúpula gobernante
se enriquece y aburguesa. El dinero de nuestro petróleo es del pueblo y no del
Presidente, quien debe administrarlo en favor de todos los ciudadanos sin
proselitismo ni secuestro partidista. Ganemos todos esta vez, apostemos al
país, compremos el boleto del futuro, el progreso y la libertad.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
@chatoguedez
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