Más allá de las formas
legales y los procedimientos constitucionales, lo sucedido en Paraguay luce de
buenas a primera a un Golpe Parlamentario, sobretodo por la rapidez del juicio
político que de la noche a la mañana cambió al presidente del país. Pero no es
la primera vez que sucede esto en el mundo y siempre genera controversia. Para
citar casos similares de juicios políticos que derivan en destitución o
renuncia, podemos recordar desde Nixon en el mismo “imperio” hasta Carlos Andrés
Pérez en la misma “cuarta república”.
Nuestra posición al respecto
se suscribe a la opinión emitida ya por Capriles relativa a no estar de acuerdo
con los juicios políticos que pasen por encima de la voluntad popular. Quien
debe determinar la culpabilidad y responsabilidad de cualquier ciudadano,
incluyendo a un mandatario, es el poder judicial a través del debido proceso
consagrado en las leyes. Los congresos, asambleas o parlamentos, no deben
convertirse en tribunales políticos para sacar del camino a los representantes
legítimos del pueblo.
Pero así como no estamos de
acuerdo con eso en Paraguay, tampoco lo estamos en Venezuela, donde el Rey del
Golpismo Hugo Chávez utiliza su mayoría parlamentaria para desconocer la voluntad del pueblo soberano, ¿O
no? ¿Ya se les olvidó el juicio político express que le hicieron en la Asamblea a Manuel Rosales
luego de haber ganado la alcaldía de Maracaibo?¿O el que le están haciendo
ahora en estos momentos a Henri Falcón, entre otros mandatarios regionales y
locales electos por el pueblo? ¿Cómo llamar lo que le hizo nuestro parlamento a
Antonio Ledezma? ¿Es que acaso lo que es malo en Paraguay es bueno aquí en
nuestro país?
Nuestro Parlamento, bajo las
ordenes del golpista Chávez, se ha dado incluso un Golpe a sí mismo, cuando
luego de haber perdido la legitimidad por elección popular, aprobó una ley
habilitante para trasladar la competencia legislativa al Ejecutivo Nacional,
burlando así la voluntad soberana del pueblo que mayoritariamente votó en
contra de los diputados del Gobierno en 2010. Si alguien sabe de golpes es
Chávez, quien no sólo lo ha intentado dar por las armas a través del alzamiento
militar, sino que ahora como Presidente lo sigue haciendo a través de la Asamblea Nacional
para desconocer la voluntad popular en el caso de gobernaciones y alcaldías.
Pero lo más insólito de
Chávez en relación con el caso de Paraguay y las evidentes contradicciones de
su posición, tiene que ver con el caso de Cuba. Para Chávez Feredico Franco es
un dictador porque nadie lo eligió, pero Fidel y Raúl Castro son el culmine de
la democracia. ¿Quién eligió a Raúl Castro? Ahí sí hay autodeterminación de los
pueblos y la constitución comunista cubana no puede ser criticada. ¿Cómo puede
criticarse a la OEA
por excluir a la dictadura cubana y promover ahora la exclusión de Paraguay de la Unasur y Mercosur? ¿Cómo
puede condenarse el bloqueo gringo a Cuba y suspendérsele el envío de petróleo
a Paraguay? ¿Cómo puede apoyarse el genocidio del gobierno de Siria y
denunciarse ahora una represión en Paraguay? Chávez es un hipócrita que basa su
política exterior en el criterio personal de amigos y enemigos sin importarle
realmente la democracia de ningún país ni el bienestar de ningún pueblo. Es el
padre del golpismo que se horroriza con una destitución institucional mientras
recibe con honores a sus panas Ahmadineyad y Lukachenco.
Es tan cínico que reclama la libertad de expresión de los medios paraguayos
mientras cierra canales en su país y calla con la ausencia absoluta de libertad
de prensa en Cuba. Como dijo una vez María Corina, actúa como un autentico
patán.
Menos
mal que el candidato del cambio y próximo presidente fijó una posición
respetuosa y coherente, propia de quien siempre ha sido un demócrata convencido
y no un golpista convertido como Chávez. Federico Franco no tiene menos
legitimidad que Raúl Castro o Jackelin Farías, por ejemplo. Al menos en
Paraguay habrá elecciones el año que viene, pero ¿en Cuba cuando?
Nosotros
queremos para el continente democracia plena y verdadera, donde se respete la
voluntad popular, incluso en Venezuela donde actualmente se usa al parlamento
como tribunal político para destituir a los gobernantes electos por el pueblo.
No hay dictadores buenos y dictadores malos, o golpes buenos y golpes malos; la
democracia es una sola. Rescatémosla aquí y dejemos que Paraguay resuelva sus
propios problemas.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
Twitter:
@chatoguedez
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