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ANTES Y DESPUÉS


En 1988 el ministro de relaciones interiores de la época José Angel Ciliberto hizo entrega de 20 vehículos rústicos marca Jeep a la dependencia de la “Casa Militar”, los cuales fueron utilizados luego por militantes del partido de gobierno para la campaña presidencial. Este hecho se convirtió, gracias a la separación de poderes y libertad de prensa de la época, en un escándalo de corrupción que generó un largo juicio por peculado de uso. Por cierto, fue especialmente emblemática la entrevista que sobre el particular le hizo en esa época el diario El Nacional al ministro en cuestión, quien fue prácticamente acorralado por la acuciosa periodista Vinogradoff . Se trataba de un caso de trescientos mil dólares que fueron usados de la “partida secreta” presidencial para la compra de estos vehículos que no fueron utilizados para fines del gobierno sino por la estructura del partido, instancias que en esa época estaban bien delimitadas.

Veintitrés años después en el mismo país, vemos a un presidente con trece años continuos en el poder entregando en cadena nacional 1.632 vehículos rústicos a la militancia de su partido, sin que eso genere ninguna reacción institucional y sin que nadie se sorprenda. En la Venezuela de hoy la apertura de una investigación sobre cualquier hecho de corrupción por parte del gobierno es simplemente impensable. Ya no existe diferencia entre el gobierno y el partido, y el peculado de uso de los bienes públicos al servicio de una parcialidad política dejó de ser un delito para convertirse en una política de Estado. Ya no se trata de una “partida secreta” sino de un Fondo de excedentes petroleros que es más grande que todo el presupuesto del Estado y que maneja el presidente con total discreción sin ningún tipo de control. En palabras del propio Chávez el Fonden recibió 1.500 millones dólares solamente en el primer semestre de este año.

Pero, ¿Qué cambió en Venezuela para que pasáramos de escandalizarnos por el mal uso dado a 20 jeep a la indolencia total ante el saqueo descarado de nuestra riqueza petrolera, en tan solo dos décadas? Pasó que llegó Chávez al poder para destruir los conceptos básicos de la democracia y para imponer un modelo personalista y militarista. La separación de los poderes, la pluralidad y la alternabilidad democrática no son caprichos teóricos, sino garantías reales para evitar tragedias como la que estamos viviendo en la que resulta imposible combatir la corrupción descarada y el abuso de poder.

¿Dónde están los reales del excedente petrolero de la última década en la que el precio de nuestro crudo ha cotizado muy por encima de lo presupuestado por el gobierno? No están en carreteras o autopistas, no están en viviendas para el pueblo, no están los servicios públicos como agua y luz, no están en los hospitales ni en las escuelas públicas, no están planes de seguridad nacional, no están en ninguna de las áreas que son responsabilidad exclusiva del gobierno nacional. ¿Dónde están los reales de las obras paralizadas y de las empresas estatizadas que están quebradas? Lamentablemente hoy no hay instituciones que se atrevan a averiguarlo.

No cabe duda que todos los excesos y males del bipartidimos del pasado han sido hartamente superados por esta etapa militarista y totalitaria que ha acabado con la institucionalidad democrática. Hoy, una cúpula podrida militar saquea impunemente la riqueza del pueblo venezolano. PDVSA ha quedado reducida a un botín de guerra a ser repartido por estos ex golpistas que hoy ostentan el poder. Los casos de Antonini Wilson, Arné Chacón y Walid Mackle son tan solo la punta del iceberg.

Estamos en presencia de la corrupción más descarada de nuestra historia republicana y del secuestro institucional más atroz. Estamos obligados a generar el cambio político necesario para rescatar al país y reconstruir sus instituciones democráticas. El camino es claro, primarias, tarjeta única y victoria popular contundente.

JOSÉ IGNACIO GUEDEZ

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