La defensa a ultranza al dictador sanguinario Muamar Al Gadafi que ha asumido nuestro gobierno y la incomodidad evidenciada en el comunicado de la cancillería sobre la muerte de Bin Laden, deben llamar a la reflexión a todo el pueblo venezolano que seguramente no debe sentirse representado por estas muestras de solidaridad y compasión con el terrorismo internacional y la tiranía opresora.
Lo primero que debemos recordar para colocar este tema en perspectiva es la veneración oficial que este gobierno ha estimulado, a todo nivel incluyendo las escuelas, de la figura y ejemplo de un guerrillero asesino (y extranjero) como el “Che• Guevara. Igualmente ha hecho un esfuerzo en reivindicar figuras guerreristas propias de nuestra historia como Ezequiel Zamora y “Maisanta” cuyos únicos meritos fueron matar venezolanos.
Pero esta concebida estrategia de tratar de legitimar la guerra y el terrorismo en nuestra sociedad no se queda allí. Chávez ha defendido y reivindicado públicamente nada menos que a Ilich Sánchez Ramírez, alias el Chacal, a quien ha exaltado con reconocimientos de “verdadero luchador revolucionario”. Por cierto, este tristemente afamado terrorista venezolano hoy preso en Francia, había expresado alegría por el atentado contra las “torres gemelas” de Nueva York y admiración por el recién ajusticiado terrorista Osama Bin Laden.
También es preciso recordar que Chávez fue el único presidente de occidente que legitimó con una visita oficial a Irak, el régimen sanguinario y genocida de Sadam Husein, antes de que estallara la guerra en ese país. Imposible olvidar tampoco el minuto de silencio ordenado por Chávez en cadena nacional para honrar la memoria del famoso guerrillero colombiano Raúl Reyes. Por eso nadie se sorprendió cuando meses más tarde Chávez permitiera que su partido instalara una estatua para rendirle culto y pleitesía nada menos que a Marulanda, quien en vida fuera el jefe supremo de las FARC.
Esta espeluznante reseña de hechos constatables pudieran conformar el perfecto currículo de un gobierno tiránico y guerrerista, que ya nos tiene acostumbrados a verlo del lado de asesinos de distinta índole y procedencia. Esto sin entrar a tratar el tema de las intimas relaciones con dictadores como los hermanos Castro, Ahmadineyad y Lukashenko, entre otros. Resulta casi imposible de creer que una persona que reivindique, exalte y defienda a personajes de tal calaña, no comparta sus prácticas que al menos verbalmente apoya y convalida. En todo caso no creo que el pueblo venezolano se arriesgue a averiguarlo. Estoy seguro que el pueblo de Bolívar seguirá estando del lado de la libertad, la democracia y la paz; y sabrá condenar con su voto la complicidad política de nuestro gobierno en relación con las dictaduras y grupos terroristas que tanto daño le hacen a los pueblos del mundo.
Sin embargo debemos comenzar a tomarnos con seriedad las posiciones de Chávez en cuanto a los criminales internacionales. Se trata de señales contundentes que dejan en evidencia el talante del gobierno y que deben servirnos para asumir el reto histórico de evitar que nuestro país viva un episodio catastrófico que lamentemos por generaciones. El Señor nos dice “ayúdate que yo te ayudaré”. No juguemos con fuego. Todavía hay tiempo de cambiar el rumbo.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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