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¡Viva Franklin!

Nadie puede ser acusado de politizar la muerte de Franklin Brito, ya que su muerte fue, por decisión propia, un hecho político que merece toda trascendencia, relevancia, pero sobretodo, interpretación. No hablar de Brito ahora, luego de que dio su vida por una causa vigente que nos incumbe, sería matarlo dos veces, sería despreciar su vida convertida sacrificio y legado. Por esta razón dedicamos estas líneas a Franklin, mártir de la libertad y la democracia, pero no como un homenaje que pudiera lucir tardío, sino como un necesario intento de descifrar el significado de su ejemplo
Lo primero que debemos decir es que Franklin Brito fue el primer venezolano en responder directamente el reto de Chávez verbalizado en el dilema “patria socialista o muerte”. Franklin prefirió la muerte antes que someterse a las arbitrariedades de un “socialismo” que desconoce derechos tan fundamentales como el de la propiedad individual. Luchó por sus derechos hasta el final con lo único que tenía, su dignidad y determinación. Y no se trató de un “latifundista oligarca burgués”, ni siquiera de un antichavista, sino simplemente de un honesto y apolítico productor del campo empeñado en seguir trabajando las tierras que ya poca gente quiere y puede poner a producir en esta Venezuela urbana. Esto debe servir de advertencia de que el militarismo y la injusticia no discriminan a la hora de llevarse por delante a cualquiera que se interponga en el camino de la arbitrariedad.
Ahora bien, no podemos dejar de responder una pregunta indispensable para entender en toda su expresión su legado, ¿Por qué Brito recurre al último recurso para defender un derecho? Sencillo y a la vez demoledor, la respuesta es que no hay justicia en Venezuela y los ciudadanos estamos totalmente indefensos ante los abusos del Estado. Ninguna institución del estado venezolano pudo darle respuesta a Franklin Brito y solo se pronunciaron al respecto luego de su muerte, pero no fue para hacer justicia sino para cobrarle post mortem su incomoda entereza, acusando a los familiares del productor de responsables de su muerte. El caso es que hasta tanto no se recupere la autonomía de los poderes públicos y haya justicia en Venezuela, todos somos unos Franklin Brito en potencia, y no habrá recursos para defender ningún derecho más allá de nuestra propia vida, que ya sabemos no vale nada ante la indolencia de un gobierno construido sobre cadáveres, desde el 4 de febrero de 1992 hasta el presente.
Pero lo más triste e inhumano es que tanto antes como después de la lamentable muerte de Franklin Brito, voceros del gobierno como Izarra, Mario Silva y Escarrá, se han dedicado a burlarse y calumniar indiscriminadamente a un compatriota cuyo único pecado fue hacer una huelga de hambre para defender un derecho humano y combatir el atropello oficial. Estos buitres han llegado a la incoherencia y contradicción de satanizar la huelga de hambre como mecanismo de lucha, olvidando que este recurso es propio de la izquierda legítima y de humanistas de la talla de Ghandi. Sin duda son fascistas disfrazados de socialistas, y es que el militarismo no tiene ideología.
Lo cierto es que pasamos de la etapa de los presos políticos a la de los muertos políticos, acercándonos cada vez más a la tragedia cubana. Lamentablemente nadie pudo hacer nada para salvarle la vida a Franklin Brito, pero en las manos de cada uno de nosotros está la posibilidad de que su muerte no sea en vano. Si Brito murió por la democracia, lo menos que podemos hacer nosotros es votar por ella. ¡Viva Franklin!

(twitter: @chatoguedez)




José Ignacio Guédez

1 comentario:

  1. Que viva Farnklin! es sin duda de tus mejores escritos. Demoledor pero con la delicadeza y presicion de un cirujano. Buen honor a su protagonista.

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