Este primero de mayo marchamos junto a los trabajadores de Polar que están amenazados por el capricho arbitrario de un caudillo militarista que insiste en acabar con todos los puestos de trabajos que todavía se atreven a generar dignamente empresarios venezolanos comprometidos con el progreso del país. Pero este caso, aunque emblemático, no es el único, al contrario, ya forma parte de la cotidianidad criolla las expropiaciones ilegales que llevan consigo desempleo, inflación, escasez y pobreza. De hecho, cual profecía, ya se cumplió lo advertido por nosotros en aquella cuña censurada por el régimen sobre las carnicerías, quedando demostrado que no se trata de una persecución a una “oligarquía” sino a todos los venezolanos que pretendan progresar con su propio esfuerzo. El caso es que en este país se criminaliza el trabajo y se persigue a quienes lo ejercen, mientras que la delincuencia hace de las suyas a sus anchas impunemente. Ya hemos visto a nuestros militares cerrar negocios y detener trabajadores como no lo hacen con los malandros y corruptos que pululan.
Lo cierto es que este año los trabajadores venezolanos no tenemos nada que celebrar, al contrario, a principio de año nos robaron la mitad de nuestros ingresos con una devaluación descomunal de la moneda, la cual ha generado una inflación galopante y una escasez insólita. Luego vino la crisis eléctrica y el atroz racionamiento que paraliza la economía producto de la falta de planificación e inversión en el sector por parte del ya viejo gobierno. En medio de esta tragedia, los trabajadores han tenido que lidiar con intempestivos decretos que declaran ilegal el trabajo en días determinados sin sentido ninguno. Pero nada de lo anterior es casualidad, se trata de ir quebrando al país y de destruir poco a poco el aparato económico que ellos llaman capitalista para sustituirlo por un estatismo feroz donde todos dependamos del dinero del petróleo que maneja Chávez cual si fuera su cuenta personal. Es un plan elaborado para consolidar una tiranía petrolera y someter a todo un pueblo bajo la bota militar de quien acaba de confesar en Brasil que en Venezuela “no está planteada su sucesión”.
Por esto es que es vital rescatar la Asamblea Nacional, para reivindicar los derechos como el del trabajo, la libre empresa y el progreso en libertad, los cuales están siendo desconocidos por el régimen militar a pesar de estar consagrados en la constitución y de haber sido ratificados por el pueblo cuando rechazó la reforma comunista en 2007. Además vamos a legislar en nombre, de verdad, de la clase trabajadora, creando un sistema de seguridad social digno y universal como fue el espíritu constituyente, al tiempo que crearemos leyes para estimular el empleo. Esa sí era la revolución bonita que el pueblo esperaba, no este comunismo militarista trasnochado que solo genera miseria y violencia, sino la del bienestar social donde los trabajadores tengan empleos estables y bien remunerados, amparados por un sistema de seguridad social que traduzca la riqueza petrolera en salud, educación, vivienda, pensiones y servicios públicos. Es por esto que este año celebraremos el día del trabajador, no el primero de mayo como es costumbre, sino el próximo 26 de septiembre cuando rescatemos la Asamblea Nacional para ponerla al servicio del pueblo y, sobretodo, de los trabajadores.
JOSÉ IGNACIO GUEDEZ
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